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Entrevista a David Ramírez

Por Antoni Guiral

 

Ilustración del autor que abría la entrevista en su edición impresa
(click para ampliar)

David Ramírez (Tortosa, 1974) se ha movido como pez en el agua en el mundillo freaky de los cómics. La contundencia de sus parodias, un cierto estilo personal en su grafismo y, sobre todo, el conocimiento de las interioridades de aficionados e industria le han permitido forjarse una cierta aura de autor tótem. Ramírez ha buceado en las profundidades del manga y el cómic para retratar con sarcasmo, ironía y punzante humor series, personajes y personalidades, dirigiéndose tanto a otakus como a fans de superhéroes, lectores de cómics pornográficos o seguidores de universos “dragonfolianos” o “fanhunterianos”. Lamentablemente, la querella presentada por Antonio Martín contra David Ramírez por presuntas injurias y la segunda y definitiva sentencia también han de ocupar un espacio en esta entrevista. Pero ahora, los últimos esfuerzos de un renovado DR se dirigen al cómic infantil con MiniMonsters, una serie que, por fin, parece haberlo lanzado fuera de la cúpula de connaisseurs del estrecho mundillo comiquero. 

Nota: La entrevista se publicó originalmente el año 2004 en la revista U #27, dentro de la sección "Portafolio". En dicha sección, las entrevistas se publicaban editadas de forma que solamente se incluían las respuestas del entrevistado, y se omitían las preguntas del entrevistador, para dar así todo el protagonismo al historietista. Que nadie se extrañe. Tras el texto de introducción, a continuación vienen las respuestas de Ramírez.

PRIMERAS LECTURAS, INFLUENCIAS SEGURAS (1980-1992)
Como autor me influyó mucho la emisión en TV3 de Dragon Ball o antes de Dr. Slump, pero al principio, como casi todo españolito de a pie, lo que me compraba y leía eran los Mortadelo y Filemón típicos y tópicos, aunque me gustaba mucho más Super López, pese a la poca cantidad de álbumes que había (los 9 ó 10 primeros los guardaba como si fueran un tesoro). Fue en el instituto cuando mi hermano y yo empezamos a aficionarnos a los cómics de superhéroes, y a partir de ahí caí en la telaraña del Universo Marvel; si te comprabas una colección siempre había un crossosver que te obligaba a comprar otra, en la que había unos personajes de una tercera. Total, que al final acabamos comprando unas veinte colecciones entre los dos. Después seguí los cómics del Universo DC en su etapa de Ediciones Zinco, pero pronto comencé a perder el interés por los superhéroes, en parte por el cierre de Zinco y en parte porque ya me saturaba un poco Marvel (además, en aquel momento Chris Claremont había abandonado los mutantes), lo que coincidió con la irrupción del manga en España. Me pasé de un lado a otro y comencé a comprar sin ningún tipo de criterio todo lo que editaba Planeta DeAgostini; después ya me di cuenta de que no era oro todo lo que relucía y me puse a seleccionar. Mirándolo con la perspectiva que da el tiempo, los mangas que más me han gustado y satisfecho, aparte de los que considero clásicos por excelencia, como Dragon Ball y Dr. Slump de Akira Toriyama  (además de obras menores como Cowa!, que a mí personalmente me ha influido mucho, como puede apreciarse en MiniMonsters), son Detective Conan, una serie muy buena que para ser publicada semanalmente mantiene un listón de calidad muy alto, y pequeñas joyas como Regreso al mar o Akira. Rumiko Takahashi me parece una excelente autora, aunque tiende a extenderse en sus obras y a repetir los mismos clichés. 
     Como autor creo que me ha influido sobre todo Akira Toriyama. Más que nada porque lo conozco desde jovencito y considero que conforme te vas haciendo más adulto te vas volviendo también más impermeable a las influencias. Las cosas que ves o lees de pequeño y que más te impactan te influyen a la hora de crear tu propio estilo. Recuerdo que pasé una etapa de “dibujero” en la que no es que recordase a Toriyama, es que era un clon descarado de él, el típico crío que en la escuela hacía dibujos de Dragon Ball para que todos los amigotes le envidiasen y se los pidiesen. Con el tiempo fui pasando por varias etapas. Tuve la etapa Jan, en la que dentro de mis posibilidades le imitaba como buenamente podía; considero que Jan es uno de los mejores dibujantes que ha parido este país. Después tuve una etapa Ibáñez, más leve, e incluso una etapa Arthur Adams, cuando estaba obsesionado por los superhéroes, aunque ahora nadie lo diría. Pero básicamente lo que me interesaba no era dibujar, sino contar cosas, por eso buscaba cargar las tintas en los guiones y no tanto en el dibujo. 

