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Entrevista a Javier Rodríguez

Por David Muñoz.

 

Portada de 'Love Gun' #1
(Under Cómic)

El asturiano Javi Rodríguez (oviedo, 1972), es el creador de Love Gun, un divertido tebeo de aventuras espaciales que, tras una primera miniserie de cuatro números (de la que hasta el momento sólo han aparecido tres) autoeditada bajo el sello Cactus Comics, ha comenzado una nueva etapa, cocreada junto al también asturiano Igor Medio, al amparo de Under Comic. Además, desde diciembre del año pasado Javi publica en El Víbora Paraíso, un serial protagonizado por un grupo de amigos veinteañeros que, tras unos comienzos algo titubeantes, se ha convertido en una de las propuestas más sólidas que ofrece todos los meses la legendaria revista de La Cúpula.

Nota: La entrevista se publicó originalmente el año 1998 en la revista U, el hijo de Urich, dentro de la sección "Portafolio". En dicha sección, las entrevistas se publicaban editadas de forma que solamente se incluían las respuestas del entrevistado, y se omitían las preguntas del entrevistador, para dar así todo el protagonismo al historietista. Que nadie se extrañe. Tras el texto de introducción, a continuación vienen las respuestas de Rodríguez.

Antes de saber leer ya tenía colección de comics, y además bastante grande. Los Don Mikis, los Olé. Dumbos tuve muchos también. Los tomos de Superhumor no, porque eran muy caros. Me acuerdo de la envidia que me daba la peña que tenía los Superhumor o los Películas, que eran los típicos tomos que te regalaban en las comuniones. Y como no hice la comunión ni me hacían regalos supercaros en Reyes y en cumpleaños, no los tenía. Además, yo puntuaba a los dibujantes. Como todavía no sabía qué dibujantes eran les ponía puntuaciones, como "normal", "guay", "super", o ya "de puta madre".

Yo tengo tebeos con grapas hechos por mí. El más antiguo que tengo es un Mortadela Especial del 78. Tenía 6 años cuando lo hice. Estuve haciendo fanzines de superhéroes muchos años, e incluso tuve una revista de superhéroes fotocopiada que hacía con mi hermano. Pero él hacía funny animals. Yo siempre fui muy friki, ya más mayor me sabía los nombres de todos los dibujantes. Además, recuerdo que no me gustaba el fútbol ni el deporte ni nada, y en el colegio estaban todo el día echándome en cara que no sabía nombres de futbolistas, y yo decía "¿Sí? pues tú no sabes quienes son Richard Corben o Bernie Wrightsorl', que cuando estaba en quinto o sexto de EGB para mí eran lo máximo.

A los 16 años empiezo Artes y Oficios, porque tripití primero de BUP. Bueno, a los 15 años ya me había fichado la policía, ya me había pirado de casa y estaba todo el puto día por ahí bebiendo calimocho y fumando porros, no hacía otra cosa que el vago. Entonces en casa me dijeron: "o te pones a currar o estudias algo". Y dije:"¡hostías!" Entonces, eso de Artes y Oficios me sonaba a Fama en Oviedo, digo, "qué guay, tocar la guitarra, estar todo el día por ahí haciendo cosas". Yo creía que había hasta música en Artes y Oficios. Cuando fui allí tuve un baño de realidad. Luego no salía por la noche ni nada, estaba ahí currando como un cabrón y me metí en diseño gráfico, que era lo que más me interesaba.

Germán [Germán García, dibujante de Tess Tinieblas y X-Men] iba un año o dos detrás de mí. Es dos años mayor que yo pero creo que había repetido en BUP. Con Germán empezamos la revista Froilán. La empezó a gestionar él, porque es muy lanzado, y tiene una idea y empieza a tirar para adelante. Yo iba mucho más lento y me lo pensaba más. Empezó siendo un fanzine de fotocopias y luego ya nos metimos cinco en el proyecto. Además de nosotros estaban Arturo, Fran y Marcos, que era el diseñador. Tuvimos mucha suerte, no éramos todos dibujantes, y los curros chungos, como era hacer diseños o buscar publicidad había gente que los hacía. Alquilamos un local, Germán y yo compramos un ordenador a medias y hacíamos trabajos para sobrevivir y poder pagar el Froilán y el local. Yo creo que, y no es por echarnos cosas encima, pero cuando se mire la historia del cómic asturiano lo nuestro va a ser una historia curiosa porque fue el primer cómic sin ninguna subvención, editado en imprenta y con distribución en quioscos. Tenía contenidos personales, que no eran ni temas típicos asturianos ni hostias. El de Germán tenía un contenido sociológico y político bastante fuerte. Era autoproducido, no teníamos intereses en agradar ni en caer bien a nadie para que nos pusiese pelas. Ten en cuenta que en Asturias había concursos de comics donde se llegaba a pagar un cuarto de millón de pesetas, y te estoy hablando de hace 7 u 8 años, a un cómic de quince páginas. Como era asturiano y era la época socialista se subvencionaba todo para quedar bien.

