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Entrevista a Daniel Acuña

Por Yexus.

 

Portada de 'Anthem' #1 (Dude)
   

Quizá una de las propuestas menos previsibles del pasado año, Daniel Acuña es un dibujante murciano nacido en 1974 no sólo capaz de emocionarse con las viñetas, sino de intentar subsistir a base de su quehacer gráfico. Desarrolla un estilo clasicista y sólido, ajeno a impactantes estéticas al uso; e insiste con los atípicos personajes creados por Santiago Arcas, un payaso y un reptil humanoide, ubicuos y polivalentes, que protagonizan sus dos únicos monográficos: Claus y Simon en Hollywood para Brut y El lenguaje del cómic en Kaleidoscope, ambos publicados en 1998. Sin desechar la autoría completa, dibuja estos días nada menos que la última serie creada por Roy Thomas: Anthem, para la asturiana Dude.

No recuerdo cuándo comenzó a interesarme el cómic. Desde luego, antes de saber leer. Miraba los dibujos y luego descubrí que se podían leer y mejoraba la cosa [risas]. En mi casa siempre ha habido comics, mi padre coleccionaba ciencia-ficción y compraba, por ejemplo, el 1984. Y mi hermano mayor, comics de superhéroes. Recuerdo que había de Mortadelo y Filemón, pero yo prefería Asterix porque estaba más cuidado el dibujo y la ambientación. También SuperLópez. Claro, nunca tuve problemas en casa por leer historietas. Pero yo creo que mi padre me escondía las de "adultos", aunque yo las leía a escondidas cuando se iba.

Con Corben tuve contacto cuando era muy pequeño, y creo que me ha marcado un poco. También había series europeas como Casacas Azules y Yoko Tsuno, y yo ya comenzaba a copiarlos. Lo que más me atraía era el dibujo. Recuerdo ir al cine los domingos en mi pueblo y, cuando volvía de ver alguna película japonesa de aquellas de monstruos, ponerme en casa a dibujar como loco. Entonces no entendía bien el medio, pero lo retomé con catorce años, cuando empecé a comprarlos yo y a descubrirlo por mi cuenta. Sobre todo con Will Eisner, vi que era un medio con el que se podían hacer cosas muy interesantes y experimentar. Comencé a tomármelo muy en serio, a estudiarlo, como si fuera mi profesión.

Hubo un momento en que tenía muy claro que yo quería dedicarme a esto. Quizá porque no valía mucho para los estudios. Y no sabía si entrar en Bellas Artes o ir a Barcelona, a la Escuela Joso. Pero me dijeron que allí tampoco te formaban muy bien, y yo quería tener una preparación más artística, más amplia, no sólo de cómic. Claro que también se supone que en Bellas Artes me iban a enseñar a profundizar en el color y todo eso, pero en la práctica no fue así; enseñaban muchas cosas, pero no la técnica. Aprendes a entender el medio, la pintura, pero la técnica la aprendes por tu cuenta o con tus compañeros.

La facultad estaba en Valencia, y allí el cómic estaba muy bien considerado, ya que la generación de los profesores era la de Daniel Torres y venían de aquella época del boom valenciano. Mis profesores de pintura de Primero, por ejemplo, eran todos aficionados a la historieta. Incluso hicieron una encuesta al principio sobre nuestros pintores favoritos, y la mayoría de los que yo puse eran autores de cómic, por lo que luego comentaron que se alegraban de que se considerase a estos dibujantes entre los artistas. De Valencia es, por ejemplo, el Equipo Límite, que utiliza el cómic en sus cuadros como Lichtenstein, en plan pop, igual que hacía también un profesor que tenía yo. Incluso hay una asignatura llamada "Narración", que abarca cómic y vídeo entre otras cosas.

El lenguaje del cómic es un trabajo de Quinto, de "Teoría del Arte". El profesor que teníamos era un fanático del cine, prácticamente estudiábamos el arte desde el punto de vista cinematográfico. Y se trataba de hacer un trabajo libre sobre algo artístico para exponerlo en clase. Pero no queríamos exponerlo, sobre todo yo, así que, con un guión de mis compañeros José María López Lajarín y José Martí Parreño, hice una historieta que representara esa exposición. Se basó en Understanding Comics, de Scott McCloud, el profesor quedó superencantado y nos puso un sobresaliente.

