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Entrevista a Alfonso Zapico

Por Borja Crespo (*)

 

Portada de 'Dublinés' (Astiberri)

Alfonso Zapico (Blimea, Asturias, 1981) es el flamante ganador de último Premio Nacional de Cómic de la mano de Dublinés, una biografía dedicada a James Joyce. Se dio a conocer con una obra compleja, Café Budapest, sobre el conflicto judeo-palestino, publicada en nuestro mercado por Astiberri, editorial que ha apostado desde el principio por el talento de este dibujante que no esconde su atracción por la escuela franco-belga. Afincado en Angouleme (Francia), la capital del cómic europeo, amparado por la célebre Maison de los auteurs, fue Premio al Autor Revelación en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona de 2010 por La guerra del profesor Bertenev (Dolmen). La literatura es una de las principales fuentes de inspiración de este artista admirador de Tolstoi, Gorki, Dostoievski, Zola, Victor Hugo, Dickens, Poe, Melville…

¿Te sorprendiste mucho al llevarte el premio?
Tanta sorpresa que después de hablar por teléfono con el tipo del Ministerio de Cultura me fui corriendo a buscar un ordenador para consultar el B.O.E. porque no terminaba de creérmelo; al final apareció antes en El País que en el B.O.E.

No es el primer galardón que consigues por tu trabajo...
Todos los que me he llevado han sido muy inesperados: el primero me lo dieron en Francia hace años, no entendí nada y me aplaudí a mí mismo hasta que me empujaron al escenario; cuando me dieron el de Barcelona hice un discurso patético... Dale una sorpresa a un tímido, aunque sea un premio, y le arruinarás el día.

¿Ha cambiado algo tu día a día tras el galardón?
Bueno, estas semanas anteriores fueron bastante caóticas: mucha gente me escribió felicitándome y quise contestar a todo el mundo. Cuando terminaba de escribir todos los mails aparecían más mails en mi bandeja de entrada, y entre medias, entrevistas telefónicas y viajes. Yo trabajaba muy tranquilo todas las mañanas, en mi pequeña mesa, con mi portátil, y todo esto me ha desbordado.

¿Cómo fue el proceso de documentación para preparar Dublinés?
Fue muy arduo, más complicado que la propia realización. Fue como construir el escenario de una película de época: necesito tal o cual localización, necesito vestuario, necesito un coche de época, saber qué periódico se leía en tal año... Pero fue una documentación necesaria para -al igual que pasa con el cine- lograr meter al lector en aquel pequeño universo de la vieja Europa de principios del siglo XX.

¿Cuánto tiempo te llevó culminar la obra?
Fue un trabajo de casi tres años, con muchos altibajos: lo peor es el comienzo, como con casi todos los libros, e imagino que como le pasará a todos los autores. Pero cuando ya todo está encarrilado, cuando el estilo está definido, compruebo dejando atrás páginas que la narrativa funciona y lo que estamos contando se entiende, al final el proceso se acelera mucho.

Le has añadido un buen complemento con la aparición de La ruta Joyce.
Con La ruta Joyce hemos aprovechado todo el tiempo y el trabajo empleados en Dublinés. Este libro es un poco de todo, una trastienda de la biografía de Joyce. Habla del proceso creativo, de Europa, de viajes, de literatura, de arte, de política, de la vida en general. Lo bueno que tiene es que si te lees el primero y te gusta, disfrutarás del segundo, y si no, lo puedes atacar en solitario.

¿Te interesan especialmente las biografías?
No necesariamente, pero me interesan los "mensajes". Es evidente que Joyce tenía un mensaje universal y atemporal que era muy interesante recuperar hoy para compartir con los lectores: la rabiosa reivindicación del ser humano común que canta y celebra la vida frente a las adversidades. Quizá ahora más que nunca, este mensaje sea un asidero al que agarrarse en esta Europa que se desploma.

 
"Mi pequeño universo, mis personajes y mis historias vienen sobre todo de los escritores clásicos rusos"

De momento en tu obra hay una clara inspiración literaria.
Claro, los autores nos retratamos pronto y dejamos ver nuestras fuentes de inspiración: David Rubín, por ejemplo, leyó mucho a Kirby cuando era un niño y por eso ahora se ha convertido en una especie de fiera indomable que modela a su antojo las secuencias narrativas y dirige la acción como si estuviera dibujando desde una grúa de cine. Yo engullí mucha literatura, y mi pequeño universo, mis personajes y mis historias vienen sobre todo de los escritores clásicos rusos -no del modernista Joyce, paradójicamente-.

Si tuvieses que citar nombres de autores de referencia, de cualquier disciplina, ¿con cuáles te quedas?
Me quedo con Pushkin, Chéjov y Camus; si puedo dibujar con Nacho Vegas o Erik Satie soy feliz, y si hablamos de cómic, cito a Gallardo y su irreductible sentido del humor, a Martín Romero y Álvaro Ortiz, de los que he aprendido tantas cosas, a Eddie Campbell, que con su Alec me tiró del sillón y me pateó, y a un autor que conocí hace poco, y que me fascina: Tony Millionnaire y su Maakies.

¿En qué nuevos caminos andas trabajando?
A principios de año empecé lo que mi amigo Alvaro Ortiz, también dibujante, había llamado "otra historia de obreros y señores con bigote tomando café". Tenía como escenario la revuelta minera de 1934 en Asturias, pero la violenta huelga de este verano me tocó mucho y la paré. Ahora la he vuelto a coger, espoleado por el Premio Nacional, aunque me cuesta mucho esfuerzo dibujarla; con esta historia tengo la sensación de arrancar un cadáver de su tumba para exhibirlo ante una gente que asiste ahora mismo a su propia agonía, y estoy hablando de los valles mineros de Asturias.

