comparte





explora

autores

entrevistas

contacta

e-mail

Twitter

Facebook

 

Entrevista a Daniel Torres

Por Yexus.

El valenciano Daniel Torres (1958) se convirtió durante los años ochenta y desde la revista Cairo en adalid del presunto resurgir de la “línea clara”. primero con Sir Opium, parodia de género como excusa para el ejercicio estético, y del 82 al 86 con los cuatro títulos de Roco Vargas, nostalgia gráfica y argumental filtrada por el diseño y la modernidad donde a la muy depurada línea se unía un color espectacular. En el proceso desarrolla sólidas virtudes como guionista, que confirma con El octavo día (1992 y 1996) y El ángel de Notre-Dame (1998), además de triunfar en la ilustración, la publicidad y el género infantil. la realización de El bosque oscuro, un nuevo álbum de Roco Vargas, devuelve la actualidad a uno de nuestros más imprescindibles autores.

¿Por qué has retomado a Roco Vargas? ¿ Por el éxito de la serie, por una oferta editorial o por un anhelo particular?
Un poco de las tres cosas. Haciendo un repaso de mi producción vi que quizás era el personaje más aceptado por el público. Y en mi comparecencia con los aficionados en los Salones también es el personaje por el que más me han preguntado durante todo este tiempo. Hay que recordar que hace 13 años que no trabajaba con él y ya estaba un poco mitificado. Por mí mismo, quiero decir. Eso, junto a una propuesta por parte de mi editor para pensar en retomarlo. Asi que hice una especie de encierro conmigo mismo hace unos dos años para estudiar la posibilidad; el tema me parecía incluso difícil, me releí todas las historias, toda la documentación que tenía, y la cosa fue surgiendo. Poco a poco la pasión necesaria para escribir y dibujar fue llenando lo que parecía un vacío... Y de ahí apareció el álbum.

¿El bosque oscuro abre un nuevo ciclo del personaje?

Esa es la intención. Lo que ocurre es que no estamos en los 80. Yo tengo notas para hacer otros dos álbumes, una trilogía, pero, ya digo, va a estar condicionado a cómo funcione éste. Se trata de hacer coediciones.

Por las características del álbum ¿está orientado básicamente hacia el mercado europeo?
Si. Mi trabajo está muy dirigido al mercado europeo, el americano no lo comprendo tanto. No es que esté cerrado para mi, he hecho algunas cosas puntuales pero nada muy extenso. Por ejemplo, de Roco Vargas se ha publicado allí el tomo recopilatorio; ha funcionado bien pero no deja de ser una anécdota en aquel mercado.

¿Esa publicación en Europa te permite afrontar la ya tópica crisis? ¿O es tu trabajo como ilustrador?

Pongamos que si llevo 20 años como profesional (que los cumpliré en el verano del dos mil), he dedicado la mitad de ese tiempo a la ilustración y la mitad a la historieta. Y de forma placentera, aunque últimamente me dedico más a la ilustración. Sin esa dedicación compartida veo difícil vivir solo del comic. Porque necesitas contar con un mercado muy amplio y muy fiel para que los royalties te permitan vivir con tranquilidad. Y además tampoco he conseguido -ni lo he buscado- acortar mis plazos de trabajo. Me sigue costando mucho [risas]. Este último álbum es novedoso para mi en su sistema de trabajo porque los anteriores, como se recordará, se prepublicaban en revistas, con lo que hacía entregas mensuales. Era otra forma de trabajar. Mientras que este han sido 46 páginas seguidas de guión, de dibujo, de tinta, de color... más el diseño del álbum, los bocetos, etcétera. Y he estado controlando el tiempo para ver si era rentable y creo que no: me sigue costando mucho. Tiene que funcionar luego muy bien en las ventas para que justifique esta inversión.

¿Cuanto has tardado?

Aunque lo he ido alternando con otros trabajos, no me equivoco mucho si calculo entre 6 a 8 meses. Es mucho tiempo.