El Froilán fue siempre en blanco y negro con portada en color. La única diferencia que tenía con el formato comic-book era que, como trabajábamos con el pliego europeo, le quitamos un centímetro. Tiramos del primero 1.500, creo, del segundo 1.000, y de los otros dos, 500. Vendimos del primero unos 300 y pico en Asturias, no distribuimos nunca fuera.

En mi caso, lo que salió era una cosa con la que yo no estaba nada contento. Pero como no tenía nada más hecho y había que sacar la revista ya, lo metí. Panowsky era un proyecto que me hubiese gustado hacer mejor. Era un hijo de puta, un director de culebrones venezolano que había decidido pirarse a otro país, meter cizaña entre los vecinos de un edificio, grabarlo todo con cámaras ocultas y hacer un montaje de culebrón con la vida real de la gente. Hasta que un niño telépata, que vivía en la casa, lo descubría y se le venía abajo el plan. Panowsky era un proyecto de fin de carrera de diseño gráfico, que lo presenté como ilustración, a color. Yo ya sabía que se iba a joder la mitad del cómic por publicarlo en blanco y negro. Además, como fue el proyecto de fin de carrera llegué a hacer siete páginas al día, incluso dibujó Germán. Y rotulé en la cafetería las 42 páginas antes de entregarlo. Era una chapuza, era una idea muy buena pero es que era una jodienda de cómic, a mí no me gustó mucho publicarlo, la verdad, nunca estuve muy contento.

Al dejarlo Arturo, después de que le empezáramos a exigir que currase más, nosotros cuatro, que somos los que quedábamos, somos la parte creativa, teníamos que empezar a buscar publicidad, a pagar a la imprenta, a pagar el local, encargamos de esto, de lo otro, y fuimos perdiendo pulso. Entonces abandonamos Froilán.

Pero al acabar Froilán seguimos colaborando. Neuropa es un proyecto que nace por 1993 y estuvimos con él varios años. Germán me había presentado a Andrea Parissi, que dibujaba también, y entonces decidimos crear, pirando clases en la cafetería, el Neuropa. En la cafetería de Artes y Oficios nació Love Gun, nació Neuropa, nació Tess Tinieblas, nacieron todos los personajes. Neuropa no tenía nada que ver con los superhéroes, mucha gente lo cree porque conoce la tercera parte del proyecto, pero la primera no tenía nada que ver con aquello. Germán y yo estabamos totalmente flipados con la película Europa, de Lars Van Trier, con todo el rollo expresionista alemán, con Metrópolis, y queríamos hacer un cómic en esa onda. Habíamos flipado mucho con el Iron Wolf de Mignola, con toda esa estética de principio de siglo decadente y de ciencia ficción antigua, de remaches para unir las placas de metal. El proyecto cambió cuando Germán marcha de Gijón, va a Barcelona y se encuentra que en Camaleón igual están interesados en Neuropa. Germán estaba ya haciendo dibujos de superhéroes, esto mucho antes de dibujar Tess Tinieblas, y decide proponerles a Camaleón hacer Neuropa, pero para venderlo decide hacerla más superheroico y nacen los bocetos que más conoce la gente. Entonces aparece Javier Pulido en escena, y yo, como tenía muy buen rollo con Pulido porque lo había conocido ya en Barcelona, hice el guión de una miniserie para él. Yo creo que por pereza de Camaleón, más que por parte del equipo creativo, la cosa no salió.

 

Portada de 'Love Gun' #1
(Cactus Cómics)

Love Gun es contemporáneo al Froilán. Lo creé en el 94 o así. Había hecho una historieta de seis páginas. Lo que pasa es que las mandé para una exposición en Lisboa y nunca me devolvieron los originales. Iba a haber un episodio piloto en Froilán, de hecho en el nº 4 de Froilán sale anunciado. Luego presenté el proyecto en Camaleón, 11 páginas entintadas por Parissi. En Camaleón me dijeron que no les gustó mucho, que el entintado era muy frío. Así que las volví a entintar yo. Las presenté a Camaleón y me dijeron que estaban buscando cosas más profesionales, con un acabado mejor. Entonces decidí autopublicármelo, total, ya conocía todos los entresijos de la imprenta y los trucos para ahorrar pelas. El Love Gun me salía por unas 55.000 pelas el total de la fabricación del tebeo y tenía 40.000 pelas de publicidad. Me dio buen resultado el nº 1, vendí de sobra y gané pelas, que no es normal.

