Entrevista a Max

Por Borja Crespo (*)

 


Portada de 'Espiasueños'

Max, nacido Francesc Capdevila, es uno de los dibujantes de historietas más activos de nuestro panorama editorial. El autor barcelonés, afincado en Mallorca, compagina hábilmente las viñetas con la ilustración, dos facetas unidas por el lápiz que le han permitido gozar de una envidiable proyección internacional. Estos días Ediciones La Cúpula publica Espiasueños, un libro en tapa dura que recoge, en una cuidadísima edición, los treinta años (1973-2003) de labor gráfica de un sugestivo autor que dio sus primeros pasos en el movimiento underground, de la mano de la revista El Víbora, para dedicarse activamente desde medidos de los ochenta a decorar carteles, revistas, portadas de discos y cuentos infantiles, al margen de su abultada producción en el campo del cómic (Peter Pank, El prolongado sueño del Sr. T, El canto del gallo, etc.).
     Entre los numerosos galardones que coronan su carrera, Max cuenta con el Premio Nacional de Ilustración (97), el Ignatz (99), uno de los más importantes de EE.UU., y el Gran Premio del Saló Internacional de Barcelona (00). La inquietud de este artista le ha llevado a fundar su propia editorial, Inrevés Edicions, bajo cuyo sello edita en la actualidad una de las publicaciones de historietas más innovadora: NSLM, antes conocida como Nosotros somos los muertos. Cada una de las ilustraciones de este dibujante, personal como pocos, esconde una historia. La búsqueda de nuevos caminos estéticos es otra de sus obsesiones, plasmada en trabajos que van desde el cartel de una gira de Kiko Veneno y Juan Perro a la mascota del centenario del Fútbol Club Barcelona, pasando por la portada del New Yorker o una serie de libros sobre Sherlock Holmes.

¿Cómo surgió Espiasueños?
Fue a raíz de mi exposición "Caminito de Pernambuco", en el salón de Barcelona del 2000. Allí expuse por primera vez comics e ilustraciones juntos. La exposición era muy completa y con un montaje bastante espectacular. La gran mayoría de los aficionados a los tebeos desconocían mi obra como ilustrador. Tras suscitar buenos comentarios, La Cúpula me propuso reunir mis ilustraciones en un libro.

El título es muy sugerente.
Se refiere al dibujante como alguien que es capaz de dar visibilidad a los mundos invisibles del subconsciente. El suyo propio y el de los demás, porque todos somos muy parecidos, todos soñamos casi los mismos sueños. Por eso mucha gente, al ver ciertos dibujos,  reconoce algo propio en ellos.

El libro se edita en tres idiomas a la vez, todo un lujo.
Más que un lujo, una necesidad. De este modo el libro se puede distribuir internacionalmente. Mis comics se habían traducido ya en varios países europeos y americanos, así que ya existen aficionados a mi trabajo en varias lenguas.

¿Te ves capaz de desvelar alguna influencia como ilustrador?
El ilustrador belga Ever Meulen ha sido mi maestro. Pero también se pueden encontrar influencias de los grandes ilustradores catalanes, como Opisso, y de ciertos pintores antiguos y modernos: Brueghel, De Chirico, Grosz...

Has creado portadas para publicaciones de prestigio como el New Yorker. ¿Qué ha significado en tu carrera?
En las portadas del New Yorker está toda la historia de la ilustración del s. XX. Es el Olimpo para cualquier ilustrador. Es como rozar el cielo.

¿Es difícil trabajar para clientes con tanto prestigio?
Claro, y no solo porque el listón de calidad gráfica esté muy alto. El New Yorker, por ejemplo, es un semanario de actualidad muy enfocado a su público, gente de la cultura y la intelectualidad norteamericana. Exige una visión de los temas de actualidad muy adaptada a esa sensibilidad. No es fácil, desde aquí, dar con una visión que pueda interesar a ese público en cada momento concreto.

Cuando ilustras portadas de discos, ¿te dejan plena libertad?
Sí, de otro modo difícilmente saldría bien. Consigo los mejores dibujos cuanto más implicado me siento en el trabajo. Para los discos, mejor partir de una identificación emocional previa con la música que contienen. O de una conexión personal con los músicos, como ha ocurrido en la mayoría de mis trabajos en este campo. Una portada debe estar en sintonía con lo que va a contener. Puede ser con la atmósfera de la música, o con los temas de las letras, o con la actitud del músico o la banda, o simplemente con el título del disco. Pero ilustrar es comunicar, y resulta muy difícil comunicar o transmitir algo si ese algo no te ha contagiado previamente.

La ilustración de cuentos infantiles también es uno de tus fuertes.
Me gusta mucho trabajar para los lectores más pequeños. Aún recuerdo vívidamente como me introducía en universos maravillosos a través de los dibujos de los libros en mi infancia. Pocas sensaciones hay como ésa.

Algunos elementos se repiten en varias imágenes recopiladas en Espiasueños, como por ejemplo una pareja besándose entrelazados o figuras mitológicas.
A veces das con imágenes o temas que tienen mucho recorrido, que no se agotan a la primera ocasión, o que se adaptan a  temáticas diversas. A veces uso estos elementos tan solo como recurso práctico. Pero en  ciertas ocasiones, hay imágenes que se te imponen con tal fuerza que no puedes evitar dibujarlas. Hay todo un repertorio iconográfico, sedimentado a través de la historia del arte, que surge del subconsciente común a toda la humanidad y, de entre ese repertorio, cada persona tiene sus motivos favoritos. En este libro están muy claros los míos.

