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Entrevista a Paco Alcázar

Por Borja Crespo (*)

Cierro los ojos. Abro mi mente. Me pierdo en un laberinto lleno de recovecos. Algunos rincones son muy oscuros. Otros están iluminados con una luz clara. Cegadora. Me hablan las paredes. Me encuentro con gente rara. Un perro tiene una vagina en el vientre. Me mira. Me dice algo ininteligible y siento que quiero acariciarle. Me acerco. Se convierte en un funcionario de correos que quiere masturbarme. No le dejo. Huyo. Me doy asco. O no sé si soy feliz. Abro los ojos. Miro a mi alrededor. Nada es lo que parece. Veo cosas muertas. Tengo miedo. Me está creciendo una lengua en la frente. Que alguien me ayude. ¡Socorro! Help me! Help me!

No me he despertado de ninguna pesadilla. He estado despierto siempre. Además no he tomado nada raro, excepto un menú de oferta 2 x 1 en la hamburguesería superespacial de la esquina. Pero de eso hace tres semanas. ¿Qué ha afectado a mis sentidos? ¿Qué extraño virus se apodera de mi? El Dr. Alcázar me atiende en su consulta. Me lo ha recomendado un amigo que toda la vida. Un día se levantó creyéndose una planta, pero ahora está bien, aunque de vez en cuando grita muy fuerte en el metro: “¡Vamos a morir todos!”.

LO TENGO DESDE QUE ERA PEQUEÑO (ÚLTIMAMENTE ME DA DENTERA)

El Dr. Alcázar escucha mis problemas mientras toma notas en una pequeña libreta. A su lado hay una enfermera, con cara de anciano, que me mira fijamente mientras se toca la entrepierna. No sé que pensar. La consulta está llena de plantas, e imagino que una de ellas puede ser mi amigo. Empiezo a sudar. La luz se va apagando. Soy víctima de una sesión de hipnosis. En otra vida fui redactor de una revista de tendencias y alguien, en esa oscura época, me sometió a terribles vejaciones que han hecho mella en mi cerebro. Estoy traumatizado. Sueño que soy un dibujo. Un garabato. Me pierdo entre viñetas.

Alguien me habla y me tranquilizo. “Recuerdo que siendo muy crío, al terminar de leerme dos tomos enormes de El Hombre Enmascarado, le dije a mi madre que de mayor quería ser dibujante de tebeos. No es que yo mismo me tomara muy en serio aquello, pero la verdad es que no he dejado de dibujar desde entonces”. Ahora entiendo, esto es una regresión, y estoy escuchando a uno de mis entrevistados en tiempos pretéritos. Se parece al Dr. Alcázar. Es tímido. Retraído. Me dejo llevar por sus palabras e interpreto mi papel. Estamos sentados en una pizzería, completamente vacía. Entre las manos tengo un ejemplar de una revista. “En 1990 empecé a estudiar Diseño Gráfico en la Escuela Massana, en Barcelona, y a través de un amigo conocí a la gente de “Arrrebato”. Aunque ya había publicado antes en algún fanzine super-cutrón, allí salieron mis primeras páginas un poco más presentables”.

Sobre la mesa, entre los restos de pizza, hay otras publicaciones. Mientras escucho a mi interlocutor ojeo una especie de fanzine en blanco y negro de pequeño formato. Está manchado de grasa y algunas páginas están pegadas, supongo que por culpa del extra de queso. Hay un montón de dibujos con personajes con cabezas cuadradas que hacen cosas feas, pero se ríen. Hay mucho humor negro, y la simpleza de los dibujos contrasta con los retorcidos temas que describen. Veo despedazamientos, sodomizaciones y pedofilia. Se llama “The Lovesucks Experience”, una recopilación de historietas publicadas con anterioridad en las páginas de “Mono Gráfico”. Tienen diez años. ¿Diez años supurando viñetas?

SZIG UNO, SZIG DOS, SZIG TRES, SZIG CUATRO...