I CONCURSO DE MANGA: EL DESPEGUE (1995-1996)
El I Concurso de Manga de 1995 fue el cuarto concurso al que me presenté. El primero fue uno celebrado en Tortosa, que no gané; el segundo se celebraba a nivel de toda Cataluña, pero tampoco lo gané; el siguiente fue un concurso estatal y tampoco gané. Pero yo soy muy cabezón y he tenido claro casi desde párvulos que lo que me gustaba era esto y quería dedicarme a ello. Comencé a dibujar historias de un personaje llamado Sinnovia y me llevé el tebeo a la I Convención del Manga, una especie de preestreno del Salón del Manga celebrada también en Barcelona. Allí estaban los de Camaleón, que presentaban la revista Ryu. Les mostré mi trabajo porque seguía sus publicaciones, como Neko, y sabía que publicaban a gente como Nacho Fernández o Kano. Contacté con Núria Peris y Alex Samaranch, que me dijo que me pasase por las oficinas de Camaleón, cosa que hice al cabo de dos semanas. Allí vieron páginas de Sinnovia y las de los concursos; me atendió Kano y me dijo que estaba bastante verde y que lo que tenía que hacer era seguir dibujando páginas para mejorar. Le hice caso y me pasé todo el verano haciendo páginas cuando, de repente, apareció la convocatoria del concurso del I Salón del Manga. Estaba en la disyuntiva entre acabar las 50 páginas de la continuación de Sinnovia que tenía previstas o presentarme al concurso; curiosamente, en los otros tres concursos estaba seguro de que iba a ganar, y me dieron por ahí, y en cambio esta historia la hice pensando en que no iba a conseguir nada, un poco por seguir practicando, y al final resultó la ganadora. De hecho, uno de los días más felices de mi vida fue cuando me llamaron de Ficomic para decirme que había sido el ganador del I Concurso de Manga. Recuerdo que mientras hablaba por teléfono mantuve la compostura, pero cuando colgué comencé a dar gritos y botes por toda la casa. 
     El premio significó dos cosas. Una, que como es de bien nacido ser agradecido, en el Salón del Manga busqué a las personas que habían compuesto el jurado para agradecerles el premio. Y una de ellas resultó ser Núria Teuler, que por aquel entonces era la coordinadora de la revista Kame. Como había sido una de las mayores defensores de mi obra, al verme en persona me ofreció la posibilidad de colaborar en Kame, cosa que agradecí de inmediato, porque aparte de Neko era la revista que yo leía. De ahí que en el número 6 de Kame apareciese la continuación de la historia ganadora del Salón. Aparte de ese contacto, la gente de Camaleón se fijó en mí y consideró que los meses pasados habían supuesto una mejoría en mi trabajo, pero como por aquel entonces estaba estudiando en la Escola Massana y no tenía mucho tiempo libre, decliné momentáneamente la oferta y me dediqué a la revista Kame.
     Curiosamente, la primera historieta que hice para Kame fue un cómic mudo. Núria Teuler me dijo que lo que más le había gustado de la historieta del concurso eran mis diálogos, o sea que me había lucido. Pensé que era cuestión de cargar las tintas con los diálogos. Otro componente del Studio Inu me comentó si podía hacer algo paródico, cosa lógica porque al ser una sección publicada en una revista que hablaba sobre manga era coherente que mi sección también hablase sobre manga. Juntando las dos cosas, que hubiera mucho diálogo y se parodiase un manga, salió la serie Niñotaku
     No conocía en profundidad todas las series que parodiaba, pero sí a la mayoría. Siempre me quedaba algún hueco por rellenar, porque tampoco era tan experto en manga, pero en algunos casos hacía los chistes muy superficiales, se notaba que no me había leído la serie. Lo que sí intentaba era documentarme a nivel gráfico y captar la esencia de los dibujantes para más o menos imitarles, siempre dentro de mis limitadas capacidades.
     Introducir a personas reales fue en parte como una broma privada. Hay que pensar que la redacción de Kame era como muy casera. Aparentemente la revista parecía profesional, pero estaba hecha muy en plan fanzine, no dicho en tono despectivo, sino por el buen compañerismo que había; esa amistad provocó que los sacara en mi sección. También es cierto que era un recurso fácil para llenar espacio cuando se te acaban las ideas; o sea, si no sabes de qué hablar, habla de ti mismo que de eso sabes un rato.  

BUENO, BONITO Y BARATO (1996)
B3 nace porque aunque me divertía mucho haciendo las parodias me interesa mucho más crear mis propios personajes, mis propios universos y mis propias historias. Había visto las obras que publicó Camaleón en el Salón del Manga, Akuma, Boom, etc. y pensé: “Bueno, por qué no intentarlo”. Contacté de nuevo con Camaleón dos meses antes del Saló del Còmic y les pregunté si les interesaría publicarme un número único de una serie. Respondieron que íbamos justos de tiempo y que antes tenían que ver la sinopsis de la historia y una página acabada. Como antes era bastante más rápido que ahora, en un día y medio tuve preparada la página de muestra y la sinopsis, descripción y diseños de personajes. Les pareció bien pero me dijeron que la fecha de entrega era “x” y que no se podía retrasar, así que me tiré un mes trabajando a destajo para entregar a tiempo. 
     No quería contar nada trascendente con B3, simplemente quería pasar un rato divertido y hacer que los lectores lo pasasen, pero con mis personajes y mi historia. En principio fue un número único porque de entrada no podía presentarme y pedir una serie, pero en vistas de que funcionó, que tampoco era como para tirar cohetes pero mal no fue, al año siguiente me vi con ánimo de proponerles una serie con los mismos personajes, más que nada porque me había sentido bastante a gusto con ellos.
     Cobré el trabajo, aunque en Camaleón iban un poco pillados con el tema monetario. Por lo que tengo entendido lo que hacían era pagar en función de las ventas. Si un autor vendía más, pues le pagaban más por página, cosa que dentro de lo que cabe me parece lógica. De B3 cobré tanto el cero como los posteriores; no demasiado, pero los cobré, y aunque no fuera un dineral por un lado avancé como autor, porque la práctica te hace mejorar, y por otro iba haciéndome un book. 
     B3 tendría que haber acabado en el número 6 porque inicialmente era una miniserie de 6, pero descubrí que tengo el problema de la “elefantiosis” y que mis guiones crecen desmesuradamente hasta que no los puedo controlar. Cuando estaba haciendo el 5 me di cuenta de que no podía acabar la historia en 6 números ni de coña, que necesitaba crecer en un número, al menos; pero al final resultó que tendría que haber tenido 8 números. La serie se cortó por varios motivos. Para comenzar fue justo cuando Camaleón cerró, pero como la serie estaba en curso, me ofrecieron la posibilidad de, aunque no eran ya editorial, acabarla de publicar por cortesía. Por otro lado, estaba liado en otros proyectos que económicamente eran más rentables. O sea que pospuse la serie. Justo cuando cerró Camaleón estaba moviendo dos proyectos más relacionados con B3. Uno era un one-shot compuesto por tres historias cortas protagonizadas por tres personajes femeninos de B3, y cada historia estaba dibujada por una chica: Carla Brossa, Núria Peris y Esther Lecina. El otro proyecto estaba dibujado por David Casas, que era el dibujante de Spanish Force, un comic-book que Camaleón había publicado por aquella época, y los protagonistas eran la familia de mafiosos malvados de B3.
     Todavía hoy en día mucha gente me pregunta que por qué no la continué; me sabe muy mal que se quedara a medias por los lectores que se la compraban, porque a mi como fan me hubiera tocado mucho las narices que me hicieran eso, pero hoy por hoy mi estilo ha ido evolucionando mucho y, ni me veo dibujando como antes para acabar la serie, ni creo que sea correcto acabarla con mi estilo actual, porque no pegarían ni con cola la primera parte con la segunda. La tercera opción sería que escribiera el guión y buscara un dibujante con un estilo parecido al que tenía antes, pero tampoco es algo que me haya propuesto seriamente; no he hecho ningún casting en plan Operación Triunfo para buscar sustituto.  

