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Entrevista a David López

Por Yexus.

 

Portadilla que abría esta entrevista en la revista U #26, donde se publicó originalmente
   

Zaragozano de adopción, veintisiete años. Una persistencia sistemática junto con la progresiva depuración de su grafismo y conceptos le han permitido destilar un universo propio, coherente y sólido, que resiste avatares personales o editoriales y con el que su autor convive de manera casi adictiva. Se trata de Espiral, serie con personajes poderosamente trazados cuyo tono intimista oscila con desparpajo entre el slice of life y la comedia de situación. Serie que durante cerca de seis años ha conocido todo tipo de soportes, el más reciente de los cuales es el álbum Polaroids editado por Planeta en 2002. Una obra que avanza con rumbo preciso y apenas interrumpido por aciertos como el monográfico Amarillo Enamorado, publicado por Dude. Su reciente debut en el mercado norteamericano ha producido un sesgo en la carrera del autor que aporta inesperadas expectativas.

Nota: La entrevista se publicó originalmente el año 2003 en la revista U #26, dentro de la sección "Portafolio". En dicha sección, las entrevistas se publicaban editadas de forma que solamente se incluían las respuestas del entrevistado, y se omitían las preguntas del entrevistador, para dar así todo el protagonismo al historietista. Que nadie se extrañe. Tras el texto de introducción, a continuación vienen las respuestas de López.

Nací en 1975 en Canarias pero mi familia ha terminado viviendo en Zaragoza por cuestiones de trabajo. Mis inicios como lector fueron como los de todo el mundo. Solía ir a la biblioteca de Santa Orosia, donde leía los Tintines y los Asterix y también me dejaba Spiderman algún amigo mio. Es aquello de que nunca tienes más de cuatro o cinco tebeos en casa pero entre unos y otros vas leyendo muchos, va naciendo la afición y solo es cuestión de tiempo que comiences a hacer tus propias historias.
     Estudié el bachillerato artístico en la Escuela de Arte de Zaragoza y a continuación un módulo de ilustración de tres años. No estudié Bellas Artes porque en Zaragoza no existía y porque realmente todo ese rollo de los "artistas" no me van mucho: prefiero ser dibujante que artista. Además, en aquel módulo aprendías fotografía y dibujo, manejabas ordenadores, era una cosa muy específica. Por no mencionar que conocías a gente que trabajaba de otras maneras, y en un entorno así se aprende mucho de muchas cosas.
     Hacia 1992 también contacté en Zaragoza con el Estudio Camaleón, un estudio de diseño gráfico que era casi una institución. Estaban allí Luis Royo, Isidro Ferrer, Manuel Estradera y Samuel Aznar y eran entonces los más punteros. Resultó que la madre de un amigo mío, que trabajaba en el Ayuntamiento, los conocía y me dijo que si me interesaría pasarme por allí. Y yo, claro, dije "pues vale, guay". Fui allí y al principio me fijaba más en lo que hacía Luis Royo pero con Isidro, Samuel o Manuel me fui interesando por otras cosas diferentes al tema de las portadas y la ilustración, que era lo que yo conocía, me fui interesando más por el diseño o por otras maneras de hacer las cosas, menos realistas y más personales. Lo más importante fue comprobar que sí se podía tener una forma de vida basada en este tipo de trabajo, ya que a mi, de familia obrera, la idea de trabajar haciendo dibujitos se me hacía un poco rara.
     Yo ya había hecho algunas historietas pero el primer cómic realmente largo, más pensado y, digamos, más adulto, lo hice como proyecto de fin de Módulo, en la Escuela de Arte en el noventa y seis. El proyecto consistía en dos tebeos de 32 páginas sobre el portero de un edificio con un vecindario muy raro, un portero que no hablaba. Se titulaba "Lucas: ver, oír y callar" y fue un poco una excusa para empezar a realizar historias cortas con un hilo argumental un poco más trabajado. Era algo muy primitivo pero yo estoy contento; de hecho, me pusieron una matrícula.