Sigo oyendo a mi compañero de tertulia, al que de vez en cuando interrumpo para aliviar mi curiosidad. “A raíz de publicar mis tiras en Mono-Gráfico, comencé a tener contacto con mucha gente que tenía fanzines, sobretodo de contenido gore”, explica. “Les encantaban mis tebeos, que además resultaban perfectos para un fanzine: chistes cortos, en blanco y negro, súper bestias...”. Lo corroboro. Sangre no falta en el cómic que tengo entre mis dedos, que poco a poco me empiezan a temblar. “Aquello coincidió con una verdadera explosión de fanzines por todo el país y me dediqué a enviar mis historias a los que más me gustaban. No he contado en cuantos diferentes aparecí, pero fueron muchísimos”.

Estamos rememorando los años noventa, en plena efervescencia de las publicaciones alternativas, fagocitadas por Internet con el paso del tiempo. No confío plenamente en mi memoria. Se me calienta el cráneo. “¿El gore fue una moda más en los tebeos?”, le comento. “Bueno, en aquel momento no fue solo en los tebeos”, me contesta con cierto brillo en los ojos. “Alrededor nuestro aparecieron cientos de cortometrajes con sangre y tripas, revistas sobre el cine más sangriento y descerebrado de los años 70 y 80, grupos que le cantaban a Ed Gein...”.

Me pregunto qué tipo de público leía semejante material impúdico. La incógnita es despejada sin recelo:“Cuando dibujas tebeos nunca sabes cómo es la gente que te lee. Supongo que en aquella época mi público serían chavales bastante jóvenes, sin novia, con camisa de cuadros y jersey de pico que se pasaban los fines de semana viendo películas muy violentas y masturbándose compulsivamente”. Ha pronunciado la palabra masturbación. Siento un escalofrío. Intento dar un giro a la charla y señalo la portada de otro cómic de su cosecha que se ha quedado pegado a la mesa, empapado por un líquido pringoso que no parece Coca Cola. Se titula “¡Escarba, escarba!” y lo editó Subterfuge Comix en 1997, según los créditos. El estilo gráfico sigue siendo el mismo, con monigotes cabecicubos impregnados de hemoglobina y semen. Tienen los ojos grandes y detrás de su sonrisa esconden algo terrible.

EL TRUCO ESTA EN PONERLES SALSA HASTA OLVIDAR QUE ESTAN PODRIDOS

¿Te gusta escarbar en el lado oscuro del ser humano? “No le veo un lado más interesante. En realidad, no creo que exista un lado oscuro. Simplemente no creo que exista el Bien Absoluto. Los seres humanos somos una combinación de diversos grados de lo que se conoce como Maldad. No me gustan los personajes buenos porque no me los creo. En mis comics todos los personajes son, en principio, malos... pero con matices. Como en la vida misma”. Tan cruda respuesta me ha puesto nervioso. No se ha inmutado al contestar, como si fuera una de sus criaturas de papel. Acuchilla con sus dibujos, en un claro ejercicio de catarsis. No quiero saber en qué emplearía sus energías este sujeto si no fabricase pesadillas... ¿de mentirijillas?

Pasamos a su siguiente obra, “Porque te gusta”, también en el catálogo de Subterfuge (99), antes de que su verborrea encendida envenene mis sueños y me salpique con su insalubridad disfrazada de persona corriente. Es un delirante comic-book protagonizado por un individuo de deleznable comportamiento que vuelve a destapar deseos ocultos. Aparece la sombra del inefable Daniel Clowes (“Eightball”, “Ghost World”) y el grafismo ha mutado considerablemente. Parece haberse cansado de las vísceras y el canibalismo, aunque no sé si tomármelo como algo bueno o todo lo contrario. “Llegó un momento en el que solo podía extremar más los guiones o intentar hacer algo diferente. Me decidí a hacer lo segundo porque me apetecía mucho más probar cosas nuevas, experimentar, y no intentar alargar los chistes hasta el agotamiento”.

