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Entrevista a José Luis Munuera

Por Enrique Bonet (*)

 

Portada de 'Les Potamoks' #1 (Delcourt)

Mientras los demás nos dedicábamos a quejarnos del mercado y a despotricar de los editores y del público que no nos lee, José Luis Munuera decidió no darse por aludido, encerrarse a trabajar y buscarse la vida. Con una fe ciega en sus posibilidades, y en las posibilidades de la historieta, este oriundo de Lorca (Murcia), ya tiene a sus 24 años dos albumes publicados en Francia. Estudió Bellas Artes en Granada, encontró novia y un apartamento que le gusta y ahora no hay quien lo eche de aquí. Trabaja para la joven editorial Delcourt. Con guión del también dibujante Joan Sfar, publica actualmente la serie Los Potamoks. Ahora mismo ultima el tercer album de la serie y le da vueltas a nuevos proyectos. Una carrera incipiente pero que aún tiene mucho que decir.

Lo primero que sorprende es conocer a un autor que sólo tiene 24 años y que lo primero que publica profesionalmente es nada menos que un álbum en Francia...
Fue una cuestión de mucha suerte. Mi intención, como la de cualquier hijo de vecino, era la de meter la cabeza en cualquier editorial española. Pero cuando me presenté en Barcelona visitando editoriales con la carpeta bajo el brazo, todos intentaron convencerme -supongo que para largarme amablemente a otra parte- de que mi estilo era muy francés. Así que yo me lo creí y me planté en el Salón de Angouleme del año 95, en el que, gracias a la mediación del dibujante Pablo Velarde, pude contactar con la que ahora es mi editorial, Delcourt.

En ese Salón surgió también la posibilidad de una miniserie con Glénat España que no pudo realizarse...
Pues sí, allí estaba Joan Navarro, al que llevaba tiempo dándole la coña. Supongo que para librarse de mi, me puso en contacto con Ramón de España para trabajar en una serie de cuatro comics-books. Era un proyecto que prometía mucho: una historia apocalítico-futurista basada en el Niebla de Unamuno. Llegué a realizar alguna página pero se cruzó por medio el contrato con Delcourt y no pude seguir con ella.

Explícanos cómo te planteaste tu visita a Angouleme, qué material llevabas y qué pasos seguiste hasta conseguir el trabajo.
Por entonces yo cursaba quinto de Bellas Artes y tenía muy claro que tenía que intentar el salto a las editoriales de tebeos para no morirme de hambre. Así que preparé una carpeta que consistía, básicamente, en las 24 páginas del Charles Norton, un comic-book que se editó a través de "Ediciones Lunáticas" (un fracasado intento de la Universidad de Granada para editar a autores de por aquí). También preparé unas cuantas ilustraciones a color con temática más fantástica y futurista, pensando expresamente en el mercado francés. El comic book no les interesó para nada -sólo para saber que era capaz de contar una historia en viñetas, y nada más- pero las ilustraciones sí parece ser que gustaron bastante. El editor me puso en contacto directamente con mi actual guionista, Joan Sfar, que casualmente tenía un guión aprobado a la espera de dibujante. Tras eso, tuve que hacer muchas pruebas, repetir varias páginas, hacer estudios de personajes, y dar mucho la coña hasta que finalmente el editor, derrotado ante los paquetes que le llegaban cada semana, no tuvo más remedio que hacerme el contrato de la serie.

¿Qué consideras más importante para conseguir publicar en Francia? Aparte de un nivel de dibujo bastante alto, en tu caso, parece que la perseverancia ha sido fundamental...
Lo primero: estoy convencido de que a un dibujante español -al menos, a mí me ha ocurrido- se le exige mucho más para empezar a publicar que a un francés. Y más que la perseverancia, yo creo que lo más importante es el conocimiento del mercado al que te diriges, conocer las reglas y los gustos de ese mercado, algo que, desde luego, a mi me faltaba. Curiosamente, parece ser que yo estaba destinado a ese mercado sin yo saberlo, es decir, que mi estilo era "francés" sin buscarlo premeditadamente. Pero claro, es que los autores a los que yo reverencio son casi todos franceses, y el album es el formato que yo he consumido y he mamado desde siempre. Y eso debe notarse, digo yo.

