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Entrevista: Jaime Martín

Por Juan Manuel Anguas "Angux" (*)

 

Portada de 'Sangre de Barrio' (Norma Editorial)

Sangre de barrio es uno de los trabajos más destacados de la bibliografía de Jaime Martín, publicado originalmente en tres partes a lo largo de una década y media, entre finales de los ochenta y los primeros años del siglo XXI. A una primera parte directamente en álbum, que le valió el Premio al Autor Revelación en el Salón del Cómic de Barcelona de 1990, le siguieron dos continuaciones aparecidas por entregas en la revista El Víbora y sus respectivas recopilaciones en libro, siempre por Ediciones La Cúpula. A la espera de la próxima aparición en Francia de Guerres Silencieuses, el nuevo cómic de Jaime Martín para Dupuis, Norma Editorial ha decidido recuperar Sangre de Barrio y publicar en España una edición integral con la obra completa. Un buen motivo para conversar con el autor sobre uno de sus cómics más emblemáticos, ambientado en la Barcelona de los años ochenta.

Se estrena la nueva edición de Sangre de barrio mientras trabajas en una historia en la que nos hablarás de la vida de tus padres. Dos obras que por distintas razones te hacen bucear en tus recuerdos. ¿Cómo llevas esto de escarbar en tu memoria?
En gran parte de mis historias recurro a vivencias personales o de amigos y conocidos. Escarbo en la memoria, pero no la transcribo, uso lo que me conviene. No me atrae la idea de desnudarme ante los demás (ni creo que pueda interesar a nadie) pero sí me parece enriquecedor recuperar fragmentos personales y componer algo diferente con ellos.

En Sangre de barrio nos cuentas las andanzas de un grupo de jóvenes marginales (o marginados) en los primeros años de la década de los ochenta en Barcelona. ¿Cuánto ha cambiado esa Barcelona?
Daría para hacer toda una tesis. Yo me movía entre Hospitalet y Barcelona. Cuando era niño, en los setenta, todo era bastante feo y gris. De adolescente, en los ochenta, la cochambre ya no era tan patente. Seguíamos siendo pobres y había paro, sin embargo, el estallido de libertad de aquellos años hizo que tuviéramos la sensación de que todo era posible. De todas formas, entre los colegas siempre tuvimos la impresión de que en Barcelona había mucho pijerío y poco Rock and Roll (con honrosas excepciones). Por lo menos nos quedaba la movida rockera de Madrid y, más tarde, lo que se llamó el Rock Radical Vasco, con Barricada a la cabeza.
     Actualmente Barcelona es sobre todo una ciudad para turistas, un inmenso centro comercial. De hecho, la promocionan como una ciudad para ir de compras. Desde luego que han mejorado las cosas, pero generalmente movidas por un afán especulativo. Cuando no es así, parece que como a la fuerza y de mala gana.

 
"Entrar en el Escuela Joso, como profesor de color, fue un revulsivo. Hizo que fuese muy estricto con mi trabajo."

En el mismo sentido, Jaime Martín como autor, ¿Cuánto ha cambiado desde aquellas páginas? ¿Qué queda del joven autor que hacía paginas para la revista El Víbora?
Empecé a publicar profesionalmente a los 21 años y ya no paré de trabajar. Ésto, que a priori está muy bien, hizo que tuviese algunas carencias. Aprendía a salto de mata, sin demasiado tiempo para profundizar en anatomía, perspectiva, etc. Lo bueno es que me familiaricé con el medio desde muy joven y eso me ha permitido manejar sus códigos con cierta soltura. Conocer mis carencias me hizo, por ejemplo, trabajar más la narrativa para compensar el déficit en el dibujo. Cuando hice Sangre de barrio vivía con mi familia (éramos cinco) en un micropiso de 38 metros cuadrados. Compartía una pequeña habitación con mis hermanos. Allí dibujaba yo. Cuando el pequeño se iba a dormir, desmontaba mi mesa para desplegar su cama.
     Todo ha cambiado para mejor. Me independicé muy pronto y pude trabajar en condiciones. Ediciones La Cúpula me financió en el año 94, aproximadamente, un equipo informático que valía una barbaridad (en aquella época un escáner costaba, al cambio, 900 euros). Incorporé la informática a mi trabajo de forma inmediata y me adentré en otras áreas del grafismo. Seguía aprendiendo sobre la marcha, porque nunca dejé de publicar regularmente, pero ya disponía de un espacio de trabajo.
Entrar en la Escuela Joso, como profesor de color, fue un revulsivo. El hecho de corregir el trabajo de los alumnos hizo que fuese muy estricto con el mío, una dura autocrítica me hizo mejor dibujante. Era más una cuestión moral que artística. Esta mayor exigencia hacia mi trabajo ha hecho que me tome los tiempos de entrega con más calma. Intento trabajar despacio… y funciona, pero tiene que haber un apoyo económico detrás. Sin una editorial que pague un precio razonable y facilite adelantos se hace muy cuesta arriba.