“Cuando empecé a dibujar páginas tan diferentes no estaba muy seguro de como iba a tomárselo la gente”, argumenta, consciente de la metamorfosis de sus retorcidas creaciones. “Mi estilo y mis historias eran tan personales y radicales que me dio la impresión de estar corriendo un cierto riesgo, pero con el cambio de estilo pude contar cosas que de la otra manera hubiera sido casi imposible, además de poder imprimir más matices a los personajes y al tono de las historias”. Leo algunas viñetas y creo perderme en una película de Lynch. No le importa confesar sus influencias a nivel gráfico. Al mentado Clowes se unen Blanquet, Vázquez, Burns, Julie Doucet, Chester Brown, Martí Riera... Cinematográficamente hablando, aquí huele a Cronenberg. “Me parecen muy interesantes algunas de sus películas, sobretodo Videodrome, Vinieron de dentro de... e Inseparables. Pero mis directores favoritos son Buñuel, Berlanga, Scorsese, Jarmusch, los hemanos Coen, y de los últimos tiempos me quedo con Spike Jonze”.

De repente aparece “Moho”, publicado por D2ble D2sis (2000), una vuelta a los comienzos, con una estética más cuidada. Regresan los inquietantes bustos parlantes. Queman mi retina. Tienen imán. “Es un tebeo que me gusta mucho. Es una especie de vuelta de tuerca al estilo ¡Escarba.... Intenté humanizar los personajes y las situaciones y creo que me salió un tebeo que refleja bastante bien mi visión de la naturaleza humana”. La fauna y flora que habita este compendio de purulentas planchas remite a las filias de M.A. Martín (“Snuff 2000”, “Psychopathia Sexualis”). “Es posible que Martín y yo compartamos alguna filia que otra, pero creo que él es mucho más estético y sus personajes son mucho menos terrenales que los míos. Creo que se me relaciona con él porque ambos retratamos la violencia con sentido del humor”.

DATE LA VUELTA, DIME LO QUE RECUERDAS

Dejémonos de tonterías. Paso a ser directo con mis preguntas. Incluso molesto. “¿Lo insano te pone?”, balbuceo sin miramientos “Me pone bastante malo, la verdad,” responde airoso, no sin irritarme. “Aunque reconozco que me atraen las historias de asesinos y enfermos mentales, mucha gente se podría sorprender de la poca gracia que me hace ver imágenes de deformidades, vísceras, enfermedades y demás. Precisamente –prosigue con tono calmado- por ese rechazo que me provocan, pueden aparecer en mis tebeos. No dibujo sobre las cosas que me excitan, dibujo sobre las cosas que andan por mi cabeza, algunas me gustan y otras no”. Le escupo un “no te andes con rodeos” y saco a relucir el sexo enfermizo que se respira en sus páginas, a ver qué puede decir en su defensa. “Si hay algo que odio son esos tebeos, películas o lo que sea, dirigidos a un público que se supone intelectualmente adulto, que retratan el sexo como algo idealizado y perfecto, basándose en las fantasías de cada cual. Lo odio. Para eso ya está la pornografía, que es algo magnífico. Creo que hay que aspirar a algo menos plano y aburrido. No sé si el sexo que aparece en mis tebeos es enfermizo, pero lo que es seguro es que no es ni previsible ni pajillero”.

Y se queda tan ancho. Y me enerva. Veo que hay hormigas sobre la mesa, correteando entre los restos de comida italiana adaptada a la era moderna para la gloria del fast-food. Uno de los tebeos se mueve. Solo. No sé si estoy volviendo a enloquecer. Siento cierto alivio cuando compruebo que el poltergeist es obra de un insecto que se asoma bajo las páginas del libreto. No puedo callarme. “¡Es nauseabundo!”, exclamo. “No me molesta en absoluto que haya gente que deteste mi trabajo, no lo hago pensando en que le guste a todo el mundo”, me contesta el entrevistado. El invertebrado me mira y me habla mientras agita sus antenas: “Todo está perdido”, dice. Curiosamente, es el título de la siguiente propuesta en la carrera de este singular dibujante. Sus hojas se agitaban ante mis ojos hace un momento, por obra y gracia de una cucaracha mutante. El tebeo fue publicado por D2ble D2sis en 2001 y las ilustraciones han sufrido otro cambio radical, aunque retratan igualmente otro zoológico ilógico de seres estrambóticos de desconcertante comportamiento. Hay surrealismo. También ecos de Charles Burns (“Black Hole”) y Roland Topor (“La cocina caníbal”).