Me parece que hay tres autores fundamentales que te influyen notablemente: Giraud, Uderzo y Otomo. ¡Una mezcla explosiva!
Sobre todo, Giraud, mucho más que Moebius, por supuesto. Cualquier página de Blueberry es sencillamente prodigiosa. ?Claro que intento dibujar como Giraud! Eso es algo que debería intentar cualquiera. Lo de Uderzo es mucho más inconsciente, pero está claro que siempre he sido un fanático suyo (?la colección completa de Asterix fue lo primero que cayó cuando cobré!). Otomo fue un gran descubrimiento que hice en Barcelona cuando todavía no se había editado en España el Akira. Tenía quince años y quedé absolutamente flipado: ?un tebeo japonés que no parecía Heidi! De Otomo me gusta sobre todo su narrativa, su dinamismo. Es increíble que alguien sea capaz de hacer un tebeo tan interesante sin contar nada.

¿Te interesa el manga, lo sigues habitualmente?
Lo que llega a España me interesa muy poco, aunque estoy seguro de que existen cosas muy interesantes que ni siquiera conocemos. También tengo que señalar que, aparte de Otomo, me gusta muchísimo Miyazaki, el de Porco Roso. La película me parece brutal, un cruce acojonante del Corto Maltés e Indiana Jones, mezclado con un gorrino.

Lo de los cerdos parece una constante en tus dibujos...
¡Soy oriundo de Lorca, y ya se sabe el dicho: "lorquino, peste a gorrino"! Está feo que lo diga, pero sí, me he criado entre cerdos. De forma totalmente accidental, siempre he dibujado gorrinillos, y curiosamente, ahora me encuentro dibujando una serie para Francia protagonizada por cerdos gigantes.

Háblanos de tu serie, Los Potamoks.
Ante todo, es un tebeo de aventuras sin ningún tipo de pretensiones: diversión y evasión pura y dura. La excusa argumental parte de la suposición de uno de los personajes, un científico, de que, al igual que el mono evolucionó hacia el hombre, pueden existir otras especies evolucionadas a partir de otros animales, y organiza una expedición en su busca. Lo que encuentra son los Potamoks, unos gigantescos bicharracos con aspecto de cerdo, y a partir de ahí se desarrolla una aventura con multitud de personajes y una acción lo más trepidante posible.

¿Va dirigida a algún tipo de público particular?
No está pensada para nadie en particular, si acaso, a un público que se parezca a los autores, tanto a Joan como a mi: gente de unos veinticinco años, con nuestras referencias culturales. En Los Potamoks estamos haciendo referencia continuamente a las películas de serie B, a ese cine "desechable" y de pura evasión que nos gustaban tanto desde pequeños (Jasón y los Argonautas, y en general todo el cine de Harrihausen). En realidad eso es lo único que pretendemos hacer; no es un comic de altos vuelos, sino una especie de "spaguetti", un pastiche mezcla de muchos géneros. El humor también es muy importante, aunque una cierta tendencia hacia el "gore". Esa es la fórmula: aventuras, mucho humor y un poquito de gore.

 
"Lo que más me preocupa es la narración (...) que funcione de forma automática."

¿A qué das más importancia a la hora de plantearte tu trabajo como dibujante en cada página?
En principio, lo que más me preocupa es la narración, que se entienda perfectamente lo que queremos contar y que funcione de forma automática como si de un supositorio se tratara. Aparte de eso me preocupa mucho que el dibujo tenga calidad desde un punto de vista ortodoxo, si queremos llamarlo así, y que sea bastante espectacular. No busco pretendidamente un dibujo realista, entre otras cosas porque no tengo un estilo definido; quizá lo único que puede distinguir mi estilo es el elemento humorístico del dibujo.

Sin embargo, el tercer álbum, en el que trabajas ahora mismo, presenta una evolución bastante clara hacia un dibujo más realista, o al menos, más elaborado...
Es cierto, pero tampoco puedo explicar por qué. Nunca reflexiono teóricamente sobre lo que dibujo. Simplemente quiero disfrutar del trabajo que hago. Creo que voy evolucionando de una forma natural, no premeditada, para no aburrirme y no hacer siempre lo mismo. Me interesa hacer el trabajo lo mejor posible, y eso, de momento, me ha llevado al realismo como me podía haber llevado a otro lado. Con los dos primeros albumes ya había conseguido la gran ilusión de publicar en Francia, y con el tercero lo que pretendo es consolidarme un poco más como profesional.

