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Entrevista a Darío Adanti

Por Borja Crespo (*)

No le gusta que califiquen su humor como algo surreal, prefiere que lo tachen de absurdo. Darío Adanti es un argentino amante del lado subterráneo de la cultura popular que lleva varios años afincado en España viviendo de lo que mejor sabe hacer: dibujar. Sus grotescas historietas pueblan semanalmente las páginas de El Jueves, y estos días hace doblete, coincidiendo en las tiendas el lanzamiento de dos álbumes de su cosecha. Estar Muerto es Tonto, de Edicions de Ponent, recoge cerca de setenta páginas protagonizadas por el Calavera, un saco de huesos de comportamiento estúpido que vive en un mundo de locos. Precisamente El Jueves ha editado dentro de su colección Pendones del Humor un tomo de Caspa Radioactiva que recopila las mejores páginas de esta serie publicadas en la revista.
     Coronando las pringosas novedades mentadas, Cabezabajo Ediciones ha respaldado una tirada limitada de cincuenta camisetas, numeradas y firmadas por Adanti, con una serigrafía molona perpetrada por su lápiz, a la venta en www.x-travaganza.net. “Siempre me ha llamado más la atención lo raro, lo que se sale de la norma, lo que transgrede el modelo de normalidad con el que nos han educado”, comenta Darío, obsesionado por el absurdo comportamiento del ser humano, una extraña pasión que le llevó a ilustrar el impagable libro Vida Mostrenca de Jordi Costa. “Soy de los que cuando eran niños y se lastimaban, se sacaban el esparadrapo por las noches para ver qué aspecto tenía la herida infectada”. Los sueños y pesadillas de este ilustrador al borde del delirio han pasado al campo de los dibujos animados de la mano de varios cortos multipremiados, algunos realizados para la MTV. “Vacaláctica”, “Elvis Christ” y "Abominable Hombre Cabeza de Tostadora" son algunos de ellos.

¿Que hace un argentino como tu dibujando tebeos por estos lares?
En 1994 decidí irme de Buenos Aires y buscar dónde me apetecía vivir. Trabajaba bien allí, en el diario Página/12, en Clarín, en la revista Humor... Además, hacía libros de texto, con lo cual me ganaba bien la vida, pero quería estar en otro lado. No sé muy bien por qué, supongo que tanto leer novelas de aventuras me despertó el gusanillo de conocer mundo. Lo que tenía claro es que no quería recorrer países para regresar a casa, sino buscar dónde afincarme, en el extranjero, y seguir viviendo del dibujo.

Antes de venir a España conociste Nueva York.
En 1995 me fui para allí, pero en un par de meses se me acabó el dinero y como no conseguí trabajo de dibujante tuve que regresar a Argentina. Ese año ahorré mucha más pasta y en enero del 96 me fui a Barcelona. Estuve un año en que logré publicar y mantenerme, pero tenía la espinita clavada de New York, así que ahorré una vez más y me fui para allí en el 97.

Vaya mareo.
Esta vez sí que logré publicar, y como conseguí hacer animaciones para la MTV latina y Nickelodeon, pude alquilarme un piso y quedarme todo el año. A finales del 97 decidí que, para vivir, me gustaba mucho más España, así que regresé a Barcelona. Y luego en el 2002 me mudé a Madrid, y espero ya no mudarme más porque es una ciudad que me encanta.

¿Hay muchos dibujantes en Argentina? 
Hombre, hay bastantes y muy buenos, con estilos muy propios como Sergio Langer, Pablo Fayó, Dani the O, Esteban Podetti, Leo Arias, Isol, Diego Parés, Pablo Sapia, Liñers, Lucas Nine.... Ahora estoy un poco perdido y no sé quiénes son los nuevos valores. Supongo que habrá miles de buenos dibujantes que quizás no han logrado profesionalizarse y darse a conocer por el simple hecho de que no hay una industria, y los sitios donde publicar son limitados. Los editores optan por los dibujantes que ya conocen y saben que entregarán un trabajo bien hecho y a tiempo. Pero eso pasa también en España.

