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Entrevistas: Max y Miguelanxo Prado

Por Borja Crespo (*)

Con apenas un mes de diferencia han coincidido en librerías Vapor de Max y Ardalén de Miguelanxo prado, los últimos trabajos hasta la fecha de dos autores de larga trayectoria y que gozan de un amplio y merecido reconocimiento tanto en España como a nivel internacional. Se trata dos cómics que comparten algunos puntos en común, ya que ambos se han gestado a lo largo de tres años, son la historieta más extensa hasta la fecha de sus autores y a pesar de ello aparecen directamente en formato libro sin serialización previa, y se han publicado simultáneamente en castellano y en la lengua propia de la zona de origen de cada autor (catalán para Max/Vapor y gallego para Prado/Ardalén). Borja Crespo conversó con ambos autores con motivo de su presencia en el Salón del Cómic de Getxo para que aportaran algunas claves de sus nuevos trabajos.

MAX, HUMOR METAFÍSICO

 

Portada de 'Vapor' (La Cúpula)

"Innovar gráficamente es para mí buscar la mejor manera de expresar visualmente todo lo que contiene una historia: la información tanto como la emoción. Cada historia pide un tratamiento gráfico distinto, y el reto para mí es encontrarlo y llevarlo lo más lejos posible". Son palabras, contundentes, didácticas y sugestivas, de Max, Premio Nacional de Cómic en 2007 por su obra Bardín el superrealista, uno de nuestros dibujantes de historietas más activos. El autor barcelonés, afincado en Mallorca, compagina hábilmente las viñetas con la ilustración, dos facetas unidas por el lápiz que le han permitido gozar de una envidiable proyección internacional. Estos días Ediciones La Cúpula publica Vapor, su esperada última propuesta, una "novela gráfica de humor metafísico", según se ha definido. Tres años de trabajo, no a tiempo completo, han permitido al perspicaz artista firmar un proyecto muy personal a través del cual experimenta con el lenguaje del cómic. Protagoniza el relato, surrealista e impredecible, un individuo que decide huir a meditar al desierto harto de todo lo que le rodea.

"A partir de la lectura de La tentación de San Antonio de Flaubert empecé a pensar en hacer algo sobre el tema del anacoreta, aunque trayéndolo al mundo contemporáneo, es decir, sin papel para dios ni para el diablo", explica el autor. "El proceso ha sido el habitual en mí: imaginar el conflicto central y los personajes secundarios, desarrollar las situaciones, entrever un final y escribir diálogos en bruto. A partir de ahí ir elaborando la puesta en página capítulo a capítulo y dibujar los originales. Pero esta vez he trabajado de una manera más orgánica que nunca: hasta más o menos la mitad seguí la idea prevista, pero a partir de ahí la propia historia, e incluso la manera de dibujarla, empezaron a sugerirme nuevos derroteros y posibilidades, que acabaron modificando bastante la idea inicial". El interesante proceso creativo del libro lo fue contando el propio Max en un blog abierto a tal efecto, elaborando un making of en paralelo ideal para el deleite de sus seguidores. El punto de partida de Vapor "es el hartazgo de un mundo, el contemporáneo, que lo convierte ya todo en espectáculo continuo y banal", cuenta. "El protagonista toma una decisión extrema: aislarse en el desierto. El tema que subyace en el libro es hasta qué punto es posible, o incluso deseable, la búsqueda de la salvación individual. Creo que todos sufrimos en nuestra vida esa tensión constante entre lo individual y lo social".

"El tema que subyace en Vapor es hasta qué punto es posible, o incluso deseable, la búsqueda de la salvación individual. Creo que todos sufrimos en nuestra vida esa tensión constante entre lo individual y lo social."

