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Entrevista a David Rubín

Por Borja Crespo (*)

 

Portada de 'El circo del desaliento' (Astiberri)

Se empiezan a editar historietas con apariencia de libros con mayor asiduidad en nuestro mercado. ¿Está cambiando el panorama editorial? “Cada vez se ve menos el tema de la grapa y el formato comic-book, a mi me parece una mutación lógica”, responde David Rubín (Orense, 1977), garabatero insomne y jefe de pista de “El circo del desaliento”, un cómic de 175 páginas editado con lujo por Astiberri. Aunque esta obra significa su debut en formato largo, este sugestivo dibujante gallego lleva varios años alternando la realización de historietas para diversas publicaciones de su tierra (Golfiño, BDbanda, Barsowia) o peninsulares (Dos veces breve, Tos, Fanzine enfermo) con su labor profesional en los estudios de animación Limaía y Dygra. Tomen asiento. Pasen y vean. Trapecistas que no gastan redes, exóticas fieras sedientas de licor café, dragones espartanos, saltimbanquis paticojos, payasos con mal de amores, sirope de tragedia, hombres bala con miedo a las alturas, faquires que no ganan para tiritas, unicornios descornados, domadores muertos de miedo, lanzadores de cuchillos ciegos...

La introducción al cómic de Miguelanxo Prado es rica en piropos. Estarás contento.
¡Como para no estarlo! Tanto el prólogo como el epílogo de Carlos Portela son un magnífico regalo y una escolta perfecta para alguien que da sus primeros pasos en solitario en este mundillo.

La edición tampoco se queda corta.
Tuve libertad total a la hora de decidir como sería la edición. El libro ha salido tal cual lo imaginaba en mi cabeza. La editorial ha tratado la edición con un respeto y una ilusión fuera de serie, y el trabajo de maquetación es fabuloso. Estoy muy contento con el resultado.

¿Cómo prefieres llamar a "El circo del desaliento"? ¿Tebeo o novela gráfica?
Tebeo, eso de novela gráfica, aparte de que me parece un término algo pedante, me da la impresión de que es una etiqueta que se sacaron de la manga hace años para intentar dignificar un medio que ya de por sí es digno. Un intento de vender historietas a gente que no es asidua del medio. Pero en el fondo me da igual como se denomine, lo esencial es que los tebeos sean buenos, da igual cómo se les llame.

¿Qué se va a encontrar el lector en el interior del circo?
Historias que hablan del amor y su carencia, de personajes que luchan contra viento y marea para enderezar su existencia, a sabiendas que la lucha está perdida de antemano. Historias y sentimientos que yo he vivido y que plasmo en el papel mediante los  personajes que pueblan los trece relatos que componen el tebeo mis miedos, inquietudes, mi rabia o mi alegría. Como sacar la basura que llevas dentro y compartirla, para aligerar la carga.

El grafismo y cierto aire poético recuerdan a autores como Santiago Sequeiros o Javier Olivares.
Posiblemente, tanto uno como otro son autores a los que admiro. Es normal que, de un modo u otro, termine vislumbrándose su influencia en mi trabajo, pero no son los únicos.

¿Tienes autores favoritos?
Aparte  de Sequeiros y Olivares están Peeters, Blain, Sfar, Paul Pope, Blutch, Teddy Kristiansen, Miguel Anxo Robledo, Frank Miller, José Muñoz o Jack Kirby.

¿De dónde surgen las  historias?
De los sentimientos, de las patadas y las alegrías que te regala la vida, de las cosas que dejas a medio hacer y que nunca puedes concluir. El tebeo me brinda la oportunidad de enmendar errores, de escupir mi rabia hacia afuera, de exorcizar mis miedos o echarme broncas a mi mismo. Quizá sea algo terapéutico, casi onanista, pero a mi me funciona. No contemplo otro modo de enfrentarme a la ejecución de una historieta que no sea desde el corazón y las tripas.