Pero Claus y Simón habían nacido antes, en el número 2 de El Tío Saín. Su guionista siempre ha sido Santiago Arcas, aunque los utilizamos en este trabajo porque resultaban graciosos y son unos personajes que se adaptan a todo. También los usé para un curso de animación en una asignatura de Cuarto, la verdad es que los saqué partido durante toda la carrera. Y ahora que estoy haciendo el C. A. P., he hecho las prácticas en un Instituto y en la clase de cómic, en la asignatura de Plástica, también los he utilizado. ¡Así que me van a salvar de todo! [risas].

El culpable de estos personajes, su verdadero padrino, es Juan Álvarez, el creador de Los Mendrugos, que es de Murcia y lleva la revista El Tío Saín. Santi (Arcas) también es dibujante, y le llevamos una historia cada uno, pero ninguna le convenció; de la de Santi le gustaba el guión y de la mía el dibujo, así que nos dijo "pues haced algo juntos". Yo tenía una hoja con bocetos y, bueno, era la época de Parque Jurásico y a mí me dio por dibujar dinosaurios: siempre me habían gustado y lo tenía perfecto para aprender, con todas las fotos que había por ahí. También había dibujado un payaso, y en una viñeta estaban los dos juntos, Juan lo vio y dijo que funcionaban como personajes, por lo que nos propuso hacer una historia con ellos. La primera que apareció se titulaba Mister Tragón.

Hay dos historias de Claus y Simon previas al Brut, de Santi y mías, publicadas en El Tío Saín. También hay otras dos (de dos páginas) hechas por mí solo, y Santi creo que tiene alguna página dibujada por él, todas sin publicar.

Poco más he publicado en fanzines, aparte de estos dos personajes. Lo que apareció en La Comictiva fue un desastre porque la reproducción y la rotulación fueron muy malas. Era un cuento de un amigo y de la adaptación tampoco me siento muy orgulloso. También, el año pasado Santi y yo quedamos finalistas en el concurso de Comics Bárbaros de Planeta-DeAgostini, del que al final no se sabe nada ni se ha publicado a nadie. Los ganadores resultó que lo habían copiado, sobre todo de Cazador, y se notaba mucho. No sé cómo no se dio cuenta el Jurado.

Normalmente, Santi y yo quedamos para charlar, para comentar las primeras ideas. Y después, él suele hacer lo que quiere [risas]. Él es el que tiene la idea, hace un storyboard y yo normalmente no me meto en el proceso; lo leo y le digo lo que me parece objetivamente. En la de Claus y Simon, por ejemplo, puso muchas cosas para que yo me luciera con el dibujo, pero no funcionaba muy bien; había una escena que se desarrollaba en una fiesta y yo le dije que no me convencía, que no se preocupara por mí, que hiciera la historia que más le gustara. Al final, lo desarrolló todo en la fiesta, lo leí, me gustó y seguimos adelante. Yo le hago sugerencias, algún fallo de argumento que me parezca, pero él es quien decide finalmente. Así como yo soy el que decide la cuestión visual. Hay escenas en que me da carta blanca para componerlas, pero hay otras en que tiene muy claro cómo las quiere contar.

El estilo gráfico de El lenguaje del cómic se adaptó a la ocasión porque yo siempre he dibujado como en el actual Claus y Simon. Utilicé una línea más clara, de pincel, tipo la de Germán García. También por cuestión de tiempo.

La historia aparecida en Brut la ofrecimos primero a Camaleón, pero no les acabó de convencer, dijeron que les parecía un poco "sucio" o algo así. Quizá fue por culpa de las fotocopias. Después fuimos a Planeta-DeAgostini, donde le gustó a Pere Olivé, pero dijo que no tenía cabida. También, en el Salón del 97 lo enseñamos en Glénat a Dani Barbero; le gustó pero no le pareció muy comercial. Y a los de La Cúpula, pero nos dijeron lo mismo: estaba bien pero no les llamaba demasiado la atención. Y ya en el Salón del año pasado, volvimos a La Cúpula, a Brut, porque es el sitio donde realmente queríamos publicarlo, nos gustaba el formato y el prestigio de sus autores. Pero el contacto fue un poco desalentador, porque nos encontramos con Berenguer, que tiene unos gustos muy distantes de lo que hacemos nosotros, y sólo le gustó una viñeta del final. Pero lo dejamos allí, y Hernán y Emilio, que realmente llevan el Brut, lo leyeron y nos llamaron enseguida. A Emilio le gustaba, pero Hernán sobre todo nos ha animado mucho, se ha portado muy bien. Hicieron algún comentario sobre el dibujo, por si queríamos cambiar algo, pero hicimos lo que realmente nos apeteció. Ellos nos dan su opinión, solamente, y si estamos de acuerdo les hacemos caso. Con Félix Sabaté no hemos hablado aún, tratamos solamente con Emilio.