Vives actualmente en Francia. ¿Cómo es la vida allí para un artista?
En Angoulême, muy productiva, gracias al horario francés, el ritmo de vida continental y el clima. Hay gente que echa pestes de esta ciudad y cree que sólo está habitada los cuatro días del Festival de la BD, pero ignoran todas las posibilidades que ofrece el resto del año. Bohemia aparte, da gusto ver cómo los franceses invierten tanto dinero en cultura porque conocen bien el sentido de "rentabilidad social". Además, la cultura no se crea ni se destruye con los cambios de gobierno. Es cierto que los franceses juegan muy mal al fútbol, pero cuatro cosas quizá podríamos aprender de ellos.

¿Puedes contarnos cómo funciona la Casa de los Autores?
Es como un semillero empresarial para jóvenes emprendedores, pero habitado por ilustradores, historietistas, guionistas de cómic o creadores de dibujos animados. El objetivo esencial de la Casa de los Autores no es el proyecto individual de cada uno, sino juntarlos a todos, darles la oportunidad de que se mezclen de que aprendan unos de otros, de que tomen café juntos e intercambien puntos de vista, y ver qué pasa cuando esto ocurre. Mi sensación personal es la de una explosión creativa controlada. ¡Una experiencia fantástica!

 
"La beca de Alhóndiga Bilbao es única en España, muy reconocida en Francia y debería tener continuidad"

Conoces la Beca Alhondigakomik.
De hecho conozco a todos los autores que han recibido la beca de la Alhóndiga Bilbao, porque llegué a Angoulême en 2009. Allí me encontré con Clara-Tanit y Lola Lorente, que inauguraron esta iniciativa pionera que curso tras curso, ha desbordado las expectativas de los propios autores. Esta beca es única en España, muy reconocida en Francia, y debería tener continuidad porque si no, todo el trabajo anterior quedará incompleto. Creo que ni siquiera los responsables de la Alhóndiga son conscientes de la trascendencia -a nivel cultural- de la oportunidad que ofrecen a los jóvenes creadores en aquella pequeña ciudad del sudoeste francés.

Pues se la han cargado, incomprensiblemente, en fin… ¿Publicar en Francia es la panacea?
No, hay mucha mitología en torno a lo de publicar en Francia. Es cierto que el francés es un mercado editorial muy grande, con casas de edición que lanzan muchas novedades cada mes, pero da la impresión de que los autores franceses viven todos en castillos tipo Moulinsart y se pasan la vida dibujando por la mañana y jugando a la petanca por las tardes. En Francia, como en España, mandan las matemáticas: publicamos tanto, vendemos tanto, cobrarás tanto. Francia tiene más lectores y más posibilidades, pero España está cambiando, está creciendo, está abriéndose a nuevas editoriales, nuevos autores, nuevas historias. Y tampoco entiendo la obsesión por vivir exclusivamente de dibujar cómics, cuando aquí en Francia todos los autores que conozco trabajan también en ilustración y publicidad.

Diferencias entre Angouleme y Barcelona, si hablamos de salones.
En Barcelona el Saló está en un recinto, y en Angoulême se dispersa por toda la ciudad. Aquí estoy más a gusto, porque si quiero ver la exposición, bajo dando un paseo a la orilla del río. Si quiero ver las editoriales independientes, voy a la pequeña carpa del parque, y si no me importa hacer cola durante cuatro horas para llevarme una firma de Loisel voy a la carpa grande de las editoriales comerciales. El de Angoulême es un festival más paseable, más disfrutable, porque además los visitantes tienen la oportunidad de descubrir la ciudad, que es preciosa. Lástima de clima. Barcelona es el festival más importante de España, pero quizá está demasiado concentrado geográficamente, con todo lo bueno y malo que eso conlleva.

¿Cómo vives el contacto con tus seguidores en este tipo de eventos en torno a la historieta?
Bueno, los festivales son diferentes unos de otros, aunque no conozco muchos y tampoco soy una celebrity. Getxo me gusta porque es muy casero, muy de andar por casa, la gente no viene con el tiempo justo ni agobiada por horarios, como en Madrid o Barcelona. Vienen a disfrutar, a ver las exposiciones, a comprar algún cómic... Los bilbaínos además sois muy habladores, muy cálidos; vosotros no lo sabéis, claro, porque estáis siempre hablando entre vosotros. Pero yo, como tímido vecino del noroeste que soy, lo percibo.

Vivimos un momento complicado culturalmente hablando pero en el terreno de la historieta no paran de surgir autores y editoriales.
Soy muy optimista, siempre digo lo mismo: es verdad que hay una crisis global, y una crisis editorial. Pero a pesar de todo, nacen nuevas editoriales independientes, que publican obras de nuevos autores; se ha llegado a un punto donde la diversidad de autores, estilos, historias y modelos de edición nunca había sido más rica ni esperanzadora, a mi juicio. ¿Y a dónde nos lleva esto? A crecer en lectores, en ventas, en presencia en medios, eventos culturales, consideración social... ¿Se puede ser otra cosa que optimista cuando hablamos hoy de cómic español?

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo. También ha escrito los dos libros de microrelatos ilustrados Cortocuentos con dibujo de Chema García y varios autores (Astiberri, 2009 y 2012). Puedes seguirle en su blog y en Twitter, y leer otras entrevistas suyas publicadas en esta web.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. Publicada originalmente el sábado 17 de noviembre de 2012 en el suplemento Territorios del diario El Correo, con la extensión muy recortada (aproximadamente a la mitad) por razones de espacio. La entrevista se realizó unos días antes de conocerse la cancelación de la beca AlhóndigaKomik (+). Página creada en noviembre de 2012.