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Entrevista a Javier de Isusi

Por Iñaki Gutiérrez

 

Portada de 'La pipa de Marcos' (Astiberri)

Acudimos en Bilbao a una doble presentación de Astiberri, la de Cruz del sur de Raquel Alzate y Luis Durán y la historia que hoy nos ocupa, la primera de una saga en la que Vasco parte en busca de su amigo Juan, desaparecido en el corazón del zapatismo.
     El Boulevard, señero café del casco viejo bilbaino, es el lugar de la presentación. En un salón me recibe un troquelado a tamaño natural de Vasco, invitándome a entrar. Dos largas colas me permiten intuir dónde están los protagonistas, Raquel y Javier, dedicando tebeos. El locutor y periodista Félix Linares, anfitrión del acto, elogia sin reservas los tebeos, dedicando al de Javier el calificativo de “heredero de Corto Maltés y Dieter Lumpen”. Buen pedigrí. Fernando, editor de los tebeos, rebosa una alegría frenética y contagiosa. Borja Crespo, responsable del salón del Cómic de Getxo, también ha acudido, entre otros habituales de las viñetas bilbainas. Entre firma de ejemplar y apretón de manos aprovechamos para charlar con Javier.

¿Qué tal la presentación? Gente, amigos, nervios...
La verdad es que han venido muchos amigos, mucha familia y muchas personas que no conocía de nada… un poco como una boda; Raquel parecía la novia, yo el novio y Félix el cura. Por cierto, me ha parecido gracioso que dijera que en mi tebeo se notaba la influencia de Dieter Lumpen, cuando nunca he leído nada de él… lo único que sé es que tiene un nombre buenísimo.

Centrándonos en el tebeo, lo primero que me llamó la atención fue que, para ser aparentemente de aventuras, hay muchas pausas, mirando la luna, o refrescando los pies en el río, una de la imágenes características del tebeo.
Es una historia que funciona mucho a base de diálogos y conversaciones, a los que oponía momentos de parar la historia. Había dos razones muy importantes para mí para marcar esos tiempos de silencio y de pararse. Una es porque es la realidad de lo que pasa allí, hay muchos momentos de no hacer nada, y hay que disfrutarlos así, como lo que son. El otro motivo es marcar el espacio entre unas conversaciones y otras, dejar que se asiente un poco toda la información que se ha dado, que es muy despistante, te lleva de un lado para otro, aunque al final ves que toda la información recibida no sirve para nada, que es lo que quería contar.

¿Se trata de una historia real?
En este cómic hay mucha verdad. No es una historia real, pero todo lo que pasa es real, me ha pasado a mí o a otros. Casi todas las conversaciones, aunque recompuestas, son retazos de conversaciones oídas. La verdad es esa; llega la gente, no se entera de casi nada porque no te dejan enterarte de casi nada, no te dicen ni el nombre... que por otro lado es un rasgo muy del indígena latinoamericano. Estuve casi un año viajando. En México estuve tres meses, de los cuales la mitad lo pasé en la comunidad de La Realidad, como observador internacional. Después fui bajando por tierra hasta llegar a Buenos Aires, Argentina, y luego acabé en Brasil. En todos los sitios los indígenas se protegen mucho, lógicamente. La experiencia no les ha enseñado otra cosa. Además leí que la reserva es un rasgo cultural anterior a las conquistas españolas. Allí están muy acostumbrados a las historias de héroes, europeos que llegan allí a arreglarles las vidas...

Las aventuras de Vasco creo que están pensadas para cuatro o cinto tomos. ¿Seguiremos su evolución por México o veremos otros escenarios? 
Están pensados cuatro tomos; de hecho tengo las historias armadas. En realidad empecé a escribir la historia de lo que finalmente será el segundo tomo. Vasco seguirá viajando por latinoamerica, y al final de La pipa de Marcos se apunta hacia donde va a encaminar sus pasos. 

Además de Vasco, los otros personajes europeos que aparecen transmiten el tópico del europeo cooperante que sin evolucionar, sin integrarse, va a salvar otro país, con una imagen preformada de la comunidad a la llegan. Pienso en Gorka, o Giorgio...
Es verdad eso de que no evolucionan. Tiene relación con lo que comenta Carmen, la responsable del epílogo del cómic, que no sólo sirve para contextualizar un poco más la historia: está ahí porque quería explicar un poco el tema zapatista. Quería que el que tuviese curiosidad pudiera profundizar un poco más. De ahí también la bibliografía final. Vasco es una persona que escucha, que reacciona ante lo que le sucede. Los otros es un poco la caricatura de lo que nos pasa a mucha gente que vamos allí, entre los que me incluyo. 

Cuando fuiste a México, ¿ibas ya con la idea de hacer un tebeo, o surgió después?
La idea llevaba rondándome desde hacía mucho tiempo. Ya durante la carrera, e incluso antes, fantaseaba con ello. El personaje de Juan Sin Tierra nació en esa época, oyendo el corrido de Victor Jara… me pareció un nombre buenísimo. A partir del personaje histórico, Victor Jara toma ese nombre y lo mete en la revolución Zapatista, la de Emiliano, y lo convierte en un típico campesino, llamado Juan y que no tiene tierras. A mí se me ocurrió otro Juan Sin Tierra: un viajero, es decir, un tío sin tierra, sin patria, que va viajando. Me gustó mucho el personaje; el problema era que no tenía historias que contar del personaje. Cuento lo que me sale de dentro, y no me sale contar lo que no conozco, lo que no he vivido.