Sí, teníamos dudas de que nuestro estilo encajara en Brut, pero ellos dicen que no siguen ninguna línea y es cierto, publican lo que les gusta, al contrario que El Víbora, que tiene una línea muy concreta. Además, tienen muchas ganas de publicar a autores españoles.

Estamos terminando el segundo álbum, estoy entintándolo ya. Puede que aparezca en junio, más o menos. Se desarrollará en una feria de monstruos del siglo pasado, en Londres, con un ambiente tipo La parada de los monstruos o El Hombre Elefante, también un poco homenaje a las historias de estilo Sherlock Holmes y al cine sobre esa época. Vamos a intentar que no haya reglas, incluso al contrario, que las reglas las dicte cada número. Es como en las películas de los Hermanos Marx, que tan pronto aparecen en el Oeste como en cualquier otro escenario sin que haya necesidad de explicarlo. Y ya estamos preparando un tercer episodio.

El cine me gusta, sí, pero los guiños cinéfilos son más bien cosa de Santi. Lo mío son relaciones más visuales, cuestiones de fotografía. Me gustan mucho las películas en blanco y negro a la hora de la ambientación; como el cómic en su estado puro es blanco y negro, eso me ha preocupado bastante, la tensión que produce, y me fijaba en el clásico cine de gángsters, de Bogart, que ofrecía siempre una imagen tan potente como sus luces y sombras. Pero Santi es el que, por ejemplo, hace muchas referencias al cine de Fellini; en el último Brut a La dolce vita, una de sus películas favoritas.

A la hora de las influencias, la gente ve mucho de otros autores en mí, la verdad es que más de lo que hay. Pero creo que con quien más me he identificado siempre ha sido con Richard Corben. Muchos lo ven cuando dibujo al dinosaurio. Gráficamente con el más underground, claro, pero sobre todo con su forma de hacer la historia, con el tratamiento de sus personajes, la humanidad que les proporciona... Siempre ha habido autores de los que me gusta algo en concreto; por ejemplo, de Bolland quizás he tomado su resolución de las líneas. De Will Eisner me gusta la angulación, la composición o cómo cuenta una historia. Pero de Corben he podido sacarlo todo: el ambiente, las portadas, la expresión facial... Me identifico mucho con él, a nivel muy personal. Me emociona cuando lo leo, me siento como un niño.

Más que en autores, sin embargo, en lo que más me fijo es en la vida misma o en fotografías. Intento buscar el resultado yo mismo del natural, ver cómo son las cosas y cómo las interpreto yo. La pintura no me ha influido mucho porque yo no he sido muy pintor. Siempre me he preocupado más por entender la pintura en sí que por autores concretos, pero quizá podría mencionar a Hopper o a Norman Rockwell.

Anthem iba a ser dibujado inicialmente por Fonteriz y por Jesús Merino. Santi Navarro, que confía mucho en mí, me presentó en Barcelona a los de Dude, les enseñé el book y les gustó. En principio yo iba a hacer el número dos. Merino iba a dibujar el 1 y querían tener una plantilla de dibujantes para ir alternando, pero como él comenzó a trabajar para Marvel, me encargué yo de ese número. Utilicé sus diseños, aunque los redefiní con mi estilo pero sin alejarme mucho de los originales, porque sabía que él ya se había carteado con Roy Thomas. Pero cuando los ha visto, parece que le han gustado mucho y me han encargado diseñar al malo de la serie, que aparecerá creo que hacia el número ocho. La serie va a ser mensual, Jorge Santamaría va a dibujar el número 2 y creo que nos vamos a ir turnando. Probablemente comience a publicarse este verano.