 

Portada de '451º' #7, con
portada de David López
(fuente)
   

En el 96 comencé a colaborar en el fanzine 451º, aunque ya había publicado algunos dibujos en "Sir Roger", un fanzine de rol de una Casa de Juventud de Zaragoza en el que resulta que, comentándolo a posteriori, todos los amigos habían participado también de una u otra forma. Por lo que casi pudo ser el germen de lo que fue después 451º.
     Me involucré bastante en este fanzine porque yo era muy entusiasta por aquel entonces y lo de tener un sitio donde poder publicar mis páginas, el tener un stand en el Salón del Cómic, conocer gente nueva y todas estas cosas me iba mucho; eso de la venta directa, de ir acosando a los transeúntes... Era muy divertido, algo totalmente recomendable. Publiqué muchas historietas en él porque dibujaba muy rápido, al menos en comparación con otros autores del fanzine, o quizá porque mi estilo era muy ligero pero el caso es que yo producía muchas más páginas. Así que cuando había que rellenar algo, pues tiraban de mis historias.
     El fanzine tenía una subvención del Ayuntamiento de Zaragoza y aquello estaba muy bien organizado, porque para que nos dieran esa subvención en cada número de alguna forma había que estar encima, ir a todas las reuniones y estar un poco metido en el ajo. Y dio la casualidad de que teníamos gente que estaba dispuesta a eso, teníamos gente para conseguir la publicidad... Teníamos gente para todo.

Yo comencé a publicar en el número 3 y antes de Espiral realicé dos historias paródicas protagonizadas ya por otras tantas mujeres. Creo que fue por influencia de Tank Girl, que por entonces se empezaba a publicar en El Víbora y a mi me dejó flipadísimo. El personaje más que el dibujo, aunque también éste me llegó mucho: el hecho de que fuera una chica fuerte, independiente y con personalidad. Pensé "Ah, mira, por aquí se puede tirar".
     Pero antes de comenzar Espiral nos fuimos a vivir otra vez a Dueñas, un pueblo de Palencia. Y después de estar toda la vida en Zaragoza aquello era un poco fuerte, y más a esa edad, cuando todavía no había cumplido los 21, porque te cambia la vida por completo. Yo quería seguir haciendo mis tebeos. Comencé una historia con chicas porque se me daba mejor dibujarlas, a modo de páginas de prueba para enviar a las editoriales. Pero aquello fue haciéndose más y más grande hasta que llegó un momento en el que me superó y pensé "no me queda más remedio que seguir haciendo historias de estas chicas". Porque era lo que me pedía el cuerpo y con lo que yo realmente veía que podía ir hacia alguna parte. Así que hacía unas cuantas historias cortas cada dos o tres semanas, las recopilaba, las fotocopiaba, las grapaba y las mandaba a todas las editoriales, a ver si en alguna sonaba la flauta.
     A mi siempre me han gustado las chicas de Claremont, que tenían personalidad y eran capaces de resolver sus propios problemas. Historias de superhéroes era lo que más leía yo entonces y me parecía que era más fácil escribir historias de superhéroes sobre una chica: siempre estaban en mayor peligro porque una mujer es menos fuerte que un hombre y ese peligro físico me interesaba. Alguien observó una vez que las chicas de los tebeos son normalmente personajes masculinos en cuerpos femeninos, que no tenían su propia personalidad. Y por eso me puse a ahondar un poco en ello.
     El fanzine 451º se cerró porque dejó de tener sentido. Ya empezábamos a publicar nuestras cosas, no siempre dónde querríamos, pero sí con mayor tranquilidad. Había por aquel entonces en el panorama nacional editoriales que te publicaban y el trabajo que supone llevar un fanzine, ese montón de cosas que había que hacer para sacarlo adelante, ya no nos era rentable. Yo comencé con La Cúpula y con Camaleón, Jesús Saiz y Fernando Blanco hacían sus pinitos en Planeta, otra gente había desistido ya del tebeo... Fue como cerrar un capítulo.