Tanto en esta obra, como en otras tuyas donde prima el realismo y se roza lo costumbrista, la documentación tiene un peso importante al situarse la historia en escenarios reales ¿Cómo trabajas en este sentido? ¿Disfrutas de este trabajo previo o es algo que detestas?
Preparar la documentación es la parte que más me gusta. En los ochenta-noventa iba haciendo fotos con una cámara réflex todo el tiempo. Hay una escena en Sangre de barrio donde Vicen, montado en una moto robada, es perseguido por un coche. La carrera arranca en las piscinas municipales de Hospitalet y termina en la montaña de Montjuïc, en Barcelona. Recuerdo que cogí el coche de mi padre y conduje por el mismo trayecto de aquella escena, mientras mi compañera iba disparando las fotos cuando le indicaba.
     También empecé un archivo gráfico, como tenían todos los dibujantes, con recortes de todo tipo, bien clasificados: coches, trenes, ciudades, ropa... Estaban llenos de fragmentos polvorientos de revistas y periódicos. Una pesadilla de la que me deshice cuando el acceso a internet se hizo asequible. Ahora resulta muy cómodo trabajar con documentación en 3D. He tenido que dibujar unos vehículos de la Segunda Guerra Mundial, de los que disponía de poca información. Por suerte encontré un modelo tridimensional en internet y eso me ha permitido trabajar con más realismo. Los pongo en la posición que necesito, les hago una captura de pantalla y los dibujo, adaptándolos a mi estilo. Un día hablaba con un dibujante de superhéroes y me decía que a ellos les había salvado la vida los mapas de Google Earth en 3D, y no me extraña. Imagina dibujar una viñeta tras otra a Spiderman sobrevolando la ciudad de Nueva York. Empieza a buscar fotos aéreas, a tirar líneas de fuga, a trazar perspectivas… Para volverse loco.
     La documentación escrita es muy interesante porque entras en ella con unos márgenes de lo que quieres hacer más bien estrechos y sales con todo un abanico de posibilidades. Recuerdo que con Lo que el viento trae, sólo de leer datos geográficos de la zona, las posibilidades se disparaban. Surgían todo tipo de posibilidades de ampliar la narración.

Sangre de barrio es tu primera historia larga. Cuando en el mercado español funcionaban de alguna forma las revistas, tú decides que es buen momento para idear una historia de mayor extensión ¿Qué te llevó a este pensamiento?
Fue Josep María Berenguer, editor de la revista El Víbora, quien lo propuso. Yo le estaba dando el tostón para dibujar mis propias historias, pero él, acertadamente, me hizo hacer un poco de rodaje dibujando algunos guiones de autores de la casa. Y me encontré trabajando con Alfredo Pons y Onliyú, entre alucinado y acojonado, porque eran dos autores a los que admiraba profundamente. Pasada aquella prueba, un día me dijo que preparase mi propia historia, lo que quisiese. Propuso una de 48 páginas para la colección "Historias completas", sin publicarse previamente en la revista. En aquel momento era una "anomalía", por llamarlo de algún modo, el publicar un álbum sin haber pasado primero por la revista. Para el autor era un ingreso menos, el de la publicación seriada, y para el editor también tenía su riesgo, pues yo era un autor desconocido que sólo había publicado tres historias cortas en la revista. Todo salió de maravilla, el álbum tuvo unas ventas estupendas y ese voto de confianza se extendió a lo largo de nuestra relación. Aquella experiencia me quitó el miedo del novato y me hizo crecer como autor.

¿Recibiste algún consejo de los magistrales autores que tenías como compañeros en las páginas de El Víbora en lo que a la historia se refiere?
Recuerdo a Onliyú garabateando en un papel, construyendo una especie de diagrama para establecer las relaciones entre personajes. También me decía, más o menos: "Apunta todo lo que se te ocurra para la historia: frases cortas, palabras, anécdotas... No importa el orden, sólo apunta, que no se olvide nada. Luego ya irás ordenando y matizando". Desde entonces trabajo así.

