comparte





explora

autores

entrevistas

contacta

e-mail

Twitter

Facebook

 

Entrevista a Santiago Valenzuela

Por Borja Crespo (*)

 

Portada de 'Plaza Elíptica'
(Edicions de Ponent)

Lleva mucho tiempo enfrentándose a la página en blanco. Como muchos talentos del cómic, inició su andadura autoeditándose sus propios tebeos y a día de hoy puede presumir de haber creado a un personaje emblemático, el Capitán Torrezno, aplaudido por numerosos seguidores. Santiago Valenzuela (San Sebastián, 1972), afincado en Madrid, no se esperaba recibir un galardón tan llamativo como el Premio Nacional de Cómic, pero su obra lo merece, a tenor de la algarabía que ha suscitado la concesión del galardón entre crítica y público. De trayectoria laboriosa, Las Aventuras del Capitán Torrezno ya llevan siete volúmenes. El último, Plaza Elíptica, le ha dado el subidón. Estará en el próximo Salón del Cómic de Getxo firmando ejemplares de su sugestiva obra, marcada abiertamente por la literatura.

Pregunta inevitable, ¿te esperabas el premio?
Ni remotamente. No sabía que se fallaba ahora y sobre todo ni se me pasaba por la cabeza que un libro como el mío entrara en las cábalas, por el tipo de historia, por ser parte de una serie…

¿Cómo lo estás viviendo?
Con bastante agitación. Dos días seguidos colgado del teléfono, entrevistas en cadena. Todavía no lo he asimilado mucho, no digamos empezar a disfrutarlo.

¿Era necesario un premio de estas características para que el medio cobrase fuerza?
Creo que ha sido una cosa convergente. El premio le ha dado una especie de respetabilidad institucional que ayuda, pues hay quien se fija en esas cosas, pero no habría servido de nada si no hubiera un impulso previo y paralelo de creación de lectores.

Dicen que el cómic vive un momento dulce... Hasta cansa el comentario.
Bueno, vive un momento dulce pero sólo en comparación con los tiempos terribles que hemos pasado hace nada, cuando publicar era milagro y vender era colocar 500 ejemplares. Comparado con eso todo es mejorar, pero es pronto para decir si se consolidará este crecimiento. Todo depende de crear lectores, no hay más tu tía. Por el momento estamos todavía a años luz de lo que pasa en el ámbito franco-belga o en Japón.

¿Se puede vivir de las viñetas?
Parece que se puede, sólo se han dado casos contadísimos, pero ya es algo asombroso, dentro del panorama del que veníamos que sólo ofrecía tres alternativas: ser Ibáñez, emigrar o trabajar en El Jueves. Yo no vivo de mi trabajo y por ahora ni me lo planteo, pero al menos no es una imposibilidad absoluta como era hace nada. 

Ahora los tebeos también se venden en librerías no-especializadas.
Es un camino entre otros para que la cosa despegue, aunque supongo que la parte del león de las ventas se concentrará cada vez más en grandes superficies. Todo esto va a dar un vuelco con el tema de la lectura en aparatos electrónicos, el libro digital y eso. Por ahora avanza muy despacio, pero en un momento dado explotará, no me cabe duda. Y habrá que ver qué pasa, los precedentes en el mundo de la música y el cine desde luego no son halagüeños.

¿Un galardón así te da alas?
Hombre, todo reconocimiento se agradece, y más si es algo que te llega de forma inesperada como es el caso, sin que haya de por medio complots ni intereses económicos o promocionales. Pero bueno, en un oficio tan absurdo como este tienes que tener una confianza bastante fuerte en lo que haces, desde el principio, porque incentivos y recompensas no los hay apenas. Y esto sí es un incentivo y una recompensa. Más que el dinero, desde luego, lo que se agradece es digamos la solidaridad de la gente del medio, el ver que tanta gente se alegra sinceramente, eso supongo que significa algo. A quien le tiene que dar alas es al personaje, a la serie, y ese ya es un asunto editorial.