“Me aburre la idea de dibujar siempre igual y estar atado a una misma manera de ver las cosas. Además, nunca tengo muy claro cómo voy a dibujar la historia hasta que no he terminado el guión. En Todo está perdido me dediqué a bombardear a personajes clásicos con toda clase de pesadillas surrealistas. Estuve dibujando estas tiras durante cuatro años, mientras hacía otras cosas. La historia fue creciendo y enmarañándose poco a poco y al final se convirtió en un tebeo lleno de lecturas subterráneas personales, trocitos de mí y de gente cercana a mí, todo ello con mucho humor, como en todos mis tebeos. Cuando lo terminé, no sabía si alguien lo entendería, o directamente si le gustaría a alguien”.
SI NO FUERA PORQUE HUELEN FATAL, TENDRÍA ALGUNO MAS EN CASA
Mi interlocutor no calla. Confiesa sentirse “un guionista atrapado en el cuerpo de un dibujante”, mientras la cucaracha se une a nuestra iluminada conversación, a la postre un diálogo para besugos. Me habla de “Mecanismo blanco”, su última creación, a todo color, para la revista “El Víbora”. Ignoro si mis neuronas van a aguantar tanta información sobre la vida y milagros de este voyeur de lo insano. Empiezo a sentirme otro habitante de su planeta enfermo. “Mecanismo blanco es un pequeño universo de personajes dementes, ineptos y desesperados. Aunque la historia empezó girando en torno al Dr. Lázaro, he ido ampliando y desarrollando la galería de secundarios y ya no existen unos protagonistas claros. El aspecto cromático es bastante enloquecido. El tono de la historia pide algo así. Es una fiesta de colores primarios chillones”.

Estoy entrando en fase alpha. El insecto parlante se ha subido a mi cabeza y me recuerda que el extraño personaje que tengo enfrente, con el que he compartido una asquerosa pizza, compagina las viñetas con el mundo de la música. Ha grabado maquetas, en las que toca todos los instrumentos, bajo los nombres “Black Beethoven”, “Los Superasesinos” o “Funnier Than Suicide”. “Humbert Humbert” es el proyecto al que más horas le dedica últimamente, junto a un tal Miguel B Núñez. “Se trata de una especie de dúo electro-punk”, explica. “Al principio éramos tres personas. Uno vivía en Canarias, otro en Madrid y yo en Barcelona. Todos teníamos un cuatro pistas, así que cada uno grababa una base para una canción y se la enviaba al otro, ese le añadía otra cosa y se la enviaba al último que añadía algo más y terminaba la canción. ¡Hacíamos música por correo!”.

La cucaracha empieza a tararear los grandes éxitos de este combo marciano y vuelvo a temblequear sin remedio. No me siento bien. Tengo que escapar de aquí. Me levanto, y antes de echar a correr me ofrecen una especie de fanzine con un CD. Pone “Recto”, de Under Cómic. Pienso esconderlo en cuanto llegue a casa. Me voy sin despedirme. Estoy viviendo un viaje alucinante. Algunos lo llaman paranoia. Desconfianza. Inquietud. Oigo un chasquido y despierto en la consulta del Dr. Alcázar. Me siento mejor. Efectivamente, en otra vida fui redactor de una revista de tendencias y entrevisté a un sujeto que sembró una semilla de incertidumbre en mi castigado cerebro. Espero haber logrado expulsar mis monstruos. Mi tormento. Siento un picor en el cogote. Un insecto ha anidado en mi cabeza. Es una cucaracha. ¿Me hablará?

El Dr. Alcázar me enseña su libreta. ¡Está llena de esos dibujos! “En el caso de que se me ocurriera una gran frase para resumir todo lo que he hecho”, masculla, “creo que tendría que incluir palabras como humor, pesimismo, violencia, demencia, patetismo, pelos del pecho, diversión y alguna más, así que quedaría una frase muy rara”.

SE ESTA EXTENDIENDO POR TODO EL CUERPO

*Nota: todos los subtítulos hacen referencia a varias historietas de Paco Alcázar

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, es autor ocasional de historietas (las últimas incursiones, en El Manglar y Dos Veces Breve, y Dolmen Editorial acaba de anunciar que en 2009 le publicará un volumen de historias cortas titulado Te hiero), y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. La entrevista fue publicada originalmente en Belio #14: Especial Human Sex (2004). Página creada en marzo de 2009.