Entre 1997 y 1998 dibujé para el fanzine Garabato y para la revista Dueñas, que era la revista del pueblo de Palencia en el que vivía. Fue también fruto del aislamiento palentino, en cualquier oportunidad de hacer alguna paginita en algún sitio quieres hacerlo y te pones a ello. En Dueñas hacía una ilustración de portada y un par de páginas en el interior cada dos meses o algo así, lo que me permitía ir viendo mis trabajos publicados. En Garabato fue algo parecido; como el concepto de Espiral ya estaba pensado me apunté y salieron historias mías en un par de números. Después empecé con la mili, comencé con el Brut de La Cúpula y todo aquello quedó atrás.

 

Portadilla de 'Espúnik'
   

     Después del primer Espiral de Brut dibujé un número para Camaleón, por donde también pasaron Jesús Saiz y Fernando Blanco. Lo hice más por amistades que por méritos propios. Porque mientras hacíamos 451º fuimos haciendo contactos, consiguiendo que Camaleón imprimiera y distribuyera el fanzine. Con ello fuimos entablando amistad y entonces a Juan Carlos [Gómez] , que es un pedazo de pan y no sabe decir que no, le dije que si me sacaba un tebeo y no supo decirme que no. Hice así Espunik, un tebeo de 22 páginas. Tardé veintisiete días en hacerlo. El protagonista era un superhéroe, pero quería hacerlo a mi manera, tratando mis propios temas y no los de los superhéroes americanos, aunque acabó siendo un mal episodio de la Warner a base de persecuciones y trompazos. Se trataba de un chico que bebía de la fuente de Canaletas y recibía superpoderes. Y si bien hay algunas cosas de las que estoy contento tiene el gran problema de que fui demasiado eufórico, pensando en terminarlo enseguida en vez de pararme y plantearme de qué iba la historia, de intentar quitar y poner cosas o tratarlas con un poco más de calma. Y en aquella época quizás era lo que no tenía, igual me hacía veinte páginas al mes. Con lo que conseguí un envidiable remanente de páginas impublicables [risas].

Espiral está muy ligado a La Cúpula. La primera historia era la de una chica que llega a vivir a una ciudad, se monta una fiesta en el piso, la quiere echar el casero... La envié a un concurso de El Víbora y no lo gané. Pero seguía haciendo más y más y más páginas hasta que salieran bien. Hernán [Migoya] era prácticamente el único que respondía a los envíos y fue en parte una gran ayuda. Era una voz desde el mundo profesional que te iba alentando, aunque yo al principio no prestara mucha atención a lo que me decía. "Plantéatelo más...", "estás malgastando balas" era la expresión que utilizaba, "porque tienes que intentar que la historia vaya hacia alguna parte" y eso fue lo que más tardé en aprender. Pero todo fue de lo más natural: primero un pasito, luego otro pasito, luego otro... Lo que ocurre es que daba esos pasos muy rápido. Aunque básicamente creo que fue la historia de todo el mundo: haces tu fanzine de fotocopias, lo empiezas a enviar a editoriales, a alguien le gusta y te publica un tebeo.
     En principio yo quería continuar con la estructura que tenía el fanzine de fotocopias, de historias cortas en las que ocurría una pequeña anécdota como una instantánea costumbrista. Pero eso no llevaba a ningún sitio, por lo que decidí volver a empezar. Entonces ya empezaba a plantearme las cosas y aunque todavía hoy no consigo que las historias queden tan sólidas como a mi me gustaría creo que se han hecho muchos avances. Reescribí todo desde el principio. Antes de publicarse en La Cúpula igual había ya ciento cincuenta o doscientas páginas de Espiral dibujadas, que es una carga que está muy bien porque ya conoces a los personajes, lo que va a pasar y cómo tiene que pasar, aunque también había muchas cosas inconexas. Por eso decidí coger algunas de las más representativas y reescribirlas, como la primera, aquella que fue al concurso de El Víbora y no fue publicada. Pero hay otra historia que está únicamente redibujada sin cambiar una coma, porque me gustaba de aquella forma, solo que el dibujo ya había evolucionado y por una cuestión de continuidad quería volver a dibujarla.
     Desde luego, a nivel gráfico ha habido un paulatino proceso de síntesis. Aquello de las tramas rayadas en el número uno de Brut no me convenció pero me di cuenta de ello en la mitad, cuando ya es demasiado tarde, y tuve que terminarlo así. Yo soy más dibujante de línea que de mancha, y poco a poco tiendes más a liberarte, pierdes miedo a que las cosas queden todas blancas o todas negras, al horror vacui del principio. Por otra parte, durante los números tres y cuatro de Espiral estaba trabajando y quizás como fruto de la necesidad el dibujo tiende a ser algo más rápido y más sintético.

