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Entrevista a Javier de Isusi

Por Borja Crespo (*)

 

Portada de 'En la tierra de los Sin Tierra' (Astiberri, 2010)

Las exposiciones son uno de los platos fuertes del menú que ofrece año tras año el Salón del Cómic de Getxo. Para la edición que se celebrará del 26 al 28 de noviembre de este año, el artista vasco Javier de Isusi (Bilbao, 1972) es uno de los elegidos para enseñar su trabajo. La muestra coincide con el lanzamiento de En la tierra de los Sin Tierra, cuarta entrega de su serie Los viajes de Juan Sin Tierra y conclusión de una obra con claros tintes autobiográficos que le ha costado al autor siete años dándole al lápiz, finiquitando cerca de 600 páginas. La saga también ha sido publicada en países como Francia, Portugal y Finlandia.
     Isusi estudió arquitectura en San Sebastián y Lisboa. Una vez acabada la carrera, decidió emprender un viaje iniciático que le llevó a recorrer gran parte de Latinoamérica durante un año. A su regreso dio carpetazo y decidió dedicarse a lo que más le enganchaba: dibujar viñetas. Los viajes de Juan Sin Tierra comenzaron a publicarse en 2004. Ahora llegan a su fin. Se cierra un ciclo, de alguna manera vital para el dibujante. La obra puede interesar tanto a sus seguidores como a profanos de los tebeos, de mente inquieta o adictos a viajar. Se atreve a reflexionar abiertamente sobre los puntos en común entre el cómic y la arquitectura.

Estudiaste arquitectura, pero un día decidiste dedicarte a dibujar, a contar historias en viñetas...
En realidad empecé antes con las historias y las viñetas que con la arquitectura, sólo que entonces no me atrevía a imaginar que podría llegar a publicarlas, aparte que no eran muy buenas. A lo mejor, cuando acabé la carrera y vi que podía firmar proyectos de arquitectura, me di cuenta de que eso era para mí mucho más descabellado que firmar cómics...

Háblanos del nacimiento de Los Viajes de Juan sin Tierra.
Se juntaron un montón de ingredientes de una manera muy natural a lo largo del viaje que hice por Latinoamérica, cuando acabé la carrera. Por una parte, según viajaba se me iban ocurriendo historias, historias que sucedían en los lugares por los que yo pasaba y que tenían por personajes a la gente que yo iba conociendo. Por otra, había creado hacía años a dos personajes, Vasco y Juan, dos viajeros incansables, dos aventureros clásicos; pero nunca había dibujado ninguna historia suya, porque, en realidad, no sabía cuáles habían sido esos viajes suyos. A medida que se desarrollaba mi viaje me di cuenta de que al menos uno de sus viajes pasaba por los lugares por los que yo estaba pasando. Finalmente, aunque esto fue algo posterior, reflexionando sobre los roles sociales y los personajes que todos tenemos para desenvolvernos en sociedad, me di cuenta de que quería contar precisamente la historia de la creación y destrucción de un personaje. Metí todo eso en la coctelera junto con unos cuantos ingredientes más y salieron Los viajes de Juan Sin Tierra.

 
"Este cómic ha sido mi formación y primer rodaje en el medio. Lo siento como mi proyecto de fin de carrera."

Con esta cuarta entrega se cierra un ciclo, también vital.
De alguna manera sí. Quería contar muchas cosas con este cómic, y ya está, ya lo he hecho. Por otra parte, también siento que la elaboración de este cómic ha sido un poco como mi formación y mi primer rodaje en el medio. No es que no hubiera hecho nada antes, pero desde luego no lo había publicado, y la evolución gráfica y narrativa del primer tomo al último salta a la vista. De alguna manera, lo siento como mi proyecto de fin de carrera. Ahora me queda esperar la nota...

Cuéntanos de qué va...
Es el viaje que establece un tipo llamado Vasco para buscar a su amigo Juan que ha desaparecido años atrás en una comunidad zapatista de Chiapas. El viaje lo llevará a recorrer buena parte de Latinoamérica y de alguna manera irá reconstruyendo el viaje que hizo Juan, irá conociendo otras realidades sociales y sobre todo, irá haciendo un viaje interno que le llevará a preguntarse quién es él realmente.

¿Qué influencias puedes confesar en tu trabajo, a nivel gráfico y en cuestión de contenido?
Lo de influencia es muy relativo, a veces te impresiona mucho un autor y tal vez nadie pueda intuir su huella en tu trabajo. Por supuesto, está la huella de Hugo Pratt, creo que, más que en el dibujo, en las atmósferas que se crean, e incluso en los guiones. Los guiones de Pratt me siguen encantando. A nivel gráfico, a mí me habría gustado parecerme a Manara, al de las primeras historietas, no al de ahora. Me resulta un poco vergonzoso decirlo porque evidentemente no voy por buen camino, pero es así. Influencias conscientes han sido dos dibujantes de mi generación: Federick Peeters y Craig Thompson. Luego está Edmond Baudoin, cuyo trabajo jamás pretendería imitar pero a quien todos los días intento parecerme -también bastante infructuosamente- a la hora de ir soltando la mano en el dibujo. En cuanto al contenido, al acabar la obra me he dado cuenta de algo que hasta entonces lo tenía inconsciente, y es que cuando la empecé estaba muy impresionado por dos libros de Hermann Hesse: El lobo estepario y Siddharta. Creo que su influencia es bastante evidente, sobre todo en el tercer y cuarto tomo.