¿Este álbum recupera un poco el despliegue de fantasía visual de los primeros títulos de la serie, frente al intimismo de los últimos?
Yo creo que es una mezcla. Gráficamente, he querido hacer una especie de vademécum de mi estilo y además de incidir mucho en su clasicismo también por otra parte “darle alas”. Es un poco complicado, es como hacer un clásico moderno. Y esa síntesis es lo que más me ha gustado y me ha costado encontrar. Teniendo en cuenta que los cuatro albumes de Roco Vargas son cada uno hijos de su tiempo y que precisamente lo bonito del tomo recopilatorio era ver esa evolución, porque es un trabajo que recuerda no solo a Daniel Torres sino a la época en que fue publicado. Y este de ahora, debiendo su naturaleza a los cuatro, es libre ya. Es otra cosa distinta. Los cuatro primeros son la plataforma y a partir de aquí el personaje sale volando. Al final de La estrella lejana se puede ver al protagonista diciendo “Mi nombre es Roco Vargas”. O sea que, al cabo de cuatro albumes, nos enteramos de que es Roco Vargas. Y precisamente el nuevo comienza con lo mismo; cuando aparece, lo primero que dice es: “Mi nombre es Roco Vargas”.

¿Vuelve la aventura pura y dura?

Si, si, yo quería hacer una historia más madura, menos ingenua que la que hacía en los 80, pero también sin excesivas profundidades. Hay acción, diversos personajes, escenarios distintos...Después de obras como El Octavo Día y El Ángel de Notre-Dame es un regreso a la tranquilidad [risas].

Por fin incorporas la informática a un universo de ciencia-ficción básicamente retro...
Más que decidirlo, se apoderó de mi. Al protagonista, el editor le encarga un relato y como se desplaza tiene que llevarse una máquina de escribir, por lo que surgió de pronto que no iba a ser una manual sino un ordenador. Además aparece un concepto importante, que se va a desarrollar en próximas historias, como es la inteligencia artificial, y que obviamente está más ligado a los ordenadores. Aunque esté tratado, al igual que todo en Roco Vargas, con un aspecto, como dices, un poco “retro”: todos los ordenadores son así como...muy aerodinámicos [risas]. 

El dibujo se acerca más al realismo de “El Ángel de Notre-Dame” ¿no?

Si, es una evolución. Ya no podía plantearme un dibujo a lo Tritón; está más cercano a La Estrella Lejana, obviamente. Pero he trabajado de una forma distinta. He hecho una especie de depuración o reflexión sobre todo aquello de la “línea clara” y lo primero que se puede comprobar es que están muy trabajadas las sombras.

¿Pero aquella estética no estaba un poco orientada hacia el comic-book?
El Ángel de Notre-Dame al principio fue un intento para hacer varios tomos en formato Prestige, no directamente para Estados Unidos aunque sí pensando en la posibilidad de incidir allí. Pero vimos que era todo muy forzado para mi método de trabajo, y al final hice una mezcla, un acuerdo conmigo mismo: ni una cosa ni otra. El tratamiento de la viñeta era un poco distinto del que realizo habitualmente. De hecho, en Roco Vargas es absolutamente clásico y es el que más me gusta: tres tiras por página y las viñetas siempre de la misma altura. Y El Ángel de Notre-Dame me dio más libertad, jugaba con las viñetas y con el tiempo, mezclándolo entre una y otra, al igual que los bocadillos. Quise hacer una lectura más dinámica. Y después de toda la reflexión que supone volver al personaje de Roco Vargas y un poco el shock que me provoca  -porque es como encontrarte con un viejo amante después de tantos años [risas]- lo importante era ver qué tratamiento gráfico y de lectura quería darle. Y entonces decidí volver a mi trabajo clásico y además incidir sobre él; acorazarlo, vamos: “esto es lo que soy yo”. Y si alguna vez hago otra cosa será por capricho, por investigación o por lo que sea. Pero este soy yo y siempre seré yo, y aquí está bastante claro.