UNA APORTACIÓN AL UNIVERSO DRAGON FALL (1996)
Nacho Fernández era en este aspecto muy profesional y entregaba siempre a tiempo las páginas de Dragon Fall, pero hubo un momento en el que estaba hasta las narices y, según tengo entendido, le pidió al editor de la serie un mes de vacaciones para dedicarse a otras cosas. Entonces me llamaron de Camaleón Ediciones. Eso fue en verano, y la primera noticia que tuve fue una llamada de Alex o de Juan Carlos [Gómez] preguntándome si me interesaría hacer un especial de verano de Dragon Fall. No sé qué respondí, pero conociéndome debió de ser algo así como “¿Cuánto pagáis?”. Y la respuesta me satisfizo sobremanera, así que me pasé el verano haciéndolo. Como la fecha de entrega era muy justa, tuvimos que recurrir a Álvaro López, el entintador habitual de Nacho, para acabarlo.
     Yo era autor de Camaleón, con lo que conseguía de gorra todos sus cómics, o sea que leerme Dragon Fall me lo leía. Del tema del especial en concreto no hablé con Nacho, pero lo comentamos con los capitostes de Camaleón para no pisarnos temas. El especial parodiaba Dragon Ball GT, y como ellos parodiaban la primera serie, yo iba a parodiar la segunda serie de animación hecha a posteriori. El contenido del especial no perjudicaba a las posibles tramas argumentales de la serie original, y por otro lado era el tema que estaba de moda por aquella época. O sea, que editar un producto que parodiase Dragon Ball GT era una jugada maestra. 

ESEDÉ: OTRA VUELTA DE TUERCA A LA PARODIA MANGA (1996-1997)
Niñotaku se acabó por dos motivos. El primero, porque era un soberano coñazo documentarse del estilo de un autor para cada viñeta o cada chiste. Probablemente perdía tanto tiempo documentándome y haciendo pruebas para imitar un estilo como haciendo la viñeta en sí. Al final, me di cuenta de que no me salía a cuenta. Y el segundo de los motivos fue que me sentía muy constreñido con chistes de una o pocas viñetas. Quería expandirme, aunque fuera con historias de una o dos páginas. Creo que soy un autor que puede hacer humor con relativa facilidad en historias un poco largas, pero no me veo haciendo chistes sueltos. Decidí cortarla, y a partir de ahí hubo todo un movimiento del fandom, que le había cogido un montón de cariño al personaje; se manifestaban en salones del manga y del cómic a mi alrededor, exigiéndome que la retomase, lo cual era muy halagador por un lado, pero un soberano coñazo por otro.
     Puestos a sustituirlo por algo, decidí continuar con la idea que había iniciando en la revista Otaku de Norma hacía unos meses, y que consistía en parodias de una o dos páginas de manga, pero ya sin imitar el estilo de los autores, sino puliendo un poco el mío. Ya que Otaku había cerrado, decidí retomar esa idea para Kame y continuar allí con eSeDé. S.D. son las siglas de Super Deformed, que es una de las maneras que tienen en Japón de llamar a las parodias cabezonas de personajes populares. 

ENTREVISTAS GRÁFICAS PARA NEKO (1997)
No sé cómo empezó la serie Mangajes del oficio en Neko. Creo recordar que alguna vez hablamos de que mi colaboración en la revista podía consistir en entrevistas. A Alex Samaranch le interesó el tema porque se habían publicado entrevistas en Neko, pero a los lectores no les acababan de convencer. Hacer entrevistas gráficas era una buena opción para una sección que él y yo considerábamos crucial en una revista de este tipo; así, por decirlo de alguna forma, se endulzaban, de forma que no fuesen un palo para el lector. Las entrevistas eran reales: quedaba con el entrevistado, llevaba una lista de preguntas, se las hacía, me respondía, y una vez en mi casa iba cogiendo una pregunta de aquí y otra de allá, hilvanándolas de manera que pareciese todo súper profesional y tuviese gracia leerlo. Introducía algunos chistes nuevos, pero la mayoría se los hacía yo mismo en directo al entrevistado. 

MANGA +: LA PÁGINA HUMORÍSTICA PROMOCIONAL (1998-2000)
Ana María Meca me llamó para ver si me interesaba una sección fija como la que estaba haciendo por aquel entonces Álvaro López, para cubrir huecos en los mangas de Planeta DeAgostini. Muchas veces, por cuestiones de maquetación, un tebeo tenía por ejemplo 60 páginas y de manga sólo había 52, entonces lo rellenaban con correos de lectores u otra secciones para no agobiar al lector con mucha página de publicidad. A mí me interesaba el tema, y le propuse una idea que había tenido un amigo mío: hacer entrevistas a personajes, cosa que podía dar mucho juego. Ana María aceptó,  porque entrevistando a los personajes de las series que publicaba Planeta DeAgostini se hacía publicidad, y podías provocar que a un lector le picase el gusanillo y se comprase ese título. Manga + era una especie de página humorística-promocional. No creo que esa serie me proporcionase bastantes más lectores o más fans. Opino que hay dos tipos de lectores de manga: los ocasionales, que de vez en cuando se lo compran porque les suena de la tele, y los verdaderos fans del manga, que se compran sus colecciones con criterio y tienen sus autores favoritos. Estos últimos, al ser fans, supongo que también se compraban revistas sobre manga como Kame o Neko, o sea que ya me conocían. Los lectores ocasionales veían de vez en cuando una página graciosa mía por allí, pero de la misma manera que no creo que siguiesen a pie juntillas toda la información de autores y mangas que se estaban publicando, tampoco creo que me siguiesen a mí. Quizá gané lectores, pero no seguidores, tal y como yo lo veo.  