Lo del sello Cactus Comics es porque decidimos que, para damos un poco más de credibilidad, todos los colegas que nos autopublicáramos durante esta temporada lo íbamos a hacer como Cactus Comics. Éramos mucha gente, por eso no iba nada a ningún lado, porque a mí me llegaban cartas por un lado, a Parissi por otro y cada uno tenía un proyecto por separado. Cada uno sacaba lo que quería y poníamos Cactus Comics por decir somos asturianos, somos nosotros.

La primera miniserie de Love Gun iban a ser cuatro números. La movida es la siguiente: todavía no había hecho el nº 4, y hablé con Igor Medio y le dije, "podrías entintarme el nº 4 y así me quito un peso de encima". Había buen rollo, empezamos a hablar, y "joder, cómo molaría que la siguiente serie la hiciéramos en equipo creativo, porque a ti se te ocurren ideas, a mí también y las podemos combinar y hacer los guiones juntos, yo la dibujo y tu la entintas, y de puta madre". Todo esto lo hablamos en un marco en el que coincidimos con Christian Osuna en las jornadas de Avilés del 97. Entonces Christian Osuna dice "yo lo publicaría". Pero cuando iba a acabar el 4 me llaman para El Víbora. Claro, pongo encima de la mesa poner 15 talegos tal cual o ganar esos 15 talegos dibujando tebeos por primera vez en mi vida, dibujando en la revista de mis sueños, en la revista que más me gustaba siempre de todas las que se publicaban en España. Entonces me centré en El Víbora. Hernán Migoya dijo "acaba el Love Gun primero, vaya". Pero como nunca lo acababa me metí con lo de El Víbora. Además, como no sólo de comics vive el hombre, también lo tuve que compaginar con curros de supervivencia, que me impidieron dibujar. Es un marrón para la gente que haya comprado esos tres. Yo la historia la tengo acabada. Me tengo que proponer acabarlo en mis ratos libres, quiero hacerla pero no lo puedo garantizar.

Y el nuevo nº 1 es un rollo completamente diferente y es un proceso totalmente distinto de lo que la serie antigua, o sea, los personajes son los mismos pero es un concepto totalmente nuevo, es una serie nueva. Se puede leer sin haber leído los anteriores. Yo de guaje me preguntaba quién era Ventura, quién era Nieto, quién era Muñoz y quién era Sampayo. Me gusta eso. Lo mío y lo de Igor en Lave Gun es al 50%, o sea, Igor hace de todo.

 

Portada de 'Los Potaje' #1

Los Potaje fue un encargo del ayuntamiento de Gijón, una campaña de prevención del alcohol, con tan buena suerte de que tanto el dibujante como el guionista a los que nos lo encargaron nos conocíamos de antes, de haber preparado un proyecto para La Cúpula hace varios años. Dijimos, "sí, hacemos una campaña de prevención del alcohol, pero si nos la encargáis a nosotros y la vamos a firmar nosotros va a ser como nosotros queramos". Se lo pasamos y dijeron que era un poco heavy para el sector juvenil al que iba dirigido, era para repartir en los institutos, pero se convirtió en el primer best-seller del cómic asturiano, porque de 20.000 ejemplares se agotaron todos, se dieron gratuitamente y ninguno se tiró a la basura. No pretendimos hacer moralina, era muy ambiguo, y eso es lo que les daba miedo. En ningún momento dice a los chavales que no beban. Y se pueden sacar varias lecturas de él, que era un poco el objetivo. Estuvo saliendo todos los días en el periódico durante un mes. La polémica que levantó el cómic, eso es un hito dentro de la historia del cómic asturiano. Hubo asociaciones feministas que nos quisieron vetar, el PP lo quiso denunciar, el PSOE lo puso como el máximo exponente de una juventud abierta y en colegios privados no se repartió, así que en los públicos que estaban al lado del privado los chavales trapicheaban a la puerta del colegio pasándose tebeos. Yo como autor digo que de puta madre, el cómic vuelve a ser usado de una manera ácida, y chavaletes ajenos totalmente al mundo del cómic vuelven a pillarse comics y a ver lo subversivo que puede ser.