 

Portada de 'Espiral' #3
   

Nunca me trasladé a vivir a Barcelona como el personaje de Ana pero es algo que siempre me ha apetecido: es un sitio bonito, con un clima agradable, la gente es muy maja.... Por tanto, hay muchas proyecciones mías en los personajes, muchas inquietudes que tienes en la cabeza y no puedes evitar que aparezcan. Y lo de Barcelona es como lo de los pintores rupestres: si dibujas algo, capturas su alma.
Para crear un personaje primero pienso cómo quiero que sea. En el caso de Alicia, por ejemplo, es una chica muy guapa, muy loca, que lleva las tetas de silicona y va teñida de pelirroja. Haces una cáscara y luego vas madurándolo y añadiendo cosas que son puntualmente de algún amigo o amiga. Volviendo a Alicia, es de Gijón, como una amiga mía en la que me he basado para muchos aspectos de su carácter. Siempre es más fácil pensar "¿es alto o bajo? Pues es de alto como mi amigo Sergio", por ejemplo. Es decir, ya tienes una referencia. No tienes que esforzarte tanto, porque sabes que ante una situación determinada el personaje se comportará como alguien al que conoces.
     Aunque estén construidos como chicos o chicas, los personajes de Espiral son tipos universales. Está la cerebral, la visceral y el físico. Ana es la que más piensa las cosas, Alicia es muy de sentirlas en la piel y Jordi siempre se está moviendo o haciendo algo. Ello siempre da pie al lector a identificarse con uno de los tres.
A la hora de los diálogos, cuando los personajes hablan en una escena, sencillamente tienes que tener claro en la cabeza lo que deben decir: desde donde parten y a donde tienen que llegar. Y el resto, habiendo tantas páginas para conocer a los personajes, es solo dejarles vivir y que se vayan definiendo ellos solos. Cada uno habla un poco a su manera: Alicia es más loca, Jordi es conciso y Ana divaga mucho más. Todo ello es consecuencia de que los personajes tengan tanto bagaje. A la hora de escribirlos tengo claro quién es cada uno y qué es lo que va a decir en su escena, todo es más intuitivo que otra cosa.
     ¿Cómo encaja el futbol en esta serie? No hay más que ver los telediarios en televisión: dedican veinte minutos a las noticias y otros veinte al deporte, y de esos veinte, diecisiete son de futbol. Hay un gran interés por el futbol. Y quizás eso sea lo exagerado, que se dedique tanto interés a ese tema, pero el futbol es un deporte genial. Y en Espiral aparece como una especie de nexo con el mundo real. Si tienes un superhéroe que es de Barcelona, como Jordi, sería muy divertido que llevara una camiseta del Barça; al fin y al cabo, es el protector de la ciudad y este es su equipo más representativo. Es decir, se trata de dar credibilidad a la historia con pequeños detalles. Supongo que Jordi representa los aspectos masculinos en la serie porque es un poco cafre, es muy fuerte, le gusta el futbol... Realmente actúa de contrapunto. Porque no puedes ver cómo de romántica es una chica si no tienes un chico que sea un cafre delante suyo, no puedes ver que ella sea sensible si el otro no es un patato...
     La música también es un aspecto importante. He hecho ya mil pruebas intentando encajarla: hay alguna letra de un bolero, en Polaroids hay algún número musical, Alicia es cantante... Cuando empecé a planteármelo se había estrenado una película francesa cuyo título no recuerdo en la que todos los diálogos eran letras de canciones populares. Esto es de gran ayuda porque con solo mencionar una canción que conozca todo el mundo puedes transmitir mucho más que si contaras lo que estás sintiendo. Es una especie de identificación y además también me gusta utilizarlo para marcar el "signo de los tiempos", es decir, estamos en una determinada época porque se escucha tecno o porque vuelven a oírse los boleros. Y también la utilizo para romper una escena dramática, en algún punto en que para continuar podrías salir de una manera muy farragosa o bien podrías romper el ritmo metiendo una canción.
     La serie de Brut se cerró porque las ventas no eran suficientemente buenas. La decisión fue de la editorial pero yo siempre he intentando ser lo más consciente posible ya que esto, nos guste o no, es un negocio y nadie puede tener abierta una serie que no vende lo suficiente, es una pérdida de dinero que no es sana para la industria del cómic. La verdad es que en ese momento dije "A la mierda. Si no se vende, la dejo ahí en el limbo" pero al cabo del tiempo te pica el gusanillo y dices "bueno, voy a volver a escribirme unas paginitas". Y, de hecho, todas las navidades hago un tebeo navideño de Espiral. Creo que este año toca el sexto.