¿Hasta qué punto cambió tu vida tras tu largo viaje a Sudamérica?
Totalmente. Hombre, tenía que cambiar de todas maneras ya que cuando lo empecé estaba recién salido de la vida de estudiante, pero vamos, fue a lo largo de ese viaje cuando decidí dejar la arquitectura y dedicarme a esto de los cómics. Lo más espectacular de todos modos es que conocí a Leticia, mi mujer, en la presentación madrileña de La Pipa de Marcos. Al final, casi todo el proceso de creación de Los viajes de Juan Sin Tierra ha sido paralelo al de la creación de nuestra vida en común, nuestros hijos... ¡Para que luego haya quien diga que dibujar cómics es una pérdida de tiempo!

   
Portadas de La pipa de Marcos (2004), La isla de Nunca Jamás (2006) y
Río Loco
(2009), los capítulos anteriores de Los viajes de Juan Sin Tierra

Puntos en común entre cómic y arquitectura...
Por supuesto, está el tema del dibujo, disciplina que comparten, pero creo que en ese campo a mí no se me ven nada mis años de estudios en la Escuela. Sí hay una cosa muy importante que aprendí de la arquitectura, y es el rigor. Para mí es muy importante que todas las escenas y todos los elementos tengan su sentido dentro del conjunto, y que respondan de la misma manera a la idea inicial. Recuerdo mucho una frase que me dijo una vez un profesor: no puede haber errores. Luego, por supuesto que los hay, pero por eso mismo no puedes ser condescendiente contigo mismo cuando los detectas. De todos modos, donde más aplico mi cabeza deformada arquitectónicamente hablando es en la propia estructuración del trabajo. Abordo las historias de la misma manera en que abordaba los proyectos de arquitectura. Trabajo igual, empezando por las escalas más pequeñas y pasando gradualmente a las más grandes y preguntándome sistemáticamente a cada rato si lo que hago responde a la idea general de la obra o no.

¿Cómo ves últimamente esto del cómic?
Me parece que estamos en un momento interesantísimo, no por el número de ventas, que aunque tal vez haya mejorado un poco, el nuestro sigue siendo un medio minoritario y marginal. Pero desde el punto de vista creativo en los últimos años ha habido una auténtica eclosión de géneros y autores. El cómic ha pasado a ser un medio para contar todo tipo de historias, mucho más allá de su capacidad para narrar historias de acción o historias cómicas, que son las que tradicionalmente han copado la producción en el mundo del cómic. Se ha revelado como un medio tremendamente eficaz para transmitir sensaciones y sentimientos; no hay más que ver la exagerada proliferación de autobiografías que hay ahora en tebeo. Otro asunto de actualidad es el ver de qué manera se adecuará el cómic a las nuevas tecnologías de lectura, pero eso es todavía una incógnita.

Presentas una exposición en Getxo, ¿cómo será?
Será una exposición del proceso creativo de los cuatro tomos de Los viajes de Juan Sin Tierra. Habrá dos niveles paralelos de lectura, uno en el que se podrán ver láminas originales, una decena por tomo, y, por debajo de ellas, una larga tira que irá desentrañando muchos detalles sobre de dónde salieron esos personajes y esas historias, con dibujos del cuaderno de viajes y fragmentos del diario que hice por Latinoamérica, anotaciones, estudios de personajes, etc.

¿Para qué sirven este tipo de eventos?
Para el mundo del cómic en general son importantes porque es salir del gueto de las tiendas especializadas para tomar espacios públicos. Para los profesionales, son momentos muy importantes porque sales de tu soledad creativa y te encuentras con otros colegas de profesión, otros autores, editores... Eso te abre enormemente la mirada. Generalmente yo salgo siempre de ellos con unas ganas locas de ponerme a dibujar. Y para el lector ¡es un festín!

¿Cuando algo va mal siempre queda dibujar?
Sí... no lo había pensado con esas palabras pero sí. Sucede como con todas las creaciones artísticas, que parece que mejoran cuando las cosas van mal. Si todo va muy bien no tenemos ningún problema en regodearnos en esa sensación positiva, es cuando las cosas van mal cuando necesitas liberarte de las sensaciones negativas y usas el medio que tengas más a mano. Hace poco tuve un disgusto fuerte en un hospital, y hasta que no lo dibujé no me quedé tranquilo. Fue tremendamente liberador aquel pequeño garabato.

¿El dibujante nace o se hace?
Las dos cosas. Por una parte, todos podríamos aprender a dibujar razonablemente de la misma manera que aprendemos a escribir razonablemente, eso lo vi en la carrera de arquitectura: para nada todos los que entrábamos teníamos facilidad para el dibujo, y, sin embargo, todos acabábamos necesitando el dibujo para explicarnos. Pero luego está el tema de la mirada, el que tus dibujos sean más o menos interesantes va a depender mucho más de tu mirada -desde dónde miras, qué ves cuando miras- que de tu mano. De ahí que haya dibujantes virtuosos pero anodinos y dibujantes torpes pero fascinantes.

¿En qué proyectos andas enfrascado?
Aún ando con la resaca de Los viajes de Juan Sin Tierra y coordinando los volúmenes II y III de Historias del Olvido; pero estoy deseando meterme en una idea gorda que me ronda desde hace tiempo, una historia de retro-ciencia-ficción con múltiples referencias históricas y revolucionarias que se desarrollaría en una gran metrópoli europea que sería... bueno, hasta ahí puedo leer.

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo. En los últimos meses ha publicado el libro de microrelatos ilustrados Cortocuentos con dibujo de Chema García (Astiberri, 2009) y está ultimando un recopilatorio de historietas cortas titulado Te hiero para Dolmen Editorial.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. Parte de esta entrevista aparecerá publicada también, citada en estilo indirecto, en El Correo. Página creada en noviembre de 2010.