Desde la perspectiva del autor más maduro y experimentado ¿Cambiarías algo de la historia original?
La redibujaría entera y reescribiría gran parte, no tanto el fondo como la forma.

 
"Me interesan los marginados, los que van a contracorriente, los que se mueven en el límite de lo correcto y lo incorrecto."

Tu primera historia larga y ya se pueden observar personajes cercanos a lo marginal, un sello este, si se me permite, que ha acompañado a tus personajes, en mayor o menor medida, a lo largo de tu bibliografía. Así, tenemos al indigente de Invisible, o el médico y bolchevique ruso que desempeña su labor en una zona casi desértica y pobre de la Siberia en Lo que el viento trae o, el chaval abandonado y el caminante que ha perdido todo en Todo el polvo del camino.
Los personajes que me interesan son precisamente los atormentados, los marginados, los que van a contracorriente, los que se mueven en el límite de lo correcto y lo incorrecto. No siento mucha simpatía por los héroes, sin embargo encuentro cierta belleza en los personajes con tendencias autodestructivas.

Desde Sangre de barrio hasta hoy, hemos podido ver en Jaime Martín un dibujante más suelto gráficamente
Esa debe ser la tendencia natural con el paso de los años. No obstante, aún no me encuentro plenamente satisfecho, por lo que me gustaría pasarme unos meses dibujando al natural. Voy a llenar libretas y libretas. Desde hace un par de veranos lo voy haciendo esporádicamente y le estoy cogiendo el gusto. Estoy descubriendo nuevas formas de trabajar y redescubriendo cosas olvidadas. En cuanto acabe el álbum en el que estoy trabajando no haré otra cosa que eso.

Sangre de Barrio cuenta con su propia banda sonora. Por sus páginas pasan Burning, Juanito Piquete, Barricada, Ramoncín, La polla Record... ¿Qué importancia tiene la música para ti a la hora de trabajar una historia?
En aquellos años era fundamental. Gran parte de las ideas que luego desarrollaba me venían de escuchar a todas aquellas bandas. Cantaban las mismas cosas que yo quería transmitir con el cómic. Fue bonito porque, en alguna ocasión, las influencias se producían en las dos direcciones: Juanito Piquete y Los Mataesquiroles hicieron una canción basada en el álbum Flores sobre el asfalto. No cabía de contento. Fue una buena época en la que pude conocer a algunos músicos.

     
Portadas de la primera parte de 'Sangre de Barrio' en Historias Completas El Víbora (1989); la primera y segunda parte recopiladas en un único volumen (1998); 'El Víbora nº 271' (2002) en el que la serialización de la tercera parte (con el subtítulo "Nunca nada") se destacaba en portada; y de la posterior recopilación en libro (2005) de la tercera parte.

¿Cuál piensas que sería la banda sonora ideal para la Barcelona actual?
No sé... Dado el contexto actual de crisis, tal vez habrá que volver al rock callejero más reivindicativo. De todas formas, cuando voy al centro de la ciudad y atravieso la marabunta humana, me ajusto los auriculares de tapón y me pongo música lisérgica. Es un contraste curioso. Es como desvincularte de esa locura, pero al mismo tiempo formar parte de ella, como espectador. En fin, la música ideal es como todo: depende de cómo te levantes ese día…

¿Cuánto de biografía tiene en sus páginas Sangre de Barrio? ¿de donde surgen las ideas que luego dan forma a la historia?
Como comentaba antes, construyo las historias con fragmentos de realidad, propios o ajenos, y los uno a otros retazos de ficción. Mis amigos fueron la principal fuente de anécdotas e historias de Sangre de barrio. En la segunda parte, las historias que me contó mi compañera tuvieron más protagonismo. En la historia corta titulada "Purgatorio" me apoyé en la experiencia de mi hermano pequeño, que hizo los trabajos de objetor de conciencia en un centro penitenciario dando clases de guitarra. En la tercera parte, un buen amigo al que le gusta juntarse con lo mejorcito del barrio, me pasó mucha información sobre un tipo que controlaba varios grupos de distribución de cocaína. Como a aquel personaje le gustaban los tebeos, nos presentaron y hablamos. No pude mostrar ciertas cosas en la historia, no era cuestión de buscarme problemas, así que trastoqué hechos y personajes referentes a esa parte de la historia. Ahora creo que fui demasiado prudente, seguramente no hubiera pasado nada y el resultado hubiese sido mejor.

 
"¿Cómo iba a dibujar aventuras africanas si la selva estaba en mi ciudad y los salvajes eran mis colegas?"