Trabajar con Roy Thomas está bastante bien, aunque tampoco he leído mucho a Conan porque no me interesa demasiado, pero está claro que las mejores historias del personaje son suyas. Lo que no me ha gustado mucho, la verdad, es el estilo americano de guión, porque con Santi yo sabía lo que tenía que representar, pero aquí ni siquiera se me dan los diálogos. Y yo siempre le saco mucha punta a las expresiones y a los personajes, estoy muy acostumbrado a respetar lo que hace el guionista. Aquí dice lo que ocurre en cada viñeta, pero tienes que trabajártelo mucho, he tenido que adaptar algunas cosas que me parecía que no quedaban muy claras o que no cabían en una sola página. Y parece que les ha gustado. Thomas te da bastante libertad en ese sentido; en el propio guión pone "según como quiera el artista."

Anthem tiene lugar en los años 40, durante la II Guerra Mundial, tema que me gusta y creo que está un poco de moda. Los protagonistas son unos superhéroes y puede que lleguen a cambiar la historia, porque se mezcla un poco de ciencia-ficción. Lo que menos me gusta es que es demasaido pro-americano, con sus héroes siempre salvando al mundo. Pero aún así resulta interesante. Yo estoy encantado y puede quedar muy bien. Estoy bastante documentado sobre la II Guerra Mundial, mi padre tiene muchos libros y enciclopedias sobre el tema y está muy contento con las páginas que he hecho.

Técnicamente, me gusta pensar que he evolucionado bastante, y creo que se va a notar una mejoría; he simplificado más mi grafismo (al igual que en el nuevo Claus y Simon), que quizá no quedaba muy bien, y ahora se ve más limpieza, el dibujo es mucho más directo. He utilizado más la mancha que los trazos de plumilla, que es realidad lo que siempre he querido. He tenido siempre en mente los grises, pero ahora comienzo a verlo en blanco y negro puro. Santiago me advirtió que tuviera cuidado con una estética así, tan oscura, para hacer superhéroes, pero yo pienso que funciona. Bueno, los americanos no lo han visto entintado aún, pero yo creo que ahora no se diferencia mucho la tinta del lápiz que les envié.

Voy a compaginar Anthem con Claus y Simon porque éste me da la oportunidad de hacer un cómic personal, y aquél me permite hacer algo más comercial y desarrollar mi faceta de diseñador, así que ambos se complementan.

Con guión propio estoy planeando una historia con unos personajes que tengo. También he hecho algunas cortas de Claus y Simon y una historia adaptada de un cuento que me seleccionaron en el concurso Murcia Joven. Tengo en la mente el tipo de historia que quiero contar, aspiro a ser un autor más completo en un futuro, pero desde el punto de vista del guión me siento muy inseguro aún. Sería muy lento haciendo una historia, y por eso aprovecho guionistas como Santi, que conecta muy bien conmigo. Nos complementamos perfectamente.

Creo que voy a dejar de dar clases y dedicarme sólo a esto. Parece arriesgado, sí, pero este año, con alguna otra serie y varios proyectos más que están en el aire...

Tengo un amigo, Ángel Casanova, que escribe cuentos y ha quedado ahora finalista en un concurso en Avilés, con quien estoy intentando hacer algo más actual y de humor. Sus guiones son muy buenos: es capaz de mezclar el realismo mágico con Tarantino y el gore, aunque tampoco es eso del todo. Serían historias cortas, más cotidianas, algo surrealistas, con nuestra propia experiencia de cuando éramos más jóvenes y tímidos, aunque con un punto de vista un poco exagerado. Porque yo con los personajes de ahora, tan modernos y guapos, no me identifico mucho. Y, según el resultado, veríamos a qué publicación se adaptaría mejor.

¿Que por qué he elegido el cómic? ¡Porque me quiero hacer rico! No, porque lo llevo dentro, es algo que no puedo evitar. Porque me di cuenta de que es un medio con muchas posibilidades y tanto por experimentar... Yo, como dijo Corben, creo que aunque nadie me publicara, seguiría dibujando cómic.

Texto de Yexus, cedido para Guía del cómic. Publicado originalmente en U, el hijo de Urich #16 (mayo/1999). Página creada en agosto de 2012.