¿Qué técnica utilizas?
La de toda la vida; construyo la historia en la cabeza como quien se dispone a montar un puzzle; las piezas de tal color en este montón, estas otras por allá... y cuando tengo una visión global de lo que quiero contar es cuando comienzo a escribir, desarrollando los personajes,  buscando nexos de unión para las diferentes secuencias que flotan en mi cabeza, puliendo los diálogos... El story-board de las páginas lo suelo hacer al mismo tiempo, porque mientras escribo se dibuja ya la historieta en mi cabeza, y de ahí paso a dibujarla a lápiz, luego a entintarla con tinta china y pincel. Si va a ser publicada a color, color infográfico y listo.

Estuviste en el Salón del Cómic de Getxo presentando la obra. ¿Qué tal la experiencia?
Fabulosa. El Salón estaba muy bien montado, la organización genial, conocí a un montón de gente, dediqué bastantes ejemplares de "El Circo..."… Regresé a Coruña encantado.

Formas parte del colectivo de cómic gallego Polaqia. Algo se mueve por esas tierras.
Es cierto, entre Polaqia y BDBanda estamos dándole vida a un panorama que desde principios de los noventa y hasta hace cinco o seis años era casi desértico. Estaban Prado y varios más, pero no existía un núcleo generacional actual, un colectivo de autores que cada día crece más y que estamos contribuyendo a normalizar, renovar y asentar la historieta gallega, tanto de tierras adentro como hacia afuera.

Cuéntanos las ventajas de hacer fanzines de historietas.
Te dan la libertad de conocerte a ti mismo, de variar estilos y modos de contar las historias, porque no te la juegas, no tienes que discutir con editores o mirar índices de ventas o popularidad. Además, ayudan a darte a conocer, son como el campo de entrenamiento, la sala de peligro en la que te curtes, aunque pienso que nunca paras de aprender y experimentar, pase el tiempo que pase y publiques donde publiques.

Parece que cada vez hay menos.
Puede que sí, pero tampoco es para disparar alarmas. Siguen haciéndose muchos fanzines, y cada vez de mayor calidad a todos los niveles. Sirvan de ejemplo “BDBanda”, “Barsowia”, “Fanzine Enfermo”, “Arruenquen”, “Que Suerte!”...

¿Es complicado encontrar alguien que te edite?
Ni complicado ni fácil. Yo he tenido bastante suerte. En los años que llevo publicando, tanto en Galicia como fuera, casi siempre que he propuesto algo he conseguido publicarlo. El truco está en la tenacidad y en aceptar que si alguna propuesta que haces no se acepta a la primera, posiblemente sea porque es mejorable o no es la adecuada. Hay que seguir trabajando para que la próxima vez tu propuesta sea más sólida y convenzas al editor de que tiene que gastarse dinero en tu proyecto.

¿Cómo contactaste con la editorial Astiberri?
Hace un par de años, en el Salón del Cómic de La Coruña me presentaron a Fernando Tarancón, le gustó mi trabajo y le propuse un proyecto al que estaba dando forma en aquel entonces. Tras múltiples conversaciones el proyecto no salió adelante, pero seguí manteniendo contacto con Astiberri y este año les mostré en el Salón de Barcelona "Donde nadie puede llegar", una de las historias que conforman "El Circo...". En dos semanas estábamos trabajando ya en la edición del tebeo.

¿Ya preparas algo nuevo?
Estoy trabajando en dos proyectos ahora mismo: un álbum de 48 páginas que debo terminar para mitad de 2006 y un proyecto algo más ambicioso que estoy cocinando a fuego lento, una historia larga de un montón de páginas... Y, por supuesto, seguir colaborando con fanzines y revistas, haciendo historietas cortas, que es un género que no quiero abandonar. 

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, es autor ocasional de historietas (las últimas incursiones, en El Manglar y Dos Veces Breve, y Dolmen Editorial acaba de anunciar que en 2009 le publicará un volumen de historias cortas titulado Te hiero), y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. Entrevista realizada con motivo del lanzamiento de El Circo del desaliento (Astiberri, 2005). Página creada en mayo de 2009.