¿Quién es el Capitán Torrezno?
Un tipo que pasaba por ahí, esa es su condición existencial. No tiene caracteres trágicos, no es un héroe ni por asomo, lo cual quizá lo hace tolerable, pero tampoco tiene nada de antihéroe en un sentido romántico. Y tampoco es un prototipo de mediocridad, para eso ya tenemos a todos los rostros populares de la tele y a todas las celebridades de cualquier orden. No hace profesión de normalidad, lo cual sería igual de ridículo que hacer alarde de anormalidad -lo más habitual últimamente es presumir de subnormalidad-, pero tiene cierto sentido común y simpatía natural. Es alguien con quien se puede compartir un vagón de tren, por ejemplo, algo tan simple y que, sin embargo, parece cada vez más difícil, dado el nivel de locura colectiva y de sandez histérica.

Aparte, es una excusa narrativa, una especie de superconductor eléctrico alrededor del cual construir la trama.
Sí, es lo que me interesa, aunque a veces me detenga en él como personaje porque me da la posibilidad de ofrecer contrastes entre su mundo de tascuchas y de televisores en lo alto ofreciendo un partido de liga eterno con el entorno extraño en el que ha caído, con sus cismas religiosos y sus intrigas palaciegas.

¿Cómo definirías sus aventuras?
Como aventuras bastante clásicas ofrecidas desde una perspectiva diferente. Es decir, como un relato de evasión que no se evade, o como un realismo que no retrata, una mezcla entre estos dos mundos, donde lo sublime alterna con lo pedestre y lo épico siempre acaba siendo cómico. Pero esto es el abc de toda la literatura moderna, sin ir más lejos.

Sus correrías tienen lugar en una especie de mundo alternativo que no es tal.
Él cree, en su despiste, que ha viajado al futuro, a una especie de planeta Tierra postnuclear o algo así, que tras el desastre ha retrocedido a un atraso tipo edad de bronce, pero se equivoca. El sitio a donde ha ido a parar pertenece al aquí y al ahora, es una especie de mundo en miniatura ideado por un viejo funcionario hastiado, que juega irresponsablemente en el sótano de su casa con réplicas en miniatura de la realidad, de la Historia y la Geografía, y al que en medio de una noche de desconcierto etílico da de pronto vida el dios de las tabernas, un borracho ubicuo que recorre el Madrid nocturno ofreciendo cumplir sus deseos a los desesperados que le invitan a unas rondas.

¡Ese sótano existe!
Está en el número 33 de la calle Valverde, cerca de la Gran Vía de Madrid, y a juzgar por lo que llegué a ver de él no descarto que también exista el micromundo. Igual se podían montar unas visitas guiadas para los fans.

 
"Para atraer a un neófito al universo del Torrezno le diría que el relato está construido de forma exigente, que engancha y atrapa y además no deja de crecer. Y la historia creo que tiene una coherencia interna que no es frecuente ver. Y unas implicaciones filosóficas de aúpa."

¿Cómo recomendarías tus historias a un profano?
Son un poco difíciles de vender. Igual le tenía que haber puesto otro nombre al personaje, porque a la gente le sugiere costumbrismo y chocarrería, cosas que a mí me son bastante ajenas. Y luego están los que ven el entorno fantástico y piensan inmediatamente en universos autorreferenciales y bastante autocomplacientes como los de Tolkien, las fantasías de hadas y cachas con collares, réplicas del mundo con fines más o menos masturbatorios, y eso también me es ajeno. Las historias del torrezno no ocurren en un tiempo y lugar míticos, o "más grandes que la vida", y personalmente me parece que quien busque en el pasado o en la fantasía todo ese tipo de "sensaciones fuertes" anda muy despistado y debería salir más de casa. Para atraer a un neófito al universo del Torrezno le diría que el relato está construido de forma exigente, que engancha y atrapa y además no deja de crecer. Y la historia creo que tiene una coherencia interna que no es frecuente ver. Y unas implicaciones filosóficas de aúpa.
  