DR FILES: PRIMER TEBEO PROPIO EN PLANETA-DEAGOSTINI (1998)
DR Files se publicó porque increíblemente conseguí camelar a un señor llamado Toni Guiral, que por aquel entonces era el encargado de editar cómics de autores españoles en Planeta DeAgostini, entre otras cosas. Me apetecía sacar un tebeo propio pero no sabía qué material podía recopilar, hasta que caí en la cuenta de que tenía unas cuantas historias cortas esparcidas por ahí sin aparentemente ningún nexo en común. Por un lado, la historieta que ganó el concurso del Salón del Manga; por otro, la continuación de esa historieta que hice para Kame; luego, una historia realizada para otro concurso, éste de espeleología, y una historieta corta, autobiográfica, que hice para el catálogo del II Salón del Manga. A eso hay que sumar una historia de 8 páginas realizada para la revista Otaku. Pensé que una manera de englobar todas las historias, de forma que hubiese una justificación para que cómics tan diversos estuvieran juntos en la misma publicación, sería Expediente X. Yo era fan de la serie y una de las cosas que más me gustaba era que no sabías exactamente con qué te podías encontrar en cada capítulo; podía ir tanto de invasiones alenígenas como de posesiones demoníacas. O sea que pensé que, puestos a parodiar, parodio también esto y hago una especie de remedo de Expediente X en el que los protagonistas investigan varios casos, que son las historias. Ya teníamos un nexo en común, y una parodia de Expediente X, que estaba pegando muy fuerte por aquel entonces, podía generar bastantes lectores. DR Files supuso para mí algo especial, en el sentido de que yo hacía muchos años que estaba comprando cómics de Planeta DeAgostini, y cuando tuve claro que quería dedicarme a esto de los cómics siempre me vi trabajando para esta editorial. Publicar un tebeo en Planeta DeAgostini me hizo pensar que había llegado donde quería.    

FANHUNTER MADE IN DR (1999)
He de reconocer que cuando me llamaron de Planeta-DeAgostini para escribir y dibujar Fanhunter Reburn sólo conocía el universo Fanhunter de Cels Piñol de oídas. Había leído las cosas de Cels publicadas por Planeta-DeAgostini, es decir, Fan con Nata y Fan Letal, y me gustaban bastante, entre otras cosas porque eran la demostración de que cuenta más un buen guión que un buen dibujo. Cuando se me propuso la colaboración Cels me pasó todo lo que había publicado de Fanhunter y en medio mes me puse al día. A diferencia de con Dragon Fall, un universo sin reglas, en esta obra tuve la sensación, que no había tenido de nunca, de estar trabajando con personajes de otro autor que tienen una personalidad muy definida y que se han de mover por ciertos sitios y han de reaccionar de formas muy concretas. Era un poco como trabajar con los americanos, por decirlo de alguna manera, siempre con Cels detrás diciendo “esto está bien pero este personaje no se metería en las alcantarillas por tal razón”, o “este personaje haría otra cosa”. Pero fue divertido, y una oportunidad de darme a conocer a más gente de la que ya me conocía, ampliando mi abanico de lectores.  

LOS 4 FAT-TÁSTICOS Y LA PÁGINA DE DOLMEN (1998-2000)
Cuando Toni Guiral y Ana María Meca decidieron dejar sus cargos en Planeta DeAgostini y unirse a Camaleón Ediciones para renovar la línea de cómics, una de las primeras cosas que hicieron fue lavarle la cara a Slumberland, transformándolo en Slumber, una revista con bastantes más páginas. Fue entonces cuando me propusieron realizar una página humorística, encargo que acepté encantado porque me gustaba el hecho de que Slumberland no estuviera dirigida sólo a lectores de manga, sino a lectores de todo tipo. Aunque me gustaba mucho el manga ya se me estaba empezando a pasar el fanatismo; estaba volviendo a leer cómic americano y a investigar con el cómic europeo, ese gran desconocido. La idea de Los 4 Fat-tásticos surge de una conversación con Jordi Alcaraz, un amigo mío, a raíz de la cual decidí que los protagonistas, al menos en esa primera historia, fueran el staff directivo de Camaleón, pero un poco más orondos de lo habitual. Poseo una especie de humor gamberro que sé que siempre funciona, cosa que ya comprobé en el instituto. Un día me castigaron y tuve que escribir una redacción, que debía leer al día siguiente delante de toda la clase. Como soy muy de la broma, escribí una redacción humorística metiéndome con la profesora que me había castigado, porque con ella había bastante buen rollito y sabía que tenía sentido del humor. Al día siguiente, leyendo la redacción en la clase pude comprobar que meterse con la “autoridad” provoca, por lo chocante, más hilaridad de la que puedan tener los chistes. Creo que a partir de entonces he ido explotando este estilo, primero en Kame, riéndome de Nuria Teuler y el resto del Studio Inu, después en Manga +, donde aparecían Ana María Meca y luego Jaime Rodríguez, que eran mis jefes; en eSeDé también se podía ver a gente del mundillo, como Óscar Valiente, así que con la nueva serie para Slumber seguí los mismos pasos. De entrada, me cachondeé de los cuatro jefes de la empresa que me había dado el trabajo y, en la segunda página, visto que había quedado bastante resultona la primera, pensé que, en vistas de que tenían sentido del humor y no me habían enviado al cuerno, igual toda la gente era así. 
     Cuando cerró Camaleón sus responsables se movieron para alojar la serie en otra publicación, y hablaron con Vicente García de Dolmen para ver si le interesaba. Teniendo en cuenta los temas que trataba Dolmen la serie no desentonaba demasiado con el espíritu de la revista. A Vicente García le habían parecido graciosas las páginas de Slumber, por lo que no hubo ningún problema para seguir con la serie en Dolmen.
     Todos los que conocen a Vicente saben lo diplomático que es y lo poco que le gustan los líos. De entrada, quiso curarse en salud y, sabiendo lo ácido que podía llegar a ser yo en determinadas ocasiones, en el editorial del primer Dolmen en el que colaboré ya explicaba que si a alguna persona de la industria no le gustaba mi humor o no quería aparecer por el motivo que fuese, que no tuviera ningún problema en comunicárnoslo y que no saldría en mis páginas. Nadie llamó, nadie dijo nada. Más bien al contrario; por ejemplo, con los de Dude me quemé un montón, de hecho popularicé lo de “El mes que viene, Supreme”, y aun así cada vez que los veía en los salones insistían en que querían comprarme el original de la página en la que aparecían por primera vez. O sea que ni ellos ni nadie demostró tener ningún problema por aparecer en mis páginas, al menos de puertas para fuera. Cuando llegó la hora de realizar la página para el nº 51 de Dolmen decidí poner en práctica una idea que había surgido hacía meses en una conversación con un amigo. Hablando medio en broma llegamos a la conclusión de que se podía hacer perfectamente un parodia de El Imperio Contraataca con Antonio Martín y Cels Piñol, en sustitución de Darth Vader y Luke Skywalker. Ese mes en concreto decidí utilizar la idea porque el tema de la poca amistad que había entre ellos estaba de candente actualidad; además, ese Dolmen trataba el tema del salón, lo que era un motivo como cualquier otro para justificar el que se encontrasen en aquella historia. La idea original de la página era hacer una parodia del final de El Imperio Contraataca (de hecho, hay frases que están fusiladas de la película), y explotar de una manera humorística las desavenencias que había entre esos dos personajes del mundillo. Más concretamente, dejando de lado la página y centrándonos en la viñeta problemática, se ha de entender el diálogo en su contexto. Es decir, hacía unos meses que a Cels Piñol no le habían renovado el contrato en Planeta DeAgostini; aunque aparentemente había sido una decisión de la editorial, según comentó el propio Cels era algo personal de Antonio Martín. Fuese como fuese, la cuestión es que justo después de la no renovación de su contrato, Cels Piñol envío un comunicado a la revista Dolmen que fue publicado al mes siguiente (no sé si apareció publicado en otras revistas) en el que entre otras cosas decía que no pensaba hacer declaraciones burras al respecto, y que iba a mantenerse sereno, lo que me pareció correctísimo por su parte. Lo que pasó fue que al mes siguiente, en su columna de opinión de Dolmen, “¿Qué pasó en Newcastle?”, desoyó sus propias palabras y se quedó a gusto haciendo un listado de cosas que si él fuera jefe no le haría jamás a un empleado; no había que ser muy espabilado para darse cuenta de quién estaba hablando. Como con algunos de los puntos que aparecían en la lista se quedó bastante a gusto, decidí parodiar esa actitud poco coherente, por decirlo suavemente, en esa viñeta, haciéndole decir la ya famosa frase de “Pienso mantener el respetuoso silencio que vengo manteniendo sobre ti”, en referencia a cuando había dicho que no iba a hacer declaraciones burras. En la segunda parte de la frase, después de la coma, incluí el listado de epítetos malsonantes que ya conocemos todos, parodiando lo que dijo en su columna de opinión. O sea, que en esa viñeta lo que estaba haciendo era criticar jocosamente la actitud contradictoria de Cels. Recordemos que por aquel entonces Antonio Martín todavía era mi jefe, o sea que no iba a ser tan estúpido como para ir a mala hostia.