El pasado año el Instituto Cervantes organizó Panóptica, una exposición retrospectiva itinerante que repasaba la carrera de Max, firma indispensable para entender nuestra historieta. Dio sus primeros pasos en el movimiento underground, de la mano de la revista El Víbora, para dedicarse activamente desde medidos de los ochenta a decorar carteles, revistas, portadas de discos y cuentos infantiles, al margen de su abultada producción en el campo del cómic (Peter Pank, El prolongado sueño del Sr. T, El canto del gallo, etc.). La búsqueda de nuevos caminos estéticos es una de sus obsesiones, plasmada en múltiples aventuras gráficas que le han valido galardones de peso como el Premio Nacional de Ilustración (97), el Ignatz (99), uno de los más importantes de EE.UU., y el Gran Premio del Saló Internacional de Barcelona (00). Ha paseado su arte por la portada del New Yorker. ¿Cómo ve el actual panorama editorial? "Seguramente estamos mejor que nunca, en cuanto a la gran calidad e interés, y la variedad de las obras que se publican, con una nueva generación de autores que ha llegado pisando realmente fuerte, pero la crisis económica golpea a nuestro sector tanto como a los demás. Una pena, justo en el momento en que los cómics tomaban aire y ascendían con fuerza en este país".

MIGUELANXO PRADO, EL SUEÑO DE LA MEMORIA

 

Portada de 'Ardalén' (Norma Editorial). Haz clic sobre la imagen para leer 40 páginas del cómic.

Miguelanxo Prado (La Coruña, 1958) es uno de los autores nacionales con mayor proyección fuera de nuestras fronteras, defendiendo una obra personal que empezó a despuntar a principios de los años 80 en revistas indispensables de la época como Zona 84, Cimoc o Comix Internacional. Sus álbumes de cómic han sido traducidos a varios idiomas y han cosechado múltiples galardones, algunos de notable prestigio, como el Premio Alph Art. La salida de su esperada última obra, Ardalén, coincide con el Salón del Comic de Getxo, donde el artista gallego conversará con sus acólitos sobre una propuesta que ha tardado tres años en llegar. "Escribir, planificar, dibujar y pintar un libro de 256 páginas en tres años me parece que está dentro de un ritmo más que aceptable", defiende con razón. "Está visto que en esto de los calendarios me tocará ir siempre a contrapelo. Hasta hace unos años, cuando el estándar de edición era el álbum francés, todo lo que se alargase de un libro por año era un problema. Recuerdo que alguien escribió, cuando pasé dos años largos para hacer Trazo de tiza, que no ponía en duda que el resultado estaría muy bien -aún no estaba terminado-, pero que no tenía derecho a pasar tanto tiempo para hacer un libro. Lo escribió, no es coña. Ahora, cuando el formato es el de novela gráfica, los tiempos no parecen haber aumentado con el número de páginas. Una de las consecuencias es que la gente, como le van a pagar más o menos lo mismo que por un libro de 56 o 64 páginas, lo resuelve en el mismo tiempo. Yo me resistiré a eso mientras pueda".

Trazo de tiza, cuyos derechos compró en su día Miramax para una adaptación al cine que no llega, es probablemente su obra más reconocida. Ardalén se presentará en Getxo con un aliciente añadido. El público asistente al evento podrá ver algunas páginas del cómic gracias a una exposición. "Hay libros que, aunque los haya hecho yo, no sé definirlos", responde cuando se le pregunta por la naturaleza de su nueva experiencia. "Aún hoy no sabría definir Trazo de tiza. Con Ardalén me pasa lo mismo. Sé lo que hay dentro... hay cariño, hay amistad, hay miserias, hay amor, hay rencores, hay complicidad... Y hay recuerdos, muchos recuerdos. O sea, la vida, aunque un poco alucinada". La historia gira en torno a la memoria. "Es el punto de partida. Somos lo que nuestra memoria dice que somos. Todo eso de lo que hablé, amistad, amor, rencor, nuestro pasado y nuestra planificación de futuro, todo, forma parte de nosotros porque está archivado y presente en nuestra memoria. Mira, podría ser la definición que me pedías antes: una historia entretejida con los hilos de distintas memorias".