Muchas personas guardan un recuerdo idílico de aquellos 80, sin embargo, para estas personas tú tebeo puede resultar como un gran bofetón en la cara, pues describes en tus páginas la cara más amarga de aquellos años: Drogas, delincuencia juvenil, marginación...
Yo tampoco guardo mal recuerdo de aquellos años, de hecho me lo pasé en grande. Lo que ocurre es que siempre me ha gustado escarbar en el feísmo, en lo escabroso. Soy bastante gruñón y supongo que eso hace que me deleite contando la cara más fea de la vida. Pero es que además lo tenía a huevo. Mis colegas eran una fuente inagotable. Uno de ellos me contó cómo en el instituto de FP donde estudiaba, le metieron fuego a la clase con el profesor dentro. El pobre hombre lloraba aterrorizado mientras aquellos salvajes jaleaban la hazaña del pirómano. ¿Cómo iba a dibujar aventuras africanas si la selva estaba en mi ciudad y los salvajes eran mis colegas?

Cuéntanos un poco de tu proceso actual a la hora de elaborar un tebeo.
Dibujar historietas cuesta mucho, te puedes parar toda la vida sentado en la mesa, dentro de tu habitación. Puede ser un panorama de lo más triste, por eso considero que lo primero y más importante es escoger una historia con la que me identifique. Una historia que la sienta como propia, pues me va a acompañar muchos meses, en ocasiones años. Imagina qué tortura estar trabajando en algo sobre lo que no sientes ninguna empatía, encerrado en tu habitación, durante todo un verano...
Cuando ya tengo tema, busco la documentación y me sumerjo todo lo que puedo: leo libros, veo películas, busco fotos... Con las ideas previas y las nuevas que surgen del proceso de documentación, escribo un resumen extenso. Luego desarrollo el guión técnico. Lo siguiente es preparar un storyboard y dibujar las páginas una a una. Primero todo el lápiz, luego la tinta y finalmente el color. Y tiene que ser así. Cuando dibujo, sólo quiero dibujar porque si no me cuesta coger el hilo de la historia. Los lápices suelo hacerlos en cuartillas pequeñas. Las escaneo y hago entintado digital en Corel Painter o Photoshop. Continúo pintando en el mismo archivo, con el mismo software. Voy mandando copias a la editorial, para que estén al día de los progresos y para cobrar algún adelanto.

En tus inicios, publicabas directamente en nuestro mercado. ¿Qué fue lo que te llevó a dar el salto al mercado europeo, además de la parte económica? ¿Tuviste que adaptar de alguna manera tu forma de narrar al mercado francés? ¿Qué diferencias encuentras entre uno y otro mercado?
Quise hacer algo diferente a lo que había dibujado hasta ese momento, romper un poco con tanto ambiente urbano... Pero quería hacer algo que se pudiese vender en otros mercados. Como me gustaba el género de terror escribí Lo que el viento trae y dibujé medio álbum. Lo presenté a tres editoriales españolas pero no les interesó mucho. Aún así, seguí dibujando más páginas y traté de venderlo en Francia. No hubo mala acogida, al menos todas me ofrecieron trabajo como dibujante, pero yo quería vender mi historia. Cuando conocí a mi agente todo fue más sencillo y vendió el proyecto en el segundo intento. No tuve que cambiar la narrativa, he trabajado como siempre. Creo que mi forma de narrar es bastante clásica y se adapta bien a su forma de entender la historieta.
     Sólo puedo hablar de mi experiencia con Dupuis, no conozco las demás editoriales. En ellos he encontrado un nivel de profesionalidad que desconocía: trato exquisito hacia el autor, total respeto por la obra propuesta, facilidades durante el proceso de creación (económicas y logísticas), control y supervisión por parte del autor en la imprenta, absoluta transparencia de los datos de distribución y ventas... Podría seguir.

Recomiéndanos un tebeo
Apuntes para una historia de guerra, de Gipi.

¿Y una banda sonora para este?
No la necesita.

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(*) Juan Manuel Anguas "Angux" (1975), es uno de los impulsores de Escoge (Escenario del Cómic de Getafe), una jornadas culturales sobre historieta que en 2012 han celebrado su segunda edición. También ha escrito varios blogs sobre cómic, como La Caraviñeta, El Hojeador o Autores en obras.

Entrevista realizada por Juan Manuel Anguas "Angux" para su publicación en Guía del Cómic. Página creada en diciembre de 2012.