 

Portada de 'Amarillo Enamorado'
   

En el 2000 hice Amarillo Enamorado para Dude. Fue un momento en el que no tenía nada en mente y estaba disfrutándolo. Y me llama un día Parissi diciendo "oye, que si te apetece hacer una historia para "La Huella Futura". En principio era un proyecto precioso, seis autores en el año dos mil haciendo un número cada uno que tendría coherencia porque todos éramos un poco de la misma onda. Entonces fue cuando me dijo que tenía que ser de corte intimista. A mi no era lo que más me apetecía en aquel momento pero decidí volcar en él un montón de anécdotas que tenía y que quería contar. Es mi primer tebeo con una estructura más clara: empieza aquí, sigue de esta manera y termina allí.
     Fue hecho con prisas, lamentablemente, ya que por aquel entonces tenía muchísimo trabajo pero sí que estoy contento de la manera de llevarlo, porque aquello fue algo muy espontaneo; se me ocurrían cambios en el guión a medida que lo estaba haciendo, "me apetece hacer esto, pues venga, lo meto". Estaba muy acostumbrado a las 32 páginas del Brut y aquí eran diez páginas menos, lo ideal para contar una historia sencilla. No me quería complicar mucho con los personajes, no hacía falta un estudio profundo porque la historia trataba más sobre sus sentimientos. Era una historia sencilla de "chico conoce chica" solo que la manera de tratarla se basaba en anécdotas, tanto mías como de otras personas, en tener instantáneas de vida cotidiana pero tal como la vivimos. Es decir, no es gratuito que el chico esté jugando a la máquina de las pistolas, esa máquina existe en según que bares, es un anclaje con la realidad. Al final me gustó el resultado y estoy gratamente sorprendido con la reacción del público.
     A continuación hice tres tebeos de Fruthorman y Fruthorgirl con Fernando Blanco para una agencia de publicidad. Eran para el Gobierno de Aragón y unas cooperativas de agricultores, para concienciar al público infantil y juvenil de que había que comer frutas y verduras. Eran bastante horribles, hechos con muchas prisas y con todos los defectos que implica la publicidad, es decir, que estás pendiente de que te lo aprueben tres o cuatro personas y cada una de ellas te retoca un poco lo que has hecho. Además entré en el proyecto ya en la fase de realización, solo me dieron unos bocetos de página y a tirar millas.
     En aquel mismo verano, en el 2000, David Macho fue a San Diego y yo, muy a lo tonto y sin presión alguna, me hice un book para que se lo llevara. Y a la vuelta de su viaje me llamó muy sorprendido -porque en principio mi estilo no cuadraba demasiado con el de los americanos- diciendo que había gustado mucho y que igual conseguíamos algún trabajo. Y a partir de ahí, un encargo por aquí y otro por allá, y comenzó a funcionar la cosa con los yanquis.