La primera vez que fui por El Víbora, Hernán me dijo, "mira, vamos a sacar una colección que se llama Brut, prepara algo a ver si nos convence". Preparé algo y cuando se lo mandé a Hernán me dijo "la verdad es que es muy fanzineroso, tienes que mejorar mucho como dibujante, sigue trabajando". Y, como yo siempre valoro las críticas de una manera positiva, seguí dibujando, preparándome, y en esos dos años cada poco iba llevando proyectos. Además, fui conociendo un poco más a Hernán y llegamos a tener discusiones terribles, un día me acuerdo que estuvimos como cinco o seis horas en una sidrería él y yo pegándonos unas voces el uno al otro, y discutiendo, sobre todo de política, porque somos polos opuestos, aunque luego, bah, coincidimos en mogollón de cosas.

La cuestión es que yo fui desencantándome un poco porque lo veía como inalcanzable, me decía, "es que no voy a poder publicar en la vida porque no doy el nivel que me pide esta gente", entonces, como siempre me ha ido el rollo de los comics books y las aventuras, me dio por preparar algo para la línea Laberinto. Fui a Forum y me reuní con Toni Guiral. Guiral me dijo que la historia no le había hecho mucho tilín y que era muy fuerte para Laberinto, y me sugirió que fuese con ella a La Cúpula. Yo ni lo había pensado. Quedé con Hernán a tomar algo, y me dijo, "joder, esto está de puta madre, presenta otra vez aquí". Me pusieron unas condiciones típicas de cualquier editor, un poco la serie que les podía hacer falta en ese momento, y estuve un año y medio presentando proyectos, hasta que me pidieron cuatro páginas para un Especial Underground. Luego presenté uno de los proyectos casi definitivos de Paraíso, les moló y salió.

Viéndolos ahora con la distancia, los primeros proyectos estaban bastante menos currados. Lo que me gustó de la experiencia de El Víbora es que aprendí muchas cosas. Tengo que reconocer que tenía muchas carencias. Las críticas me vinieron de puta madre. Recuerdo que me decían, "es que sólo son planos americanos y los personajes están super ahogados", y era verdad. En El Víbora no puedes meter tres viñetas por página porque la página es enorme. Yo nunca había hecho un cómic con más de tres viñetas o cuatro, porque estaba acostumbrado a Love Gun y a tamaños pequeños, y de repente empecé a releer Víboras y cosas antiguas y descubrí que sí, que podía meter más viñetas y contar más cosas.

Soy una persona vaga, no hago ningún boceto de nada, ni de personajes, ni de nada, sencillamente construyo las historias. Un poco lo pago caro, porque por ejemplo en el caso de Paraíso, creo que hasta la sexta o la séptima entrega todavía no tenía los personajes lo suficientemente definidos y con fuerza como para contar las historias que estoy haciendo ahora, que son las que me interesan.

Antes me tiraba más por los gags, pero luego empecé a meterme con los personajes. Al principio fue de tanteo, porque a mí me impone un tanto la revista, o lo que pienso que ellos quieren que yo haga o que les molaría que yo hiciese; que la verdad son pijadas y pajas mentales mías, porque en el fondo imagino que ellos lo que más les mola es que haga lo que más me guste a mí, que esté contento y que al final funcione.

Me dicen que Paraíso se parece a lo de Jaime Hernandez. Me gusta mucho, pero es es que yo a Jaime Hernandez lo conocí en persona y salí con él de copas, joder, y me lo llevé por ahí. Y sé como piensa el lío y es totalmente opuesto a mí en todos los sentidos, es un americano de California, que llevaba un tatuaje en la mano porque ha pertenecido a una banda juvenil de chicanos. Es una persona encantadora, pero no tiene nada que ver conmigo, las cosas que vamos a contar son totalmente distintas.

Siempre me posiciono ideológicamente. Tengo una posición bastante clara respecto a lo que es el modelo familiar moderno y el sistema laboral actual. Aunque esté tratado muy por encima, como en Love Gun. Pero está claro que nadie hace aquí un comic book con el INEM del futuro. Nadie se lo plantea. No digo que sea lo mejor, pero a mí me gusta. Yo comprendo que a un lío punki de Malasaña, calimochero y tal, lo mío le parezca una mariconada, y que a un pijo del Opus le parezca muy fuerte. Como yo toda la vida defendía que no, que la vida está llena de grises, siempre he sido blanco de los dos bandos.

Texto de David Muñoz (entrevista de David Muñoz, transcripción de Esther Muñoz), cedido para Guía del cómic. Publicado originalmente en U, el hijo de Urich #13 (Camaleón Ediciones, noviembre de 1998). Página creada en marzo de 2010.