El color también ha evolucionado ¿no? Se ha hecho complejo paralelamente al universo de los personajes...
Si. El color de esta historia está muy condicionado a la narración. En principio, yo pensaba que al utilizar tanta sombra negra y tanta valoración del volumen con el negro y el blanco iba a darle menos importancia pero al ponerme a trabajar me dí cuenta de que no, que tenía que pensarlo incluso mucho más. Está muy trabajado y espero que se note. O mejor, espero que no se note, como dicen de la música de las películas.

Al cabo de diecisiete años ¿qué queda de aquella linea clara que de algún modo te propulsó?
Yo creo que lo que queda es este Roco Vargas. Esto es la esencia de todo aquello. El aspecto que le he visto, una vez terminado, es como una síntesis de mi trabajo. Yo veo una historia muy muy clásica, con “C” mayúscula, con todos los sentidos que le quieras dar al término. Y he querido hacerla así.

En el recopilatorio de Roco Vargas se advierte que con el tiempo pasas del despliegue estético a la preocupación argumental ¿De alguna manera ese álbum sintetiza tu trayectoria?
Si. Creo que lo bueno de ese tomo es que muestra lo que puede avanzar un narrador desde sus comienzos bisoños a su madurez como profesional. Ahí puedes hacer una especie de tesis de cual es la preocupación del autor en cada momento. Por eso digo que el nuevo, dejando aparte el interregno de los demás libros, es un poco la síntesis de todo esto. Parte un poco desde cero.

Tras un ciclo tan perfectamente cerrado como fueron los cuatro albumes de Roco Vargas ¿hacia dónde puede evolucionar el personaje o la serie?
Yo le di muchas vueltas cuando terminé La estrella lejana. Aquel era otro momento, el año 86, y fue cuando comenzamos a hacer historias cortas. Quizá hubiera que haber esperado un año o dos y continuar con el personaje pero las cosas son así y ha tardado todo este tiempo en volver. Y ha vuelto distinto, evidentemente. Aunque con esta ironía que me caracteriza un poco, la acción transcurre unos meses después de finalizar la última escena de La estrella lejana. La historia transcurre en 1986. Con lo cual incido en esa especie de retruécano que me gusta hacer a mi con el tiempo y con la serie, o sea, historias del futuro en el pasado o en el presente. ¡Estoy contando el Vargas que ya pasó! Es el presente del pasado, luego estoy haciendo Historia, más que historias del personaje.

¿Por qué nunca has trabajado con un guionista?
Bueno, si hubiese vivido en Francia supongo que mi formación hubiera sido otra y habría trabajado más con guionistas. Pero aquí quizás haya sido un fallo nuestro; yo admito que en los comienzos queríamos hacer una historia tan personal, queríamos retratarnos allí, que nos era muy difícil confiar esa tarea a un guionista. Y además era el momento, aquí prácticamente no había nada...  Y con el tiempo me he dado cuento de que el guión me gusta mucho, hoy por hoy disfruto más que con el dibujo. El dibujo ya no me sorprende tanto y tengo que hacer invenciones para que me guste, para sentir la antigua pasión por él.

Y pregunta final obligada: ¿proyectos?     

Como dije, Roco Vargas queda a la espera de ver el resultado de este álbum. Y aparte de los encargos de ilustración habituales, sobre todo para revistas americanas, voy a empezar un nuevo libro de Tom, el tercero, Tom en Paris. Y parece que vamos a introducir a este personaje en el mundo de la animación; haremos un episodio piloto para intentar hacer una serie porque la propia Norma Editorial va a abrir una sección de animación para trabajar en coproducción. Estoy muy ilusionado.

Texto de Yexus, cedido para Guía del cómic. Publicado originalmente en Volumen Uno #9 (Under Cómic, diciembre de 1999). Página creada en mayo de 2010.