 

Portada de 'Espiral: Polaroids'
   

Comencé a hacer Polaroids por mi cuenta y después se lo llevé a Alejandro Viturtia para que lo viera. Un día que estaba de visita en Planeta me dijeron que estaban abiertos a nuevos proyectos y como Alejandro ya se había leído mi guión, decidimos hacer el álbum.
     Cuando empecé a trabajar en él me sentía más seguro. Había hecho ya algún encargo para los yanquis y creo que sabía más cosas, había leído bastantes guiones de otra gente y el hecho de ver cómo trabajan los demás te hace planteártelo todo desde el principio. Me apetecía dibujar a las chicas y quería hacer una historia de 48 páginas o algo así pero Alejandro me dijo que si podía hacerla de noventa y seis. Aunque me he vuelto muy cuadriculado a la hora de trabajar, cambié algunas cosas, amplié el guión y me embarqué en el proyecto. Y pensé ¿cuanto tiempo voy a tardar en hacerlo? Tanto. ¿Cuanto me van a pagar? Tanto. ¿Me sale rentable? Si. Pues, venga, adelante. Además quería trabajar con Álvaro López, con el que ya había hecho una cosa en Marvel que nunca llegó a ver la luz, y además es un fan de Espiral desde el primer número.
     Fue algo muy bonito: tenía una idea que quería hacer y sabía cómo hacerla. Perdí el miedo a dibujar según que cosas, calles, sitios grandes, extras... Había pasado tiempo ya desde Amarillo Enamorado y las soluciones que vas aprendiendo te van sirviendo para todo. Fue algo más maduro porque yo era más maduro. Al final también colaboró Fernando Blanco porque no me daba tiempo, él es un buen amigo y me ofreció ayuda. Había terminado algo y tenía dos semanas antes de empezar con lo siguiente, por lo que hay unas once páginas entintadas por él. De hecho, elegí darle las dos escenas que me iban a presentar más problemas, que eran las del hospital de Santa Creu y San Pau. La verdad es que hay bastante de Fernando en esas páginas, porque le dejé cosas sin resolver del todo que él arregló perfectamente.
     No me fue tan difícil pasar del episodio corto al álbum de 96 páginas. Ya tenía 48 escritas, hasta que queda Don Cosme tendido en el salón de Ana; después, había que solucionar aquello en otras tantas páginas. Y fue cuestión de trabajo, suerte y de muchos amigos el conseguir que quedara como quedó. Si bien es la obra de la que estoy más satisfecho, empiezo ya a verle fallos. Y, como siempre, te planteas que el siguiente va a ser el bueno.