¿Es difícil vivir allí del cómic?
Ahora no tengo mucha idea. En principio yo no vivía de forma diferente allí que aquí, ganaba más o menos lo mismo, así que la decisión de vivir en otro sitio fue por otras razones. Cuando viajo y veo a mis amigos descubro que todos están publicando en algún medio y que, a su vez, hacen otras cosas como diseño gráfico, guiones para televisión, ilustración, etc.

Y por aquí, ¿cómo lo ves?
Como buen argentino, soy muy quejica. La verdad es que somos bastante pocos los que vivimos del cómic, pero los que podemos vivir de esto lo hacemos medianamente bien. Ganamos igual o incluso un poco más que muchos trabajadores que hacen trabajos nada agradecidos, así que quejarse sería una falta de respeto. Lo que pasa es que nadie vive exclusivamente del cómic. La mayoría ilustramos también para prensa, editoriales infantiles, animación...

¿Cómo definirías tu estilo?
Improvisando, algo así como Krazy Kat mezclado con el cómic underground y los dibujos animados de Tex Avery en los tiempos del  Macintosh. ¿Suena muy pretencioso? ¡Soy Porteño, no lo puedo evitar!

Tienes bastante fijación por la parafernalia del folclore mexicano.
Si, me gusta mucho la concepción de la muerte que se tiene en México. Es una mezcla de las culturas precolombinas y la cristiana. Me gusta toda la iconografía que han ido creando al respecto. Todo empezó la primera vez que vi los grabados de Guadalupe Posadas, esos retratos costumbristas de la revolución donde todos están muertos. Además hay una gran fascinación entre los autores de cómic por dibujar calaveras. A todos nos gusta. Así como los arquitectos trazan las vigas y los pilares de sus construcciones, supongo que a nosotros nos gusta dibujar la estructura ósea de los personajes que dibujamos.

Calaveras, monstruos, animales toxicómanos... ¿Cuál es el problema?
El problema es que soy un freak aunque me cueste reconocerlo. Me gusta el cine de serie B, el sexplotation, lo bizarro, la sectas apocalípticas, los asesinos en serie, la cultura de la drogas, la literatura postmoderna... De alguna manera uno hace cómics para uno mismo, o para gente que tiene los mismos referentes. Es inevitable que todo ese background salga de forma espontánea a la hora de pensar historias. No sé hacer costumbrismo, porque no entra dentro de mis referentes. Cuando voy en metro no me sale observar cuál es la actitud de la gente que me rodea. Lo que miro es el bulto en la frente del tipo que tengo al lado, las enfermedades de la piel de la señora de la puerta, o la pierna de madera del mendigo del andén.
  
Llamar a una serie "Caspa radioactiva" tiene tela...
¡Ja Ja! Si, la verdad que sí. Y sobre todo porque la palabra correcta, según me han dicho, es radiactiva, y no radioactiva, como yo la escribo. Pero soy disléxico desde muy chico. Elegí el título por ser dos términos que definen mis gustos y mis influencias. La caspa, en cine o en teelvisión, hace referencia a la cultura basura, y lo radiactivo a la cultura del Apocalipsis. Me parecía muy directo a la hora de definir lo que me gusta y lo que hago.

¿Estás contento con tu trabajo para la revista El Jueves?
Más que contento. El Jueves me permite hacer una página semanal a color con los personajes y los chistes que yo quiero, nunca se meten en mi trabajo y me dejan hacer. Tal vez por ser dibujantes también, son los editores que mejor me han tratado en lo que llevo de oficio, que ya son más de 14 años. ¡Hasta me envían una cesta con un jamón por navidad!