VETO Y DENUNCIA (2000)
De la denuncia por injurias no me enteré hasta dos meses después. De lo primero que me enteré fue del veto en Planeta DeAgostini. Uno de los primeros marrones que se tuvo que comer el sustituto de Antonio Martín, Jesús Pece, recién estrenado su cargo, fue llamarme a su despacho y decirme que la empresa había decido prescindir de mis servicios por culpa de esa página. Al principio esto me impactó un montón porque, como he dicho antes, desde que coleccionaba cómics mi objetivo era Planeta DeAgostini y, en aquel momento, sin comerlo ni beberlo, me hallaba privado de ese objetivo. Al cabo de unos meses ya me di cuenta de que en este santo país, por muy de Planeta DeAgostini que seas, no me iba a ganar las alubias. Probablemente lo que tenía que haber hecho es irme fuera, ya sea al mercado japonés, al mercado americano o al europeo, pero aquí no iba a hacer nada, con lo que ya no me molestaba tanto lo de Planeta DeAgostini. Aparte de que el veto tampoco significó demasiado económicamente, porque sólo les estaba haciendo una página al mes. Por lo que sí me molestó fue porque justo unas semanas antes Jaime Rodríguez, el editor de la línea Manga, Jesús Pece y yo habíamos estado comentando la posibilidad de recopilar los Manga + porque ya había material suficiente; evidentemente, esa publicación quedó abortada en el momento en el que me vetaron. Tampoco le di tanta importancia ni quise verlo como algo personal, porque al fin y al cabo había sido una decisión de la empresa. Al cabo de dos meses, Vicente García me llamó por teléfono y me comentó que le había llegado un comunicado del juzgado de Mallorca en el que decían que Antonio Martín nos había puesto una querella por injurias contra Vicente y contra mí; nos exigía cinco millones de pesetas a causa del diálogo que antes he citado. Yo aluciné por un tubo, estuve cinco minutos diciéndole a Vicente que si era una broma o qué, hasta que al fin me di cuenta de que la cosa iba en serio. Además, estaba preocupado porque a mí no me había llegado la denuncia. Vicente me comentó que intentaría hablar con Antonio Martín para solucionar el tema, yo llamé a Tortosa para saber si me habían enviado la denuncia allí pero mi familia me dijo que no. Por lo que sé, el mismo día en el que le llegó la querella Vicente intentó hablar con Antonio Martín, pero fue como hablar con una pared. Yo también quería hablar con él para aclararle las cosas y hacerle ver que no tenía nada en contra suya; es más, llevaba leyendo cómics desde jovencito en los que le citaban como “el Dire”; era el que escribía artículos, era el jefe de todo el cotarro, a mí me parecía que era la persona gracias a la cual salían todos los tebeos que había devorado desde pequeño. O sea que más que tenerle manía le tenía en un pedestal, al señor. Al cabo de una semana y pico, harto de que mi familia en Tortosa me dijera que no les había llegado nada, le pedí a Vicente que me enviase por fax la copia de su querella, y una vez me la leí, ya con conocimiento de causa, fue cuando llamé a Antonio Martín.
     Intenté explicarle que quien tenía que sentirse ofendido, entre comillas, por la página era Cels Piñol, porque en esa viñeta en concreto contra quien estaba cargando las tintas era contra él. Intenté explicárselo de varias maneras, de hacerle entender que yo contra él no tenía nada ni tenía por qué tener nada, pero al cabo de veinte minutos en los que sólo hablaba yo y él respondía con monosílabos y de mal humor y de comprobar que no entraba en razón, desistí. Le dije que lamentaba que le hubiera sentado mal pero que en ningún momento había sido esa intención. Por lo que sé, Vicente estuvo en todo momento intentando arreglar las cosas con Antonio pero con los mismos nulos resultados. Luego supe que la querella que iba dirigida a mí se había traspapelado en los juzgados de Tortosa, por lo que tuve que ir a buscarla. Aconsejado por una amiga me busqué un abogado, porque me comentó que aunque fuese una chorrada esas cosas podían llegar a ser serias, como desgraciadamente se ha comprobado luego. Me asesoré, busqué un abogado, estuve dos horas explicándole a un profano quién era Antonio Martín, quién era Cels Piñol, qué era Planeta DeAgostini, qué era un cómic, todo. Tras escucharme, llegó a la conclusión de que yo tenía razón; efectivamente me estaba metiendo con Cels Piñol, no con Antonio Martín. Quiero decir que soy consciente de que, de entrada, para un profano en esta materia puede parecer que soy un pedazo de cabrón por soltar toda esa serie de lindezas contra el Sr. Antonio Martín, pero también creo que si a esa persona le explicas detenidamente el contexto de la situación acaba entendiendo perfectamente, si hay  buena fe por su parte, que no me estaba metiendo contra el Sr. Antonio Martín. Contra el que, repito, aún hoy en día no tengo nada y me sabe mal si realmente le ofendí. Yo creo que hablando se entiende la gente, pero con este señor fue imposible, y mira que lo intentamos. Incluso le dije a Vicente, cuando iban a recopilarse todas las páginas de Dolmen para Haciendo amigos, “Oye, la página no fue hecha con esa intención, pero ya que ha provocado esta reacción, mejor la cambiamos”. Vicente, evidentemente, no tuvo ningún problema. Cambié los diálogos y, en el mismo cómic, en el “Quién es quién” del principio, no dudé en disculparme de nuevo públicamente ante Antonio Martín. Tanto Vicente como yo nos hemos disculpado varias veces en privado y públicamente con Antonio Martín. 