Aunque mi primer intento con Marvel no llegó a tener nombre, con la editora Bobbie Chase siempre nos referimos a ello como Nikki y June porque esas eran sus protagonistas. Álvaro y yo hicimos un total de quince páginas pero la serie no llegó a terminarse. Así funciona ese mercado. Produces las páginas, las pagan y si no están seguros no las publican. Bobbie Chase me dejó muy claro cual era su manera de hacer y qué era lo que querían, que la narrativa de los americanos es diferente a la europea, también los formatos, y que aquí los álbumes son autoconclusivos y allí las series siguen y siguen. Yo hice las ocho primeras páginas mientras ella estaba de vacaciones y cuando llegó me envió un e-mail diciendo "oye, para". Y después otro con una serie de correcciones, todas muy constructivas pero que significaban tener que repetirlas de nuevo. Me lo dejó muy claro, con muchos ejemplos sobre mi propio trabajo, las repetí y desde entonces no he vuelto a tener ningún problema con la narrativa del comic-book.
     En 2001 hice el número 9 de JLA Adventures. Surgió cuando mi agente, David Macho, me dijo que si me veía capaz de dibujar al estilo de Bruce Timm. Yo hice unas pruebas y contesté que adelante. Lo dibujé, lo entinté, el colorista hizo un trabajo fabuloso y estoy contento.
     Cuando terminé Polaroids y lo entregué, con fotocopias de las tintas me hice un book y me fui a Nueva York con mi agente a visitar editoriales. El contacto personal fue importante, parece que les gustó, todos empezaron a hacer fotocopias y Andy Helfer me llamó al poco tiempo proponiéndome tres números de Legends of the Dark Knight.
     Su manera de trabajar es cómoda porque yo estaba acostumbrado a encargarme de todo mientras que ellos te dicen "solo tienes que hacer el dibujo a lápiz" y te lo planteas de otra manera. Te ves dibujando a Batman, lo último que hubiera pensado yo nunca dibujar. Batman es todo un icono. Es algo que puedes decir a tu madre que estás haciendo porque lo va a conocer, mucho más fácil que decir "mamá, estoy dibujando a la Liga de la Justicia" [risas] . Es muy agradable trabajar en él porque hay grandes obras que te permiten conocer al personaje, hay mucha gente que ya ha jugado con esos negros de la capa y tienes mucho donde investigar. Desafortunadamente, las tintas de Dan Green no son las más apropiadas para mi estilo de dibujo y además hice los tres números de Legends en poco más de dos meses, a un ritmo endiablado de ocho páginas semanales y se notan un poco las prisas.
     Al estar en el mercado americano comienzas a buscar otras soluciones porque los resortes gráficos y el contenido de los guiones que hemos tenido hasta ahora eran los de toda la vida. Pero afortunadamente parece que hay un terremoto de talento en el que Mike Allred está dibujando X-Force, Grant Morrison está haciendo un trabajo muy adulto en New X-Men y, en general hay un interés por cambiar. Parece que se abren un poco, quieren que los autores tengan un estilo propio, y supongo que en este marco menos comercial encaja un poco mi manera de hacer las cosas. Es decir, menos comercial que el de los yanquis habituales.
Acostumbrado a escribir mis propias historias, con los guiones he tenido bastante suerte. El de Nikki y June estaba muy cercano a lo que yo hago: trataba de dos chicas que comparten piso en Nueva York. ¡Más a huevo no me lo podían poner! El guión de JLA Adventures era muy sencillo, nada novedoso pero perfectamente funcional. Y el de Legends era de Ostrander, creo que de sobra eficaz. Con él trabajé muy bien, te da exactamente lo que necesitas. Escribe "aquí nos acercamos a este personaje, que está furioso por esta razón...". Sabiendo el por qué de las acciones de los personajes es mucho más fácil dibujarlos.

Mi intención es seguir trabajando de momento con los americanos. Porque es una industria muy fuerte que te permite mucha tranquilidad económica pero que te permite también hacer cosas fantásticas. Dibujar Superman o La Patrulla X tiene que ser genial, porque es algo que no puedes hacer de otra manera: solo hay una Patrulla X, que es la de Marvel, y solo hay un Superman, que es el de DC. Y como plataforma también es muy útil, es una manera de que tu nombre salga en los papeles a la hora de darte a conocer en otras partes. Lo que no sé es cuanto durará. Y también me apetecería escribir mis propios guiones. Si lo pudiera hacer en el mercado americano, bien, pero si lo hago en el mercado francés, el español o el que sea, fantástico. Es más una cuestión de dónde poder encontrar el soporte para hacer mis cosas que del país que las va a publicar.
     Esto no quiere decir que vaya a abandonar mis historias más personales. De hecho, estoy escribiendo otro guión de Espiral y ya he comenzado a dibujarlo, esta vez a color. El seguir investigando y haciendo lo que me dé la gana es algo que no voy a dejar, al menos en principio. Y mientras tanto, Espiral sigue existiendo en internet, en la página www.webspiral.net , que interrelaciona y da cohesión a todo ese universo dibujado.

Texto de Yexus, cedido para Guía del cómic. Publicado originalmente en U nº 26 (abril/2003). Página creada en agosto de 2012.