¿De dónde tomas las ideas para tus historietas?
De cosas que he leído y sigo leyendo, y también del puro azar. Igual que en la literatura a veces una frase, incluso un adjetivo, pueden desencadenar de pronto toda una serie de giros argumentales y estructurales, en el cómic pasa lo mismo, sólo que aquí no sólo con las palabras, el texto del guión, sino también con el dibujo. Y como en el Torrezno el dibujo es bastante libre en cuanto a los temas, que no en la ejecución, muchas cosas surgen de pronto por sí solas, una cremallera se convierte en la entrada a unas grutas y al mismo tiempo en una boca y por tanto en un rostro, etc. Pero el granero fundamental ya digo que es la literatura, sobre todo la fantástica, algunos tebeos que leí cuando era más joven, alguna película también con la que tengo alguna atadura infantil como las de la serie de Star Wars, ese tipo de cosas.

¿De todas formas procuras que todo ligue?
Efectivamente, como una buena salsa en el conglomerado del universo propio de la historia, y además como tengo bastante buena memoria, para bien y para mal, enseguida encuentro ramificaciones y paralelos en las cosas de las que me acuerdo o que me sugiere la trama. Por ejemplo, al final de Plaza elíptica aparece una especie de Dios del Muro, una divinidad a la que adoran los liliputienses que viven debajo y que no es en el fondo sino un desconchón, un cuarteamiento del cemento por una fuga de agua, y a partir de eso en el siguiente tomo he metido una coña u homenaje a un episodio de El testimonio de Yarfoz, de Ferlosio, pero luego también me di cuenta que era un homenaje a un cuento de Hawthorne que se llama El gran rostro de piedra y que trata exactamente de eso, de una montaña que por casualidades geológicas tiene forma de cara y de cómo influye en los que habitan cerca. Bueno, homenaje involuntario porque en realidad ese cuento lo he leído hace nada, y los dibujos del rostro en el muro más antiguos salen ya en el primer tomo. Pero así funciona todo, por confluencia y por casualidad. Exactamente igual que como funciona la realidad, que también surge por influencia e imitación, porque ese cuento de Hawthorne es anterior a la ocurrencia yanqui de plantar los caretos de los presidentes en el monte ese famoso.

¿Cómo es tu proceso de trabajo? Desde la idea al trabajo final, pasando por el contacto con la editorial y demás. Tú estilo es barroco con la línea, tardarás lo tuyo.
Tardo muchísimo, mucho más de lo que debería, y es algo que en algún momento me tengo que plantear, cómo liberar de barroquismo y de detalle algunas escenas para poder dedicarme más a otras, aprender en general a no obsesionarse con el acabado salvo cuando de verdad hace falta. Del proceso de trabajo casi que te ahorro los detalles porque sólo de contarlo ya me deprimo, tan harto estoy. Lo del cómic parece muy cachondo en la fase de planear y proyectar a lo loco, pero luego es una tortura china, el coñazo supremo.

¿Influencias a nivel gráfico? No solo cómic...
Supongo que miles, pero no soy muy consciente de ellas, y tampoco es algo que me quite el sueño, rara vez me ha entrado un tebeo por los ojos, o sí, pero por las cosas que veía dibujadas, no por un grafismo o una gestualidad concreta, que son cosas que me parecen un poco fuera de lugar en un medio fundamentalmente narrativo, aunque ahí estaré barriendo para casa y acomodando la cuestión a mis propias limitaciones, sin duda. Cuando empecé la cosa iba por el lado del underground, pero me temo que se debía más a mi impericia que a una elección consciente. En el fondo siempre he tendido a un cosa más limpia, un estilo más de escuela franco-belga, que es lo que pide la temática aventurera, pero como no me da la mano al final me he quedado a medio camino. Es lo que hay.