DOS SENTENCIAS CONTRADICTORIAS (2002)
La primera sentencia nos absuelve totalmente tanto a Vicente como a mí. Como ya nos había advertido nuestro abogado, el de Antonio Martín recurrió la sentencia. De hecho, nuestros abogados ya nos pusieron los pies en el suelo, explicándonos que probablemente la primera sentencia sería favorable porque habría un juicio oral e íbamos a estar de cuerpo presente tanto Vicente como yo, dando nuestra opinión, y se vería que en realidad somos, pues lo que somos, unos jóvenes pringados. Para nuestra defensa era bastante importante la presencia de Cels Piñol para que él mismo explicase que en esa viñeta de quien se estaban burlando era de él, y que la ristra de epítetos malsonantes era un simple recurso para parodiar su actitud. Pedimos su presencia, pero al final Cels no fue, por motivos “x” que aún hoy en día no tengo claros. Envió un escrito que nuestros abogados ya le dejaron claro que de poco iba a servir, que lo que necesitábamos era su presencia, pero en vistas de que no atendía a razones aceptamos el escrito. El abogado de Antonio Martín se quitó de en medio ese escrito en medio minuto.
     Cuando el abogado de Antonio Martín presentó el recurso, nuestros abogados ya nos advirtieron de que no las tuviéramos todas con nosotros, porque el segundo juez que iba a examinar el caso lo iba a hacer basándose en las pruebas y en las transcripciones del primer juicio, y eso no era lo mismo que tenernos a nosotros presentes. Lo que queda escrito es más frío, y es cierto que esos insultos pesan mucho; y si no acabas de entender el motivo y el contexto en el que fueron hechos... Pasa lo que pasa. La nueva sentencia no le da la razón del todo a Antonio Martín, pero aunque no nos hemos de comer los 5 millones sí que hay un buen pico a pagar. La segunda sentencia absuelve a Vicente por un error tonto, que consiste en que el abogado de Antonio Martín se querella tanto contra a él como contra mí por la autoría de la página, cuando Vicente García no es el autor, sino el editor, o sea que lo que ha hecho es amparar en su publicación una página pretendidamente injuriosa. Es un delito diferente. El abogado de Antonio Martín lo que tenía que haber hecho es citar contra mí un apartado del código penal y otro distinto contra Vicente. La sentencia me obliga a darle al estado 720 euros a pagar en cuatro cómodas mensualidades, y por otro lado, en concepto de compensación moral, pagarle al Sr. Antonio Martín 4.000 euros, y luego pagar lo que se llevan los leguleyos, que son los que salen ganando en estos casos. Los míos ya llevan 1.800 euros... y lo que me queda; y hoy por hoy estoy a la espera de que se me comunique cuánto quiere el abogado de Antonio Martín. El siguiente paso de esta especie de historia interminable es que la gente del juzgado se pone en contacto con Antonio Martín y le comunica que ha ganado, pero ahora ha de decidir si se conforma con que le hayan dado la razón y ya está o quiere además cobrar la sentencia. Si el Sr. Martín quisiera, los 4.000 euros que le he dar en compensación por daños morales podría perdonarlos. De todas formas, esto es un puro trámite; he leído en una página web un escrito del propio Antonio Martín en el que aseguraba que no estaba interesado en el dinero, pero que si ganaba pensaba cobrarlo para luego donarlo a alguna persona o institución que trabaje en favor del cómic. Una vez dado este paso, se me comunicará la cantidad exacta que le he de pagar y la minuta de sus abogados.

ARTÍCULO 20 (2003)
Me enteré de la sentencia justo un día antes de Navidad, con lo que pasé unas fiestas la mar de divertidas. Hacia el final me las endulzaron un poco con la noticia que me dio la gente de Fénix, quienes me comunicaron que se estaba moviendo un proyecto que habían iniciado los de Astiberri para editar un cómic benéfico, de manera que el dinero resultante de su venta me ayudase a pagar, al menos en parte, el dinero que debía abonar al estado y a Antonio Martín y sus abogados. Astiberri se puso en contacto con Fénix para saber si querían colaborar, y Fénix accedió inmediatamente para asumir las labores de coordinación, maquetación, etc. Antes de poner en marcha Artículo 20 me lo consultaron para saber si estaba de acuerdo y darles mi permiso, porque igual no me interesaba la iniciativa por la razón que fuera; evidentemente me iba a resultar muy difícil conseguir todo este pastón, así que aparte de agradecérselo les dije que perfecto. Después se sumó Vicente García de Dolmen Editorial, y entre todos sacaron sus superagendas para contactar a la creme de la creme del cómic español. La verdad es que en esos momentos estaba trabajando en Fénix y veía todos los días el esfuerzo que se estaba realizando, pero un poco por miedo no quise preguntar cómo iba la cosa, porque me temía que sólo hubieran aceptado dos o tres autores. Al cabo de unas semanas, navegando por Cómic a gritos, Koldo, un colaborador de Astiberri, de la revista Trama, colgó una lista de los autores que de momento habían confirmado su presencia en el libro. Me encontré con una lista de 56 autores que me estaban dando su apoyo. Sé que quedará ñoño decirlo, pero comencé a llorar como una magdalena mirando la pantalla del ordenador. Eso me alegró bastante. Eso y el apoyo de todos los fans que escribían en las webs sobre cómics. Creo que aquello me hizo reflexionar y madurar un poco, porque hasta ese momento había considerado que estos gestos simbólicos eran un poco estúpidos; siempre me había planteado de qué le servían al afectado. Pero una vez he sido yo el afectado, me he dado cuenta de la salud mental que proporciona el hecho de que haya mucha gente que te esté apoyando, lo que quiero agradecer desde aquí a todos los autores que colaboraron en Artículo 20, pero también a la gente anónima que escribió en diferentes webs. 