 
"Para mi el color es un trámite para poder dar por acabada una página, pero con lo que yo disfruto es con el dibujo y con el entintado"

Coméntanos tus penas con el color.
Está claro que en Francia el color es una imposición editorial básica: es mucho más difícil publicar en blanco y negro que en color. Particularmente, nunca me había considerado un colorista. Hasta llegar a Francia, siempre había trabajado en blanco y negro; para mi el color es un trámite que debo quitarme de encima para poder dar por acabada una página, pero con lo que yo disfruto es con el dibujo y con el entintado, básicamente.
     El primer album se hizo en color directo, y el segundo en prueba de azul. Creo que para nuestro trabajo es más adecuada la prueba de azul, porque con el color directo se perdía mucho el dibujo y la fuerza de la línea.

Hablando de nuevo de la editorial para la que trabajas, ¿no crees que Delcourt pretende crear productos un tanto híbridos entre el comic europeo tradicional y la fiebre del manga o del comic book americano?
Tradicionalmente el mercado francés es tremendamente cerrado; hay cuatro grandes éxitos editoriales, cuatro grandes figuras, y un montón de copias malas de esas figuras. Son muy cerrados de mollera. Y Delcourt lo que pretende es hacer comic de gran espectáculo, y para conseguirlo, no le importa ofrecer productos con influencias de cualquier sitio. Pero por supuesto son obras indiscutiblemente francesas y hechas al gusto francés. No hay nada que pueda confundirse con un manga o un comic americano de superheroes. Ellos tienen muy claro cuál es su mercado y su forma de hacer las cosas, y tú, o te adaptas o no publicas. A mí me costó trabajo al principio adaptarme a su sentido de la narración, con muchos planos generales, cuidando mucho los detalles de cada viñeta, con muchas viñetas por página, etc.

En el Salón de Angouleme del 96 se presentó tu primer album y te hinchaste de firmar ejemplares. ¿Qué impresiones te causó el contacto directo con el público francés?
Angouleme es un Salón mastodóntico, y el público es mucho más heterogéneo que el que te encuentras en Barcelona, por ejemplo, donde abundan fundamentalmente los adolescentes. En Francia la BD es un género cultural más, y la gente se compra tebeos como se compra un libro o se mete en el cine. Concretamente, Los Potamoks lo compraban sobre todo gente entre veintipico y treinta y pico años, más que adolescentes o niños.

¿Cuál es tu ritmo de producción y cómo te planificas el trabajo con un guionista a distancia?
Mi ritmo es, dentro de lo que es el mercado francés, bastante rápido. Los dibujantes franceses son bastante lentos, entre otras cosas porque le echan mucho cuento al asunto. Aquí parece que tenemos más hambre y será por eso que trabajamos más rápido. Creo que puedo producir un par de albumes al año, lo cual creo que está bastante bien, siempre que el editor sea capaz de asumirlo.
Mi relación con el guionista es muy buena. Aunque en lo personal somos muy diferentes, hay muy buen rollo entre ambos, porque culturalmente tenemos muchas cosas en común. Tenemos referencias muy similares, a los dos nos gustan las mismas cosas, y sobre todo tenemos un humor muy parecido. Yo me divierto mucho leyendo el guión y creo que a él le pasa lo mismo con mis dibujos. Suele mandarme los diálogos y un story board muy esquemático, a partir del cual yo trabajo introduciendo los cambios que me da la gana, con libertad total. Aunque yo mismo me autoimpongo respetar al máximo los diálogos y no cambiar ni una línea. Pero en cuanto a distribución de viñetas, al montaje de las páginas, a la división de las escenas y las secuencias, hago lo que quiero con total tranquilidad. La verdad es que no tenemos un método de trabajo: vamos discutiendo la historia sobre la marcha, y una vez que empiezo a dibujar, el guión puede cambiar radicalmente introduciendo giros no previstos al principio. De hecho la serie ha cambiado radicalmente el argumento de lo que era la sinopsis inicial que aprobó el editor.

¿Cómo se documenta uno para dibujar una serie fantástica como Los Potamoks?
La verdad es que me documento muy poquito. Todo es un poco accidental. Voy aprovechando todo aquello que cae en mis manos sin ningún tipo de prejuicios, pero no busco documentación de forma sistemática ni la reuno antes de empezar a dibujar. Sí te digo que, a título de ambición personal, me gustaría hacer algún día algo muy documentado: un western, por ejemplo, algo que gráficamente me exija mucho rigor. Dibujar género fantástico es siempre más fácil que hacer una historieta ambientada en un período histórico concreto. En el fantástico puedes dibujar lo que te la gana.