A cambio de tanta libertad te harán trabajar duro.
El hecho de hacer una página con cuatro o cinco tiras por semana me ha hecho desarrollar un oficio que antes no tenía. Tengo hechas 200 páginas a color y 80 en blanco y negro de Caspa Radioactiva. Hubiera sido muy difícil dibujar tantas páginas en pocos años si no estuviera en El Jueves. Tanto trabajo me ha permitido afianzar mi estilo, tanto en lo gráfico como en lo humorístico, y me ha hecho conocer a un público mucho más mayoritario.

¿Te consideras un dibujante de cómic, un humorista gráfico o un ilustrador?
Si tuviera que posicionarme diría que soy un dibujante de cómic. Si pudiera vivir solo del cómic no haría ilustración, a no ser que se me presentara una oportunidad interesante. Pero también me gusta hacer dibujos animados y escribir. Así que no sé cómo me considero.

Anda, confiésanos influencias.
Mis influencias son muchas. Te puedo nombrar a Crumb, Shelton, Burns y un montón más que conforman toda la escuela del underground americano, desde los sesenta hasta ahora. Y luego influencia de los dibujos animados que van desde Tex Avery y Chuck Jones hasta Krikfalusi.

También se nota que ves mucho cine de serie Z...
Si, un montón... Supongo que me viene de pequeño. En Argentina, en plena dictadura militar, había un programa en el canal 11 que se llamaba “Sábados de Super Acción” en el que pasaban toda la tarde y hasta bien entrada la noche películas de serie B. A diferencia de muchos, he seguido viendo y comprando películas de esta calaña, y son, a decir la verdad, las que más me divierten e inspiran..

Los tebeos, ¿se hacen a mano o a máquina?
Deben hacerse de cualquier manera. Cada dibujante debe buscar las herramientas que le vengan mejor, que le sean más afines a lo que busca, y usarlas para contar lo que quiere contar. Quien quiera dibujar a mano, que dibuje a mano, quien quiera hacerlo por ordenador, que lo haga por ordenador. Me imagino, dentro de un siglo, un debate entre los futuros dibujantes acerca de si se debe dibujar con photoshop y freehand o con algún nuevo programa de última generación.

Un dibujante de cómic, ¿trasnocha mucho trabajando, buscando ideas o ambas cosas?
Antes era de los que se levantaban al mediodía y trabajaban hasta las 6 de la mañana, pero de un tiempo a esta parte he descubierto que estoy más cómodo trabajando por las mañanas. Me levanto a las ocho, desayuno, y curro hasta las 7 de la tarde. Un horario muy normalito, a decir verdad. Pero las ideas, en cambio, rara vez las pienso en este tiempo de trabajo. Suelo ir a todos lados con una libretita y los chistes aparecen de pronto. Puede ser en el metro, en la cola del banco, tomando cañas con amigos...

También le has dado a la animación. ¿Cómo es la experiencia de saltar de las dos a las tres dimensiones?
El paso es interesante. De hecho, desde el 97 no he parado de hacer animación y de ganarme la vida también con esa labor. Estudié cine, y lo que más me interesaba eran las clases de animación. Soy fan de las viejas cámaras, así que tengo un buen número de Super 8 y una Bolex a cuerda de 16 mm. Intento mezclar animación por ordenador con animación hecha cuadro a cuadro para poder usarlas. Me gusta tanto como hacer cómics.

¿Te gustaría profundizar en el campo de la animación?
Si, claro, de hecho es mi nuevo proyecto. Acabo de montar una productora de animación junto a varios amigos. La idea es mover proyectos de envergadura para poder vender a las televisiones locales y extranjeras. Además, estoy preparando un nuevo corto de animación para presentar a subvenciones y para hacer en 35 mm durante el próximo año.

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, es autor ocasional de historietas (las últimas incursiones, en El Manglar y Dos Veces Breve, y Dolmen Editorial acaba de anunciar que en 2009 le publicará un volumen de historias cortas titulado Te hiero), y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. Entrevista realizada en 2004. Página creada en mayo de 2009.