VOLVIENDO AL CÓMIC: PARODIAS PORNO (2000)
Cuando Vicente editó Eros Comix yo era uno de los autores que tenía más a mano, porque estaba colaborando para Dolmen, así que pensó que podría estar bien que hubiera algo humorístico en su revista y colaboré en los números 1 y 2. La primera historieta era una especie de parodia de Superman y la segunda de Gran Hermano, que por aquella época estaba en la cresta de la ola. La otra colaboración erótica la hice para Penthouse Comix pero sólo fue como guionista y colorista, el dibujante era Sergio Sandoval, uno de los autores de Tanhauser. La historieta se titulaba Ladilla Man y era una parodia pasada de vueltas de Spiderman; la verdad es que estoy bastante satisfecho de cómo quedó. Esta colaboración fue circunstancial, la hice porque me apetecía colaborar con Sergio, al que considero un dibujante buenísimo que no comprendo cómo aún no está trabajando para los norteamericanos, porque, de hecho, calidad para ello la tiene ahora y la tenía hace años.  

MINIMONSTERS, ¡DIBUS! Y CÓMICS PARA NIÑOS (2000-2003)
Si te fijas en mi bibliografía comprobarás que siempre me ha interesado dirigirme a públicos distintos. Comencé con los otakus, después intenté abrirme a los lectores de superhéroes con la colaboración en Slumber y luego en Dolmen; también a los adultos, con mis colaboraciones esporádicas en revistas eróticas, e intenté darme a conocer a los lectores de Fanhunter. Por lo tanto, la serie MiniMonsters que realizo para ¡Dibus! es una faceta más con la que sumar lectores, por decirlo de alguna manera. Porque si algo tengo claro es que si ya hay pocos lectores en España, no puedes limitarte a un género en concreto. Aunque a la gente le pueda chocar que me dedique a lectores infantiles, la verdad es que una de las espinas que todavía tengo clavadas es la de hacer un libro de ilustraciones infantil, porque a mí este tema me interesa mucho. Porque si bien es cierto que puedo ser súper ácido y súper borde si quiero, también es cierto que si te fijas en mis primeras obras, sobre todo en Mi pequeño Tomoka, te darás cuenta de que cuando quiero puedo ser ñoño como el que más. Simplemente, si descarté esa ternura, por decirlo de alguna manera, y me decanté más por la ironía fue porque vi que al público que me seguía antes le gustaba más lo segundo. Trabajando para críos tenía la oportunidad de no ser tan ácido, de hacer algo más simpático, más light, más suave, como quieras llamarlo; pero quiero que quede claro, porque me lo ha comentado mucha gente y están equivocados, que no lo estoy haciendo por dinero o por publicar algo. Lo disfruto tanto o más que otras cosas porque los personajes son míos, no son parodias, o son parodias de algo tan genérico como puedan ser los vampiros, los hombres lobo, etc.
     Hay otra razón que me hizo decidir abordar este proyecto: poder trabajar en color. Tenía muchas ganar de publicar algo en color, y ¡Dibus! me lo propuso. La revista es un proyecto ideado por Óscar Valiente, que fue coordinado en sus primeros números por José Miguel Álvarez; ambos me conocían, les gustaba mi trabajo y tuvieron bastante claro que podían contar conmigo para la revista. Me dijeron que les había gustado mucho una historieta corta que hice para el libro de Estudio Fénix Cómo dibujar monstruos, editado por Martínez Roca, una historia protagonizada por un Drácula, un monstruo de Frankenstein, una momia, un fantasma y un hombre lobo, y me pidieron si podía seguir con los mismos personajes. Pensé que la serie tenía mucho potencial, retoqué un poco a los personajes y les quité esa especie de look clónico a Toriyama que tenían al principio. Por suerte, a los críos también les gusta la serie, hasta el punto de que les pedí a los editores ampliar el número de páginas de 1 a 2 y no pusieron ningún problema. Luego colaboré en más proyectos para ¡Dibus! y ¡Dibucómics!, como las tiras de Dino Kid o los guiones de Opikú y Jill, una serie cuyos personajes, universo, etc, han sido creados por Samuel García, un dibujante que me gusta mucho a pesar de la poca experiencia que tiene; además, uno de los personajes de Opikú y Jill parece hecho por Trondheim, que ahora mismo está en lo más alto en mi altar de favoritos. De hecho, el concepto de MiniMonsters le gustó tanto a Norma que se planteaban y se siguen planteando hacer una serie de animación con los personajes. Se da el caso de que los diseños son muy vistosos pero además muy sencillos, con lo que son “animables” al cien por cien. De momento el proyecto está un poco congelado porque las series de animación prioritarias para Norma son Tom y Fórmula Nitro. Además, con series como ésta puedes acostumbrar o educar a los niños a leer tebeos, que es algo que en este país desgraciadamente se ha perdido. El promedio de edad de lectores de cómics sigue subiendo y subiendo alarmantemente porque no se genera savia nueva, tal vez porque los chavales se decantan por los videojuegos, juegos de cartas o series de televisión. En este aspecto, ¡Dibus! ofrece un producto muy digno, porque si bien engancha a los críos con temas de portada como Pokémon, Harry Potter, Digimon o El señor de los anillos, en el interior, además de una parte didáctica para enseñar a dibujar, tienen los cómics. Es posible que a muchos lectores se la suden los cómics, pero sólo con que se consiga interesar al 10% creo que ese trabajo sirve para generar nuevos lectores.  