¿De otros medios?
He crecido con la tele, como todo el mundo, y por tanto con el cine. Algunos me dicen que mis historias son muy movidas y cinematográficas, pero no sé si tienen razón. El ciberpunk y el steampunk y esas cosas no sé ni lo que son. 

¿La realidad supera a menudo a la ficción?
No creo que haya ninguna diferencia. La ficción es siempre una emanación de la realidad, su refrito o su destilación, su espejo o su reverso pero siempre dependiente de ella, y por eso es inconcebible una obra absolutamente de evasión. En todas esas series tan malas sobre reyes y vikingos que abundan ahora lo primero que se reconoce es la mentalidad de sus guionistas y productores, no el mundo como sería en la época de los Tudor o en la antigua Roma, del que apenas sabemos nada.

Y estas distinciones son más absurdas en el cómic que en ningún otro medio popular.
Claro, ya que aquí incluso lo supuestamente real aparece mediado, incluso alguien que quiera hacer unos decorados fotográficos y una ambientación digamos fidedigna tiene que dibujarlos, lo cual ya es una distorsión importante. Y el medio acaba sorbiéndote, de algún modo te exige que juegues con sus posibilidades y las aproveches. Basta pensar en una obra como El arte de volar, que ganó el premio nacional el año pasado. ¿Es un trabajo de intención realista, por el trasfondo histórico e incluso biográfico? Pues no, evidentemente es otra cosa, es una exploración de la realidad con los medios del cómic, su meta puede ser la realidad -entre otras cosas, y desde luego una realidad profunda, no documental- pero el camino por el que llega a ella es múltiple y diverso, implica los sueños, las imágenes simbólicas, la constante distorsión caricaturesca, y, entre otras cosas, sí, también la documentación rigurosa. Y todas esas cosas, el aguilucho franquista comiéndose los ojos del protagonista y el topo que le roe las entrañas, la máquina de coser que vuela por los aires, todos esos caminos a seguir que permite el cómic, vienen ligados e igualados por el dibujo, que es el que da la coherencia necesaria y lo funde todo. El cómic tiende a la realidad, pero llega a esa realidad por los caminos de la ficción, es decir la imaginación, la distorsión, la asociación.

¿A quién te gustaría parecerte como autor?
A Fred, el autor de Philemon. O a Moebius. O a Gallardo.

¿A qué tipo de público crees que puede gustar tu obra especialmente?
A gente con sentido del humor, fundamentalmente. Con un fino sentido del humor, como se decía antes.

¿Qué recuerdas de la primera vez que decidiste ser dibujante?
No recuerdo ni de lejos ese momento de decidir ser dibujante, no creo que se diera.

¿Qué recomendarías a un dibujante que está empezando?
Que trabaje de firme. Es el mismo consejo que darían Julio Iglesias y gente así, pero bueno. Se ve que el premio empieza a hacerme efecto.

Estarás en el Salón del Cómic de Getxo, ¿cómo vives este tipo de eventos?
Pues con algo de cansancio, la verdad, porque estás todo el día en danza, pero luego por la noche siempre se anima más la cosa, con la chispa de la vida, y está bien alternar con el gremio de vez en cuando.

¿Cómo te sientes al tener contacto con tus lectores? Firmando ejemplares, por ejemplo.
En general es agradable, ves que lo que haces tiene algún sentido y llega a la gente, no es que goce con ello pero tampoco se me hace pesado.

¿Preparas material nuevo?
Tengo un nuevo tomo del Torrezno casi a punto de salir. Será el más largo de la serie y creo que el más divertido.

----
(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo. También es autor del libro de microrelatos ilustrados Cortocuentos con dibujo de Chema García (Astiberri, 2009) y está ultimando un recopilatorio de historietas cortas titulado Te hiero para Dolmen Editorial.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. Se trata de la versión íntegra de la entrevista que se publicó parcialmente en el diario El Correo el 14 de noviembre de 2011. Página creada en noviembre de 2011.