Tú trabajas desde Granada, pero ¿consideras necesario o importante vivir en Francia para trabajar en esto?
Para nada. Con un fax y un teléfono lo tienes todo resuelto. De hecho, la mayoría de dibujantes franceses viven retirados en provincias y no necesitan para nada vivir en París. Lo que sí es cierto es que en Francia hay muchas más oportunidades para un dibujante, y que es un trabajo mucho más valorado y reconocido que aquí. En España, cuando haces un dibujo, lo normal es que intenten no pagártelo o pagártelo muy por debajo de su precio. Allí, a los dibujantes se les paga y todo...

Pero hace mucho que venimos escuchando que el mercado francés también está en crisis...
El mercado siempre está en crisis, pero la BD nunca deja de producirse. Lo que me da la impresión es que la producción ha tocado techo y que se ha saturado el mercado; se publican muchos títulos, pero las ventas individuales no son demasiado grandes. Salvo los grandes bestsellers, el nivel de ventas individual es menor que antes. Pero está claro que se siguen publicando muchos títulos, con un volumen de novedades impensable en España.

Sin embargo, resulta curioso que teniendo un público tan amplio y medianamente "culto", la industria sea tan cerrada y no sea capaz de asumir propuestas más arriesgadas.
Sí, pero es que en Francia, como en cualquier otro lado, el tipo de público capaz de tragarse cosas distintas sigue siendo minoritario. Ellos tienen un esquema que funciona y los editores no quieren salirse de ahí. Aún así, la mayoría de la BD francesa tiene un componente adulto -y no me refiero al sexo- que no se encuentra en otros sitios. Son obras que pueden ser disfrutadas a cualquier edad. Gráficamente sí son bastante conservadores. El público siempre quiere más de lo mismo, y los editores, cuya obligación es cuidar las ventas, le dan al público lo que pide. Es muy difícil que un autor español, por ejemplo, publique en Francia algo que no se adapte a lo que ya lleva tantas décadas funcionando.

¿Hay alguna posibilidad de ver Los Potamoks publicados en España?
Creo que no. Ahora mismo, el catálogo de Delcourt está siendo publicado por Planeta, pero sólo aquellas obras que han sido verdaderos éxitos en Francia. Lo nuestro de momento no pasa de unas ventas normales. ¡A lo mejor cuando lleve 45 albumes publicados y sea rico me lo edito yo mismo!

¿Te preocupa que el público español no conozca tu trabajo?
La verdad es que me da igual, porque yo tampoco conozco a todo el público español. Los diez o doce aficionados que conozco han visto el album, y el resto no me preocupa demasiado. Lo importante es que trabajo en lo que quiero, que es dibujar tebeos.

¿Hay influencias en tu trabajo de otros medios ajenos a la historieta?
Es un tópico decirlo, pero claro, el cine me gusta mucho, como a cualquier dibujante, creo yo. Aunque si tuviera que elgir entre hacer películas o dibujar tebeos, creo que ahora me quedaría con lo último. Me parece que dibujando se gastan muchas menos energías y que se puede conseguir lo mismo, o más, que haciendo una película. Soy muy heterogéneo en mis gustos...Voy a quedar fatal, voy a reconocerlo, pero a mí me gusta el cine de Spielberg, de James Cameron, de Sergio Leone...creo que sus historias tienen mucho que ver con lo que yo hago. Y sí, el cine influye en mi trabajo. Sobre todo a la hora de diseñar escenarios, encuadres y decorados, siempre intento imaginarlos representados en una película, en una imagen de cine. ¡Y nada de que el comic sea el pariente pobre del cine, como se dice! ¡Que comprarte un tebeo en tapa dura vale las 2000 pelas, y por 500 entras al cine o te alquilas un video!

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(*) Enrique Bonet (Málaga, 1966) fue una de las firmas habituales de la revista U, el hijo de Urich, y es también autor de historietas, casi siempre humorísticas. En 2009 ha publicado el álbum El juego de la luna, realizado junto a José Luis Munuera.

Texto de Enrique Bonet, cedido para Guía del cómic. Publicado originalmente en U, el hijo de Urich #3 (Camaleón Ediciones, abril de 1997). Página creada en marzo de 2010.