A VUELTAS CON DRAGON FALL (2001-2003)
En 2001 se planeta la posibilidad de reeditar Dragon Fall, lo que a mí, a priori, me parecía un poco arriesgado, porque si Dragon Fall había sido un boom hacía años ahora pegaban fuerte otras cosas, y no creía que fuera a funcionar. Me ofrecieron colaborar en los dos primeros tomos con dos historias de complemento, y como a mí Dragon Ball me tira mucho, la oferta me parecía buena y podía permitírmelo por cuestión de tiempo, acepté. La primera historia la dibujó Núria Peris, la dibujante de El vuelo de Skhum, y la verdad es que me divertí mucho. La edición en tomos sorprendentemente funcionó muy bien y continuó, así que siguieron requiriendo mis servicios. Me planteé las historias pasando un poco de lo que se había hecho hasta ahora con Dragon Fall, y como considero que éste es un universo sin reglas fijas, lo que he estado intentando hacer es alumbrar esos puntos oscuros que cuando yo era fan de Dragon Ball me hubiera gustado ver reflejados en la serie, del tipo: ¿por qué Píccolo tuvo que abandonar su planeta y fue a parar a la Tierra? O, ¿cómo conoció “x” personaje a “z” personaje? Chorraditas de éstas, porque yo, de pequeño, siempre me había imaginado rellenando los huecos que dejaba el guionista con mis propias historias. Básicamente esto es lo que estoy intentando hacer, pero en coña; es decir, desmitificar las historias que yo mismo me había montado de pequeño y hacerlas de manera cronológica, para que si alguna vez se deciden a recopilar estas pequeñas historias el producto tenga cara y ojos.  

NI CONTIGO NI SIN TI... (2003)
Hoy por hoy lo que ocupa la mayoría de mi tiempo es amueblar mi salón [risas]. Aparte, sigo con mi colaboración en ¡Dibus! y con las historias cortas de Dragon Fall. Tengo intención de probar ciertas cosas, pero como ninguna es segura, tampoco quiero soltarlo y que luego no salga. En principio está todo orientado a abrirme puertas y no centrarme en el mundillo freaky comiquero, que será todo lo agradecido que quieras pero a nivel económico no puedes subsistir con 2.000 o 3.000 lectores. Colaborar en ¡Dibus!, por ejemplo, y gracias a su tirada, ha provocado que mucha gente que no me conocía se fije ahora en mí. Está por comprobar cuántos lectores son; veremos cómo funciona el álbum de MiniMonsters. Me gustaría que fuese bien para dedicarle a la serie más de las dos páginas que estoy haciendo ahora mensualmente. Pero quiero probar más cosas, y no sólo en cómics. Últimamente estoy algo desanimado, asqueado, del mundillo por la actitud de ciertas personas y por el marrón que me estoy comiendo. Ciertas actitudes las entendería si el pastel a repartir fuese enorme; no lo justificaría, pero lo entendería. Pero con lo poco que hay por repartir que según que gente actúe de según qué manera me molesta un poco. Hay días en los que pienso “a tomar por el culo”, me dedico a los lectores de ¡Dibus!, que casi no tienen nada que ver con esto porque es cómic infantil, y a otras cosas que ya no tengan nada que ver con este mundillo y ya está. Pero después hay otros días en los que pienso que desde párvulos quiero dedicarme a esto, y estoy intentando unificar las dos posturas a ver si encuentro alguna solución intermedia. Considero que MiniMonsters es un producto con cara y ojos, exportable, que se puede enseñar en el mercado franco-belga sin que se me caiga la cara de vergüenza. Lo que he hecho hasta ahora, que evidentemente está realizado con todo el cariño del mundo, no funciona cuando quieres mostrarlo en según qué países o qué contextos por el hecho de que son historias muy referenciales. En cambio, MiniMonsters es más universal, todo el mundo conoce las referencias que se manejan, cualquier lector de cómics puede entenderlas, sea de aquí, de Francia o de Tombuctú. También me gustaría explorar el tema de los guiones, ya sea en una vertiente más literaria, escribiendo un libro para críos, o en el terreno de la animación. Trabajando en Estudio Fénix uno de los encargos que realicé fueron guiones para una serie de animación, y la experiencia me resultó muy satisfactoria. Si de algo me estoy dando cuenta ahora es que dibujar me llena, pero lo que realmente me gustaría es contar historias; siempre he sido más “cuentista” que no dibujante. Soy lo suficientemente maduro como para darme cuenta de que soy un dibujante limitado, hay cosas que sé hacer pero otras no; sé exprimir mis puntos fuertes y camuflar como buenamente puedo mis debilidades. 

EL CANTO DEL EMIGRANTE (2003...)
Como fan sigo muy poco el mercado. Volviendo al espinoso tema de La Página hay algo que no he comentado: durante un breve lapso de tiempo, Planeta DeAgostini interpuso otra querella contra Vicente y contra mí, que después fue retirada sin dar explicaciones y sin ninguna disculpa por parte de la editorial. En ese lapso de tiempo en el que fue interpuesta la querella por parte de la editorial decidí, por cuestiones morales, dejar de comprar los cómics de Planeta. Por supuesto que no se iban a arruinar por mi decisión, pero no quería ayudar a que se enriqueciera gente que estaba actuando, a mi entender, de forma errónea. Al cabo de unos meses me di cuenta de que no los añoraba en absoluto, pude dejar todos los cómics de Planeta DeAgostini sin que me doliera lo más mínimo. Y entre el asqueamiento general por este tema y otras razones he ido dejando de comprar cómics; hoy mismo puedo decirte que llevo seis meses sin comprarme nada. Echo de menos algunas cositas, como Detective Conan, Monster o lo de Trondheim que no edita Norma, porque no lo puedo conseguir “de gratix”, pero me encuentro en una etapa en la que estoy muy a gusto sin cómics, no los necesito para nada; tengo mis gastos dirigidos a otras actividades, y no sé si volveré a comprarlos cuando se me pase este malestar hacia la industria. Como autor, básicamente tengo claro que o sales fuera o te comes los mocos. O publicas en el extranjero o sales del mundillo y publicas en revistas generales o periódicos. Vivir lo que se dice vivir de los cómics, o eres un fenómeno como Cels Piñol, que se da muy pocas veces, o lo tienes crudo.

Entrevista realizada por Antoni Guiral, cedida para Guía del Cómic. Fue publicada originalmente en la revista U #27 (Asociación Cultural U, mayo de 2004). Documento creado en marzo de 2010.