¿Tiene algo de ti el personaje?
Surgió como una especie de alter ego, a través del cual contar cosas que a mí me inquietasen, con la ventaja de que al ser un personaje de cómic podía hacer cosas que yo como persona no puedo hacer. Estando en Chiapas, en la comunidad de La Realidad se me ocurrió la historia, juntando a estos dos personajes que los tenía en mente pero no estaban desarrollados, ni siquiera en su aspecto físico. Allí pensé “yo me voy a dedicar a hacer cómics, lo voy a intentar al menos. Si no lo consigo que no sea porque no lo he intentado”.

¿Estaba pensado en blanco y negro desde el principio, o fue una opción necesaria?
El cómic estaba pensado en blanco y negro, ya desde el principio. Por tres razones. Una era la referencia a Corto Maltés y por extensión a los tebeos de aventuras de antes, aunque básicamente a Corto como patrón de viajero. Hay algunos homenajes claros en este sentido, sobre todo la pose cinematográfica de Vasco. Otra razón es el tiempo. El blanco y negro se hace mucho más rápido que el color, y eso que me ha llevado un año largo hacerlo. La tercera razón, y más importante, es la ideológica. Es recuperar el blanco y negro que es perfecto para contar historias. Además tiene una capacidad simbólica mucho mayor que el color. El poder de la silueta, de la mancha, lo intento explotar mucho.

Al principio el dibujo me parece un poco rígido, forzado, y a medida que la historia avanza, vas cogiendo confianza y soltándote, siendo al final mucho más suelta, con una pincelada y una mancha más natural.
Cuando acabé el cómic, la tentación era volver a dibujar las primeras 30 páginas, pero al final lo dejé como estaba. Pensé, "que se vea la evolución y ya está". 

Teniendo en cuenta que hoy en día no suele haber tiempo para evolucionar publicando, no está mal que lo puedas hacer... 
Eso es cierto, ya no hay tiempo para evolucionar, hay pocas oportunidades. El que empieza tiene que ser bueno, pero muy bueno desde que comienza. Estoy agradecido a Fernando [Tarancón, editor de Astiberri] de darme la oportunidad de rodarme a medida que hacía las páginas. Como siempre he pensado que el cómic era contar una historia, en las primeras páginas, a pesar del dibujo, la historia funciona. Lo que intento es que el dibujo sea el vehículo de transmisión de la historia. Cuanto más sencillo y rápido lo pueda hacer, mejor. Más historias voy a poder contar. La clave está en encontrar un equilibrio entre un dibujo útil, bonito y rápido. 

Antes han comentado que desde que estudiabas arquitectura querias hacer tebeos. ¿Y antes, habías pensado en hacerlo? 
Lamentablemente, ¡sí! 

¿Qué cosas leías de niño? 
Tuve la típica infancia comiquera: Bruguera, Asterix, Tintín, Blueberry... Los superhéroes me gustaron mucho en mi adolescencia. Como no tenía pasta para comprarlos, ni un hermano mayor o un tío que me los prestaran, tenía un amigo que me contaba las historias de superhéroes en el patio del colegio, o en los campamentos escolares.   

¿Y después? 
Cuando estaba en la carrera, en el 89-90, comencé a conocer a gente como Moebius, el estilo Metal Hurlant, y pensé por primera vez en el cómic como un medio adulto. El blanco y negro no me atraía demasiado, me tiraba lo europeo, lo italiano, Manara y cosas así. Descubrí a Loisel, y pensé que él había llegado a donde a mí me gustaría llegar.  Cuando acabé la carrera hice el viaje y fue donde dije, "yo me voy a dedicar a hacer comics, lo voy a intentar al menos. Si no lo consigo que no sea porque no lo he intentado". Volví y me empecé a empapar de todo lo que no me había empapado hasta entonces: latinoamericano, buscaba el blanco y negro, al descubrir su potencial. Aunque ha sido un recorrido corto, el haber hecho arquitectura me ha ayudado mucho. La carrera me había amueblado la cabeza de tal manera que cuando leía un cómic entendía el porqué de determinado encuadres y no otros, la composición de página, cómo se arma una historia...  En Italia el tema zapatista tira mucho, y junto a su tradición del tebeo de aventuras, creo que sería muy bien entendido ¡y vendido! allí. En el mercado francés, a pesar de estar mayoritariamente volcado en el formato álbum, en color, 48 páginas, cartoné y eso, está la opción de L´Association y su mercado.

De momento no vives de ello. 
No, que va. De momento no sé de qué vivo. Sigo en la Asociación de Ilustradores Vascos, me salen cosillas con las que sobrevivo, y renunciando a muchas cosas. Tengo dos proyectos que quiero llevar a Francia, a color, con guión ajeno, a ver si hay suerte y nos aceptan el proyecto. 

Ojala tengas suerte, y nosotros podamos leerlo. 

Entrevista realizada por Iñaki Gutiérrez, publicada originalmente en Trama #43 (Astiberri Ediciones, enero de 2005). Cedida por Gutiérrez para su publicación en Guía del cómic. La entrevista ha sido editada para Guía del cómic a partir de la transcripción original, y es sensiblemente más extensa que la versión publicada en papel.