Las calaveras y los perros también gozan de un especial protagonismo.
Precisamente: calaveras, perros, búhos y lechuzas, cíclopes, parejas entrelazadas, tríos femeninos, dragones... ¡Freud no se aburriría conmigo!

Las ilustraciones... ¿dicen mucho más de lo que vemos?
Como en las buenas novelas, en una buena ilustración puede haber niveles de lectura. Una mirada superficial puede ser perfectamente disfrutable, pero una lectura visual más atenta suele proporcionar más dosis de placer o de interés. La composición, el color, el trazo, la textura, pueden aportar elementos de información, de narración, de emoción... Los que somos historietistas, y por tanto narradores, lo sabemos muy bien. Procuro apañármelas para que una sola imagen contenga a veces sugerencias diversas. O quizá incluso una historia completa. O varias.

Dónde te sientes más cómodo, ¿en el campo de la historieta o en la ilustración?
En ambos campos me siento cómodo y bien, aunque confieso que es en la historieta donde tengo puesto mi corazoncito.

¿Quizás el cómic es un medio menos aplaudido?
No te creas. La historieta es un medio más minoritario, pero los lectores de historieta se fijan mucho en la autoría de aquello que les gusta. La ilustración alcanza a mucha más gente, de hecho te la encuentras mil veces cada día en revistas, diarios, carteles o vallas publicitarias, spots televisivos, en los envases del súper... Pero casi nadie se fija en el autor de esos dibujos.

¿Qué queda de aquellos comienzos en la revista El Vibora? Desde entonces ha llovido mucho.
Y más que va a llover, por suerte. En El Víbora estuvo la semilla de mucho de lo que hago ahora. Es cierto que algunas cosas de aquellos primeros años son insolentemente ingenuas y  se me caen de las manos cuando las veo ahora, pero el aprendizaje no consiste en una sucesión de aciertos, sino en ir resolviendo errores. Hablo de historietas, pero también he procurado incorporar algunas cosas de ilustración de aquella época a Espiasueños. No quería hacer un "Lo mejor de...", me interesaba más ofrecer una visión didáctica de como se produce un proceso de aprendizaje de un dibujante, con sus dificultades iniciales.

La fantasía predomina en todo tu trabajo.
Sí, pero no es para nada una fantasía de evasión a mundos irreales. Me gusta la iconografía de la fantasía, pero me gusta usarla para tocar temas reales y cotidianos. Es una técnica de extrañamiento que me parece que produce buenos resultados narrativos y buenos hallazgos visuales. Además, ya nos enseñaron Freud y Jung que las imágenes fantásticas provienen del subconsciente y no son para nada inocentes, que responden a realidades profundas del individuo y de la sociedad. Pero también procuro ir con cuidado para no ser demasiado hermético o subliminal. Me gusta que mis dibujos los pueda entender alguien más que los psicoanalistas.

Curiosamente tus últimas historietas se dejan llevar por el surrealismo.
El surrealismo me parece el momento más decisivo de los cambios artísticos de los últimos siglos. No como estilo, vanguardia o istmo puntual de principios del siglo XX, sino como corriente que ya fluía antes y que sigue impregnando el arte actual en sus diversas tendencias. Digamos que el surrealismo es la conciencia de que, lo quieras o no, lo que haces cuando creas responde a algo que late en tu interior y que quiere expresarse y tomar forma. Y eso me interesa mucho. De hecho, me parece la única manera de hacer algo auténticamente personal, honesto y sincero en el campo de la creación artística. De ahí mi interés por lo onírico y lo fantástico como vehículos.

¿Qué es Nosotros somos los muertos?
Es una revista dedicada a mostrar la obra de autores de historieta de todo el mundo que desarrollan una obra muy personal lejos de las imposiciones del mercado, ya sean autores de prestigio consolidado o nuevos valores. Aquellos que hacen que el lenguaje de la historieta siga desarrollándose y abriendo nuevos y prometedores caminos. Entre 1995 y 2000 editamos siete números. Ahora hemos vuelto, con una fórmula renovada y periodicidad semestral bajo el título NSLM, y dando espacio también a otros campos creativos cercanos: ilustración, grafismo...

¿Te sientes cómodo editando a otros autores?
Resulta muy satisfactorio dar la oportunidad de publicar su obra a aquellos autores a los que admiras y aprecias.

¿Hacia donde va el cómic?
¡Ya me gustaría a mí saberlo! El aumento de las posibilidades de entretenimiento y creación, vía ordenadores e internet, coloca a la historieta en un cruce de caminos muy interesante. Se está intentando, pero nadie ha resuelto aún satisfactoriamente la cuestión de la lectura de una historieta en la pantalla del ordenador. Sigue siendo infinitamente más ventajosa la lectura del tebeo en papel. Pero tarde o temprano alguien dará con la fórmula adecuada y entonces todo cambiará mucho. A nivel creativo pienso que tarde o temprano se producirá también algún tipo de mestizaje coherente entre dos formas narrativas con códigos tan distintos como los del tebeo europeo-americano y los del "manga" oriental, y eso va a ser también muy interesante.

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo. También es autor del libro de microrelatos ilustrados Cortocuentos con dibujo de Chema García (Astiberri, 2009). En marzo publicará un segundo volumen de Cortocuentos y en los próximos meses verá la luz un recopilatorio de historietas cortas titulado Te hiero en Dolmen Editorial.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. Entrevista realizada con motivo de la publicación de Espiasueños (La Cúpula, 2003). Página creada en febrero de 2011.