La serie Quotidianía Delirante, empapada de humor negro, es otra de las creaciones más célebres de Prado, junto a Stratos, Fragmentos de la Enciclopedia Délfica, Tangencias, Cónicas incongruentes o La mansión de los Pampín. Fue uno de los autores escogidos por Neil Gaiman para participar en la novela gráfica The Sandman: Endless Nights, dibujada por varios artistas, ha ejercido de ilustrador para escritores como Laura Esquivel o Manuel Rivas, ha colaborado en la parte gráfica de varios programas de la televisión gallega y participa en la organización del Salón del Cómic de La Coruña desde 1998. Los campos de la narrativa y la imagen en los que ha ido trabajando a lo largo de su carrera se han ido interrelacionando sucesivamente. "De la pintura y la escritura, mis primeras actividades, surgió el puente hacia el cómic", comenta el autor gallego. No es de extrañar, por tanto, que también haya coqueteado con el séptimo arte. Participó en la serie de animación Men in Black, producida por Steven Spielberg, como creador de personajes y director de estilo. Estrenó una película de animación, De profundis, "una gran metáfora de 75 minutos, un poema visual y musical", en palabras de su responsable. Una cinta que reivindicaba "espacio para nuevas experiencias narrativas y visuales".

¿Es un buen momento en el cómic para sacar adelante obras ambiciosas como Ardalén? "Ni mejor, ni peor", responde. "Las cosas hay que hacerlas cuando se dan dos condiciones básicas: el impulso y la oportunidad. El resto de los factores escapan a nuestro control. Y en el caso de Ardalén se dieron las dos: yo tenía el impulso y Norma Editorial no dudó un ápice en asumir el proyecto". A pesar del complicado momento que vivimos culturalmente hablando, Prado se muestra optimista con el mercado del tebeo actual: "La crisis económica lo desvirtúa todo, dando tintes oscuros miremos donde miremos. Pero lo cierto es que nunca hubo antes una producción tan rica y variada, nunca antes la historieta había cubierto la totalidad de las temáticas, de los géneros, de los estilos gráficos. Creo, sinceramente, que estamos en una auténtica Edad de Oro. Y en España hay en estos momentos un puñado largo de autores y autoras alrededor de los treinta haciendo obra perdurable y de gran calidad. O sea, que otros treinta años de cómic de calidad están asegurados. Si hablamos de negocio... bueno, eso es otra cosa".

"Nunca hubo antes una producción tan rica y variada, nunca antes la historieta había cubierto la totalidad de las temáticas, de los géneros, de los estilos gráficos. Creo, sinceramente, que estamos en una auténtica Edad de Oro."

Está encantado de que en Getxo puedan verse algunas muestras de tu trabajo. "Sí... A mí me sigue fascinando ver las páginas y los bocetos de mis colegas. Sea de forma improvisada tomando unas cañas -así vi este verano un libro de apuntes de Smudja sobrecogedor-, en su estudio metido en ambiente, o colgados en una exposición". ¿Cómo es el trato directo con tus seguidores en los salones? "Es muy alentador y reconfortante. Siempre he postulado la idea de que una obra -sea un disco, un libro, un cuadro, una película...- que no nos gusta es, básicamente, una carta equivocada, que no iba dirigida a nosotros. Cuando alguien se acerca a un festival o a una librería y hace una cola para que le firmes un libro quiere decir que sí era destinatario de esa carta. Y esa constatación le da sentido a toda la cadena. A los años de trabajo, al trabajo de la editorial, de la librería, de los organizadores del festival, al dinero que esa persona ha pagado por el libro...".

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo. También ha escrito los dos libros de microrelatos ilustrados Cortocuentos con dibujo de Chema García y varios autores (Astiberri, 2009 y 2012). Puedes seguirle en su blog y en Twitter, y leer otras entrevistas suyas publicadas en esta web.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic (con introducción de Jose A. Serrano para la ocasión). Los dos textos se publicaron originalmente, por separado, en el diario El Correo. Página creada en noviembre de 2012.